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Esclusajes turbios


CANAL y Esclusas son en el Panamá de hoy, casi términos sinónimos. En estos meses, lo que toca al Canal, toca al tema de las Esclusas. Por ello, comenzamos a referirnos al Canal y al celebérrimo título constitucional sobre el mismo, aprobado por la Asamblea Nacional, hace poco más de un quinquenio. Aunque, se hizo, en forma desbocada, la propaganda de que la política y hasta se agregó que la politiquería quedaban fuera del Canal, y que éste sería inoculado contra tan bárbaros terminajos; política y politiquería.
Sin embargo, sucedió todo lo contrario, pues la Asamblea de entonces aprobó cláusulas constitucionales, en aquel Título, que reservaban el nombramiento de la Junta Directiva del Canal, es decir, de la más cruda politiquería, al Órgano Ejecutivo y a la propia Asamblea. Se siguió, la línea tradicional panameña, en cuya virtud el vandalaje estatal quedaba entronizado en el "salvador" y "salvado", próximo Canal. Otro artículo de ese alegre y célebre título reducía las funciones de la Asamblea al triste papel de amanuense de la ultrapoderosa Autoridad del Canal, limitando ese Título a que el Parlamento sólo podía dictar Leyes Generales (muy pocos juristas podrían interpretar esta frase, de contenido tan absurdo como ignoto), y de este modo atando a la Asamblea, la flamante Autoridad canalera quedaba facultada para aprobar los Reglamentos del Canal (en verdad serían las Leyes que vendrían disfrazadas de reglamentos), como si la Autoridad fuera el Juez absoluto, convirtiéndose así en una república aparte de los Poderes Ejecutivo y Legislativo nacionales.
Por si todo lo anterior fuera poco, otro infeliz artículo constitucional también vigente ordenó que la Contraloría sólo quedaba autorizada para el control y revisión económico canalero, después del año de cada período de gastos lo que se conoce en la jerga de la materia como "ni me mires ni me toques", porque hoy no sabemos si la Contraloría ha hecho las cinco revisiones económicas que debió hacer desde 2002 hasta la fecha, y de tal modo, el Canal no podría, no podrá, ni puede funcionar sin los conocidos gajes y prácticas del Estado panameño, a los cuales tan acostumbrados estamos. La conclusión experimentada, entre otros puntos, es la de que el panameño de hoy siente y sabe que el Canal no ha sido la promesa creída de que Panamá se convertiría en una tacita de oro, cuando manejara el Canal.
La garantía de este triste final está en las cláusulas del Título Constitucional, porque con él no podríamos convertirnos en un emporio económico para beneficio de nuestro pueblo. Triste destino del Canal y de Panamá que ha continuado en estos últimos cincos años con sus lacras y miserias de siempre.
Ahora que la sabia y previsora Autoridad de Canal quiere de todos modo que el país apruebe el Referéndum, ella sigue en sus treces conocidos, porque jamás ha cumplido sus promesas de que suministraría copias de todos los estudios y planes, ha gastado mil quinientos millones de dólares sobre todo en hacer propaganda en la población panameña al voto favorable de unas esclusas de las que ignoramos casi todo (costos, plan de recobro de inversión. clientela próxima de barcos, sistema de aguas etc., etc.). Porque esa Autoridad (republiquita, omnímoda y poca informativa) desea que el pueblo vote a ciegas engañado por la propaganda que después se concentrará en los votos que cuente el Tribunal Electoral, hábil despacho en desatar triquiñuelas en candidatos a legisladores, cuyos votos siempre han acompañado a los honestos votos presidenciales.
Pero ya se están formando grupos que se opondrán a este nuevo engaño fatal para con el pueblo y para lo que realmente debe hacerse con el Canal. El Frente Panamá Soberana dio una conferencia de prensa hace un par de semanas, explicando su punto de vista de que la economía del Canal debería convertirse en la economía de todo el complejo económico nacional.
Y los panameños Jorge Illueca, Fernando Manfredo y otros, acaban de publicar un folleto de análisis que propone una economía ligada al Canal y al megapuerto de Farfán y las medidas tendientes a que el Canal forme parte de la economía del país con obras que deben llevarse a cabo en tiempo ordenado y con cálculo realista y certero. Por último, hasta ahora el grupo Frenadeso ha declarado su opinión sobre el proyecto del endeudamiento en las esclusas, como un negocio dudoso, que bien podría traducirse en catástrofe económica para Panamá.
Ojalá que muchos grupos comprendan que en esta ocasión, no nos dejaremos llevar por cantos de sirena, y que defenderemos la perspectiva de un Canal que sea el pivote de la economía de Panamá, a fin de asegurar los beneficios de esa obra canalera para todo el pueblo panameño y no para grupos pequeños aliados del capital extranjero, que se llevan las ganancias y que nos dejarán en una miseria cada vez peor.

101 años de Panamá América

 
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