Escoba nueva
Cuando hay las obvias rotaciones en los puestos directivos de cualquier corporación humana, decimos: "Escoba nueva, barre bien".
Muchas cosas queremos decir con eso aún cuando no se ajuste en muchos casos a la realidad. Por diferentes motivos o porque la escoba no es tan nueva, o porque no sabe barrer el que la usa o porque no hay ni escoba, ni quien la use o porque el gobierno no es ninguna escoba ni para barrer. Las personas no se barren.
Luego de tan prolongada vigilia tras las últimas elecciones en algo hemos coincidido todos y es que el período entre la consulta popular y el acceso al poder, hay que acortarlo.
Sucede lo que tiene que suceder: cansancio de tanto esperar que arribe al poder el que ganó y en el ínterin la sensibilidad y la suspicacia se alborotan y cada gesto, cada palabra que se diga pasa por un filtro que descompone la palabra y el gesto en múltiples interpretaciones con fines los más protervos y estalla la guerra de guerrillas verbal, creando un agotamiento.
En ese período también el entusiasmo victorioso comienza a decrecer y más cuando nuestros héroes abren la boca y repiten que van a hacer y a deshacer y todo inmediatamente.
Cuando queda claro que una cosa es habilidad para la campaña política aprovechando esta u otra coyuntura favorable y otra cosa es administrar como necesita el conglomerado y no para contentar a la "barra" como si se tratara de un concurso musical.
El asunto no es cómo resulte de buena la inauguración o instalación que normalmente suelen todas estar bien preparadas, sino cómo va a ser el resto de los días de esa administración. Esto nos trae a la memoria el asunto de los matrimonios. El día de la boda, Dios mío, qué alegría, qué lujos, qué belleza, qué ritmos, pero ese no es el matrimonio. Es sólo la ceremonia, el matrimonio es el después. Los días, meses, años de luchas, aciertos y errores y de aburrimientos y de grandes alegrías. Cuando sacamos las uñas, o cuando nos sacan las uñas, en suma, cuando se nos ve el "cobre".
De todas maneras, celebramos la alternabilidad del gobierno y por primera vez en la historia, una dama. Inauguramos el gobierno del año 2000, del nuevo milenio. Y si algo debemos hacer es dar un voto de confianza a todo el equipo de gobierno y desearles que lo traten de hacer mejor que aquellos a quienes suceden, si pueden.
Muchas cosas queremos decir con eso aún cuando no se ajuste en muchos casos a la realidad. Por diferentes motivos o porque la escoba no es tan nueva, o porque no sabe barrer el que la usa o porque no hay ni escoba, ni quien la use o porque el gobierno no es ninguna escoba ni para barrer. Las personas no se barren.
Luego de tan prolongada vigilia tras las últimas elecciones en algo hemos coincidido todos y es que el período entre la consulta popular y el acceso al poder, hay que acortarlo.
Sucede lo que tiene que suceder: cansancio de tanto esperar que arribe al poder el que ganó y en el ínterin la sensibilidad y la suspicacia se alborotan y cada gesto, cada palabra que se diga pasa por un filtro que descompone la palabra y el gesto en múltiples interpretaciones con fines los más protervos y estalla la guerra de guerrillas verbal, creando un agotamiento.
En ese período también el entusiasmo victorioso comienza a decrecer y más cuando nuestros héroes abren la boca y repiten que van a hacer y a deshacer y todo inmediatamente.
Cuando queda claro que una cosa es habilidad para la campaña política aprovechando esta u otra coyuntura favorable y otra cosa es administrar como necesita el conglomerado y no para contentar a la "barra" como si se tratara de un concurso musical.
El asunto no es cómo resulte de buena la inauguración o instalación que normalmente suelen todas estar bien preparadas, sino cómo va a ser el resto de los días de esa administración. Esto nos trae a la memoria el asunto de los matrimonios. El día de la boda, Dios mío, qué alegría, qué lujos, qué belleza, qué ritmos, pero ese no es el matrimonio. Es sólo la ceremonia, el matrimonio es el después. Los días, meses, años de luchas, aciertos y errores y de aburrimientos y de grandes alegrías. Cuando sacamos las uñas, o cuando nos sacan las uñas, en suma, cuando se nos ve el "cobre".
De todas maneras, celebramos la alternabilidad del gobierno y por primera vez en la historia, una dama. Inauguramos el gobierno del año 2000, del nuevo milenio. Y si algo debemos hacer es dar un voto de confianza a todo el equipo de gobierno y desearles que lo traten de hacer mejor que aquellos a quienes suceden, si pueden.