Escrito en el pasado para el presente
La semana pasada, recordarán, escribí un artículo que intitulé: “Problemas concretos, soluciones concretas”. Como fue escrito en tiempo futurista, he decidido convertirlo en tiempo presente preservando su contenido. Veamos lo que ha resultado.
A partir del lunes 4 de mayo, todos los que habitamos esta nación: del terruño de Victoriano Lorenzo, de la Patria de Omar Torrijos, de la geografía de Arnulfo Arias, del Istmo de Justo Arosemena, del Centro del Derecho de Ricardo J. Alfaro, de la República Intelectual de Juan Materno Vásquez, de la tierra de la Bandera Gloriosa de Irving Saladino, de la del Pabellón Tricolor de Roberto Durán paseándose en los grandes cuadriláteros del mundo; la del terruño de la gente humilde y sencilla como Pelenchín Caballero y de Chemito Moreno; de la tierra poética del bardo de la Patria, Ricardo Miró, en fin -perdón por los que no menciono, léanse registrados en este proemio-, hemos amanecido con nuevos liderazgos políticos que regentarán, por los próximos cinco años de gobierno al pueblo panameño y ante lo cual deberán suministrar respuestas concretas a problemas concretos.
Atrás han quedado, una vez más, las diatribas y las contiendas de quienes nos agitamos en esta batalla electoral. Sin embargo, hacemos un llamado sincero a que, pasadas las elecciones, reine la cordura y la calma para aceptar la decisión soberana del pueblo panameño. Al final de cuentas, sin duda alguna, esto es lo verdaderamente impresionante: son los pueblos los que deciden, en el legítimo escenario o santuario de la democracia, con el ejercicio del derecho al voto, cuál es la clase política que estima debe dirigirlos y ese derecho nadie se los puede cuestionar, regatear, dubitar, subestimar, o en alguna medida menospreciar. Personalmente, en razón de ello, creo que hay cuestiones que nos hermanan por encima de las pasiones políticas: nuestras costumbres, la idiosincrasia de nuestros hombres y mujeres; la forma típica del ser nacional y el orgullo que podemos profesar ante el orbe entero de decir: “Soy panameño”.
Los juristas y los politólogos hemos invertido largas jornadas de estudio en ese tema que se llama la soberanía del pueblo, para concluir que, siempre, primero Dios, el pueblo es el gran soberano y dueños de sus propias decisiones, aun cuando, en apariencia, éstas sean las menos razonables o atinadas.
Esta nación, insisto, luego de las elecciones, no puede quedar lastimada, resentida o dividida, por esa gran decisión del pasado domingo 3 de mayo. Esto también tiene carácter y esencia democrática. La idea focal de la democracia radica en el hecho de que cada ciudadano, desde el más humilde hasta el más encumbrado, cuenta para el fortalecimiento de los planes o propósitos de toda gestión de gobierno en pro de la sociedad. Por ello, el voto depositado tiene proporciones y dimensiones de grandes medidas frente a los demás: su ponderación y valor es directamente proporcional a la grandiosidad de la dignidad humana: todos contamos.
¡Hemos concurrido a las urnas¡ ¡Saludos a todos y que el Señor bendiga a la Patria y al nuevo Presidente a quien, aunque no le di mi voto, sin duda, es el Presidente de todos!