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Escuche, Presidenta:


Acaba usted de asumir la primera magistratura de la nación panameña, ganada ampliamente y en buena lid, a pesar de las triquiñuelas electorales del hoy, gracias al pueblo y a Dios, expresidente Pérez Gonzáles, perdón, Pérez Balladares. El marco coyuntural en que este hecho ocurre, la sitúan como la primera mujer istmeña que en la transición del milenio entrará a la historia para recibir, a título de los miles de hombres y mujeres que aportaron con sudor, lágrimas, sangre y luto, su cuota de sacrificio en aras de la reivindicación de la soberanía y, por supuesto, la independencia nacional.
Sí, porque la lucha por la recuperación de nuestros recursos, empezó en el momento mismo en que el traidor Hay Bunau Varilla, hipotecó a perpetuidad nuestro país. Hechos sobresalientes sobre el particular son resaltados por las voces autorizadas de Don Justo Arosemena, Ricardo J. Alfaro, Julio Linares, Thelma King, Harmodio Arias Madrid, Diógenes De la Rosa, Bolívar Predreschi, Diógenes Arosemena, Juan Antonio Tack y Julio Yau, entre otros. Ellos develaron el manto deformador de la historia patria, llevándonos a conocer la relevancia del incidente de la Tajada de sandía, la Lucha Inquilinaria y el Movimiento Obrero de 1925. La contundente, efectiva y revolucionaria protesta estudiantil, contra el Tratado Filós Hines, que pretendía la proliferación de bases, militares, cuya propuesta ascendía a la cifra de 114. También nos ilustran, los distinguidos intelectuales, sobre el valor y el efecto del Tratado Remón-Eisenhower, cuyas consecuencias, constituyen severas limitaciones al trasiego comercial norteamericano, de mercancías provenientes de la metrópoli. Reduce los comisariatos; así como impone la necesidad del intercambio comercial con Panamá y promueve la igualdad de salarios para los trabajadores nuestros en la Zona del Canal. De la negociación de este tratado surge la conocida frase: "Ni millones ni limosna, queremos justicia".
"El Canal de Panamá, Calvario de un Pueblo", de Julio Yau, constituye un testimonio obligado no sólo de los acontecimientos históricos señalados; sino del holocausto padecido en 1964, cuando la primera potencia mundial nos agredió salvaje y ferozmente por intentar plantar una Bandera Panameña en una escuela secundaria "zoneíta". Esto en una apretada síntesis constituyen hechos que testifican cuán duro ha sido para este pueblo la recuperación de los bienes y la soberanía nacional.
Hoy ..., a dos pasos del milenio, nos encontramos expectantes, los de antes y los de ahora, porque el 31 de diciembre del año en curso, recibiremos los panameños y panameñas, por su intermedio, el más caro anhelo de múltiples y aguerridas generaciones: la posesión plena del Canal de Panamá. No obstante, Presidenta, hasta la fecha, el disfrute de los beneficios de lo que ha ido revirtiendo, no se ha traducido en bienestar para el pueblo, todo lo contrario, ha constituido el patrimonio y goce de una camarilla, totalmente ajena a las luchas pasadas y presentes de esas riquezas. En aras de la modernización, el antiguo inquilino de las Garzas, con su equipo de mercaderes, vendió casi regaladas, a propio y extraños, tierras a precios realmente simbólicos que reclaman una investigación exhaustiva de todo lo acontecido.
En algunos casos, hemos pasado a nuevos dueños transnacionales, que nos seguirán restringiendo el usufructo de lo que nos pertenece por derecho propio. Se rumora, por ejemplo, que la vieja calzada de Amador en la que nos solazamos, los que amamos el mar y la naturaleza, poseerá barreras infranqueables para los desposeídos que no se hospeden en el emporio hotelero que se construye, o como dijera Amelia Denis De Icaza, "ya no guardarán las huellas de nuestros pasos"; tampoco, el árbol que en su vera conocí, vigía sedentario, al cual me abrazaba con su protectora sombra".
Y no es que no amamos el progreso y la modernización los panameños, pero queremos y reclamamos el mayor uso colectivo de los bienes revertidos, porque costó sangre y sudor a este pueblo; por tanto es su más digno representante, su legítimo dueño, el que hasta la fecha ha sido ostensiblemente ignorado por quienes se pensaron dueños y amos de la Patria. Escuche Presidenta, éstas son nuestras reflexiones frente a uno de sus principales retos. Interprete adecuadamente la voz del pueblo, porque como usted bien lo sabe "es la voz de Dios"

101 años de Panamá América

 
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