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Escuela militar


La petición dirigida a la Autoridad de la Región Interoceánica por una asociación de ex graduados de academias militares, de que se les diera en concesión un inmueble en las áreas revertidas para instalar una supuesta escuela de cadetes ha despertado recelos en algunos y la repulsa en otros, incluyendo al ex presidente de la República Guillermo Endara, quien sin ambages sostiene que la iniciativa pretende reinstalar en el país el militarismo, en abierta contradicción a la Constitución, que prohibe que haya ejército.
La reacción de repulsa se justifica, pero sólo en parte, en la medida en que no se conozcan los programas, planes de estudio y filosofía del centro; y sirve al menos de advertencia para que las autoridades, al considerar los detalles del proyecto, se aseguren de que no se infrinja la letra ni el espíritu de la Constitución. Pero, en modo alguno, ha de rechazarse de antemano la petición, sin antes examinar a fondo esos detalles, porque la educación no está reñida con la disciplina propia de las escuelas de cadetes.
Es más, una escuela de ese tipo, bien orientada, hacia valores civiles y patrióticos, que cultive la armonía del cuerpo y el espíritu con el respeto de los principios democráticos y los valores éticos de la sociedad y el país, entre otros, vendría a llenar un vacío en la educación nacional; sobre todo para cierto perfil de alumnado, que no encaja con la oferta educativa actual, tal como existe en otras naciones de profunda raigambre democrática. Fuera de eso, la orientación del centro, además del bachillerato que permitiría continuar los estudios en cualquier universidad local y extranjera, bien podría facilitar el ingreso de sus egresados hacia la carrera policial, que tanto se necesita profesionalizar.

101 años de Panamá América

 
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