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Escuela para la recuperación del ciudadano


LA DEMOCRACIA que nos empeñamos en construir y que tiene tanto campos abiertos, es una experiencia que deberá completarse, sin embargo, con algunas correcciones fundamentales. Tal vez lo mejor de la democracia es su imperfección. Sería muy aburrido un sistema político que fuera perfecto desde su origen.
Consideramos que la mejor manera de hacer que un modelo de desarrollo político pueda crecer es anotando sus imperfecciones, de modo que al lado de las experiencias que se acumulen, se forme también la masa de conceptos críticos que la mejoren. Esa es la posibilidad de la democracia, la esencial, la apertura de un sistema político construido en torno a la libertad del hombre y la mujer, que le ofrece oportunidades de corregir los efectos, de acentuar los aciertos, de modificar continuamente el balance diario de la vida social.
A los jóvenes, mujeres y hombres de Panamá queremos expresarles que la democracia panameña puede crecer y corregir los defectos que ahora tiene; que mejorarse con nuevos conceptos y, asimismo, refrescarse con nuevas ideas. Que no sacrifiquen nunca la libertad, esa área esencial que, frente a un poder del Estado, existe también un poder ciudadano; y que se establezca un modo de comunicación permanente entre el ciudadano y el Estado que acorte las distancias, esa que a veces se vuelven abstractas y monstruosas y sitúan el poder político en una altura inmensurable y al ciudadano en un desnivel también inmensurable e imprevisible.
Crear esta relación continua, este flujo constante de comunicación entre el ciudadano y el Estado, es tarea de los municipios, de la Asamblea Nacional, de las gobernaciones provinciales y del Gobierno Nacional. Este es el gran camino del siglo XXI. Habrá que afirmar la región provincial y habrá también que afirmar los poderes locales. Habrá que afirmar las cosas pequeñas para poder defender las grandes, porque un pueblo no está hecho únicamente de lo que está arriba (en el centro del poder de la Nación), sino que está hecho primeramente de lo que está abajo, en la fuente inmediata de la comunicación y de la vida de la comunidad.
El Municipio, el Consejo Municipal es la autoridad y el organismo más cercano a la ciudad; y las ciudades son los gobiernos más próximos a los ciudadanos. Representan, por lo tanto, los niveles del gobierno que reciben de manera más directa y precisa sus inquietudes y aspiraciones. Aún más: la comunidad está identificada con la vida municipal.
La gran revolución que hay que realizar ahora en el orden institucional de Panamá es precisamente hacer que el Municipio sea una fortaleza de la relación ciudadana, y no un punto débil de las instituciones políticas del Estado. ¡Que sea más bien, una escuela para la recuperación del ciudadano!
Se ha dicho de la ciudad, que en los últimos 45 años se ha ido formando en América Latina, está concebida para agredir a los pobres, a los menos protegidos económicamente; planificada para herir a los débiles y fortalecer el abuso de los fuertes. Esta situación hay que modificarla sustancialmente para que las áreas verdes, los parques y jardines, los sistemas de cultura, las bibliotecas, los libros, la música, el arte y el bienestar social puedan llegar a todas partes y sean para el disfrute de la mayor suma posible de ciudadanos.
Las calles de la ciudad deber estar limpias en todo sentido, materialmente y desde el punto de vista de seguridad, para que el ciudadano pueda recorrerlas sin riesgo alguno para su integridad, porque la calle no es del delincuente sino del ciudadano. Además, el concepto de la seguridad ciudadana es fundamental para la ciudad y la democracia.
Durante mucho tiempo se tuvo la idea de que los planes locales no tenían vinculación con los planes de la nación. No, de ninguna manera.
El plan de la Nación tiene que estar continuamente articulado con los planes de desarrollo provincial y municipal. La vida de la ciudad, por grande o pequeña que sea, tiene que estar relacionada con todo el conjunto de tareas de la Nación.
Importa mucho tener presente este hecho, porque a veces las labores fragmentarias, en lugar de afirmar el progreso, lo destruyen, perturban y dificultan.
Es importante que los conceptos que las nuevas generaciones se formen acerca de la organización del país, sean el resultado de la experiencia que hemos acumulado, de todo lo que hemos aprendido en el ejercicio de la democracia y el disfrute de la vida plena a que tiene derecho el ciudadano.

101 años de Panamá América

 
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