Escuela para padres
Cada vez que en el hogar o fuera de él se presentan problemas de formación con los hijos, la socorrida frase es: "nadie nació siendo padre". Y aunque para algunos, que comparan una época con otra, parezca una excusa, lo cierto es que en cada etapa las exigencias son mayores para los padres.
Antes, por ejemplo, la influencia desde fuera del hogar era menor que hoy. De una manera u otra los hijos eran más cautivos de los padres. La madre, cuando no se había dado su justa incorporación al mercado de trabajo, permanecía más tiempo en el hogar, porque el sustento paterno era suficiente para todo; las alternativas o fuentes de información eran menores; hoy es innegable el papel de la televisión, - no todo el tiempo con orientaciones satisfactorias - del Internet y de otras personas, considerando el incremento en la interacción social.
Todo ello se ha establecido como un reto para los padres de familias, que al final, sea por lo bien o por lo mal, terminan siendo los responsables de lo que pase, de lo que sea, y como sea.
Unos dicen que en medio de esa especie de jungla que les disputa la cabeza de sus hijos, hacen lo que pueden, pero que... "nadie nació siendo padre". Eso, hoy, es verdad hasta cierto punto. El desarrollo de las ciencias sociales y la cada vez más acentuada decisión del Estado de impulsar políticas de desarrollo social, debe ir incorporando una enseñanza previa para la juventud sobre las cuestiones familiares y cómo abordarlas. Ya no como meros temas de consejerías, sino como materias institucionalizadas.
Está comprobado que las definiciones y formaciones psicológicas de la persona se producen en los primeros años de vida, en la niñez, a tal punto que lo aprendido en esa edad les servirá de guía hasta el día en que partan de este mundo.
Si la sociedad reclama hoy mayor aporte de los padres al mercado, justo es pensar que esa sociedad a través del Estado debe también aportar mecanismos y condiciones que impidan y eliminen las agresiones de que hoy son víctimas los hogares. No toda la culpa es de los papás y de las mamás.
Antes, por ejemplo, la influencia desde fuera del hogar era menor que hoy. De una manera u otra los hijos eran más cautivos de los padres. La madre, cuando no se había dado su justa incorporación al mercado de trabajo, permanecía más tiempo en el hogar, porque el sustento paterno era suficiente para todo; las alternativas o fuentes de información eran menores; hoy es innegable el papel de la televisión, - no todo el tiempo con orientaciones satisfactorias - del Internet y de otras personas, considerando el incremento en la interacción social.
Todo ello se ha establecido como un reto para los padres de familias, que al final, sea por lo bien o por lo mal, terminan siendo los responsables de lo que pase, de lo que sea, y como sea.
Unos dicen que en medio de esa especie de jungla que les disputa la cabeza de sus hijos, hacen lo que pueden, pero que... "nadie nació siendo padre". Eso, hoy, es verdad hasta cierto punto. El desarrollo de las ciencias sociales y la cada vez más acentuada decisión del Estado de impulsar políticas de desarrollo social, debe ir incorporando una enseñanza previa para la juventud sobre las cuestiones familiares y cómo abordarlas. Ya no como meros temas de consejerías, sino como materias institucionalizadas.
Está comprobado que las definiciones y formaciones psicológicas de la persona se producen en los primeros años de vida, en la niñez, a tal punto que lo aprendido en esa edad les servirá de guía hasta el día en que partan de este mundo.
Si la sociedad reclama hoy mayor aporte de los padres al mercado, justo es pensar que esa sociedad a través del Estado debe también aportar mecanismos y condiciones que impidan y eliminen las agresiones de que hoy son víctimas los hogares. No toda la culpa es de los papás y de las mamás.