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Escuelas en ruinas y protesta de docentes


El supuesto propósito del gobierno de Pérez Balladares de modernizar integralmente el sistema educativo se da de bruces con la realidad material de la enseñanza. ¿Cómo puede transformarse la enseñanza si las escuelas están en ruinas? ¿Pueden dictarse clases sobre las nuevas matemáticas si los muros de la escuela están en víspera de derrumbarse o si las aulas carecen de servicios higiénicos decorosos? Los docentes consideran que, bajo esas condiciones, hablar de reforma educativa es hablar falacias y están a punto de declararse en huelga como expresión de protesta contra un régimen que formuló promesas engañosas de mejoramiento de la infraestructura estatal.
Frente a las demandas reiteradas de los docentes, las autoridades del Ministerio de Educación solamente atinan a responder que las críticas tienen origen político. Vuelve a reciclarse el desentendimiento crónico entre el gobierno y los docentes, entre los responsables políticos de la educación y los protagonistas del sistema. Esto sucede porque el régimen no planificó adecuadamente la inversión presupuestal en materia de locales estatales. Ahora mismo la Directora Nacional de Educación reconoce que el sector estatal no cuenta con los recursos necesarios, por la menor cuantía fijada para el rubro de mantenimiento en el presupuesto de Educación. Esto revela que los docentes no están interponiendo móviles políticos a sus reclamos, sino que éstos se hacen en una realidad presupuestal admitida por Educación.
En verdad, el presupuesto ha tenido los recursos para atender el mantenimiento de las aulas, pero el Gobierno le dio otros destinos a esos fondos. Gastamos ocho millones de balboas para sufragar un referéndum innecesario; otros tantos millones en giras internacionales, en helicópteros y aviones, en sueldos a la burocracia dorada, etc. Al cabo del vencimiento del quinquenio gubernamental se comprueba cómo el gasto público postergó las necesidades dramáticas de la educación nacional, dejando un legado de locales escolares que reclaman a gritos las necesidades de su urgente reparación.
Súmese a este cuadro las denuncias de irregularidades en nombramientos y traslados de docentes y se tendrá una visión cabal de la razón de los desacuerdos entre el magisteriado nacional y el Gobierno. Ciertamente una huelga de docentes al iniciarse el año escolar conlleva más perjuicios para el sistema. Más sensato resulta en este caso que los docentes esperen el cambio de gobierno después del dos de mayo, porque del actual régimen nada ya se puede esperar. A la hora de introducir el voto los docentes seguramente apoyarán a los candidatos que garanticen la verdadera transformación de la educación.



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