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Escuelas Ranchos, eliminando la pobreza con dignidad


Cuando decidí sumarme al grupo de benefactores y patrocinadores del proyecto "Escuelas Ranchos por Escuelas dignas" para eliminar del sistema educativo público unas 250 escuelas ranchos que fueron identificadas hace tres años, lo hice guiado por el compromiso y la responsabilidad social que tiene la empresa privada y los empresarios de luchar contra la pobreza, promover el desarrollo y elevar la calidad de vida de miles de panameños a quienes el progreso no los ha beneficiado.
Un país con viejas estructuras que deben reformarse y un Estado cuya presencia en las comunidades marginales fue poco eficaz, tiene que emprender proyectos de reducción de la pobreza y sus causas en una operación global donde tienen que participar el gobierno, la empresa privada y la sociedad civil.
El domingo 27 de mayo tuve la oportunidad de leer un artículo del Dr. Jorge Gamboa Arosemena, en el que cuestiona y censura la validez de la transformación de escuelas ranchos a escuelas dignas y las califica de un espectáculo propagandístico que no resuelve nada. Mi interés no es polemizar con el Dr. Gamboa. Por el contrario, lo que quiero es explicar por qué la transformación de un escuela rancho en una escuela digna es un programa que permite eliminar una de las causas de la pobreza, pero con dignidad.
Las escuelas ranchos son improvisados centros educativos construidos con pedazos de hojas de zinc, pencas, palos y cañazas con pisos de tierra, sin electricidad y en las peores condiciones para un centro escolar en pleno siglo XXl.
El programa de "Escuelas Ranchos por Escuelas Dignas" es dirigido e impulsado por el Despacho de la Primera Dama, Vivian Fernández de Torrijos, como un proyecto de Estado, al que nos hemos sumado como sector privado para promover un incremento en la calidad de vida de la gente y mejorar las condiciones físicas de las instalaciones escolares que son una vergüenza para un país como Panamá que aspira convertirse en un nación del Primer Mundo. La mayor satisfacción que tenemos al contribuir en la erradicación de las escuelas ranchos es que estamos devolviendo a los niños y niñas de las zona rurales pobres del país la esperanza de un futuro mejor.
Al terminar con las columnas de palo, los techos de paja y los pisos de tierra por estructuras de cemento, tableros adecuados, sanitarios modernos y electricidad, acabamos con uno de los muros que refuerzan la ignorancia y contribuimos a darle a estos niños y niñas la posibilidad de recibir una enseñanza de calidad y un ambiente adecuado. Desmeritar un programa que promueve la protección social, la inclusión de los menos favorecidos y mejora sustancialmente el acceso a servicios públicos y sociales es un enfoque, a nuestro juicio, sacado de contexto e injusto con los que menos tienen y luchan por tener mejores oportunidades para progresar.
En esta tarea por terminar con las Escuelas Ranchos que impulsa la Primera Dama y el Gobierno panameño se han sumado empresas como Fortuna S.A, Cable & Wireless, MOVISTAR, CUSA, BBVA, ScotianBank, Grupo Motta, HSBC y, por supuesto, el Ministerio de Educación y el Fondo de Inversión Social como contraparte del sector público estatal.
Estoy convencido que vamos a derrotar la pobreza. Sin embargo, se trata de un esfuerzo donde todos los panameños, inclusive la clase política, tenemos que participar porque los problemas de la gente pobre no tienen partido, ideología o grupos. Eliminando las Escuelas Ranchos y creando Escuelas Dignas damos un gran paso de muchos otros que hay que impulsar, promover y apoyar.

101 años de Panamá América

 
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