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España vota conservador


No hay ninguna duda al respecto, la España de inicios del siglo XXI se la juega por la opción moderada en un mundo global que también, y por lo pronto, parece tomar dicha opción. Los socialistas de González y Almunia y los comunistas de Frutos han quedado atrás en las preferencias electorales. España ha dado un claro mensaje al mundo político global, prefiere jugar por lo seguro, aun a pesar de todas las concesiones que el socilaismo moderado y modificado a raíz de la Perestroyka y el Glasnot han tratado de otorgar a la clase civil de la sociedad española. La reconversión de las izquierdas será la pauta a seguir en Europa y gran parte del mundo hasta que surjan los modelos de transformación política que, envueltas en mayor solidaridad humana y acompañadas de eficientes modificaciones socioeconómicas, entreguen una opción real al neoliberalismo, que si bien hoy enarbola sus estandartes de dominio global, es muy cierto que estructuralmente no puede ser concebido ni mucho menos como la estación terminal de las vías que conducen a su verdadero desarrollo humano de la sociedad, desarrollo humano que la humanidad no está dispuesta a abandonar como uno de sus objetivos globales. En América Latina, Cardoso en Brasil tuvo su momento, le corresponde ahora a Lagos, en Chile, perfilar nuevas estrategias que generen nuevos paradigmas y que formulen nuevas esperanzas.
La España de hoy, decididamente conservadora, volverá mañana a buscar otras respuestas cuando la política neoliberal toque fondo y persistan de manera terca las grandes diferencias sociales. Mientras tanto, no sólo las izquierdas sino todas las fuerzas no comprometidas profundamente con el neoliberalismo tendrán que enfrentar el reto de ser creativas e insistentes en la búsqueda de las fórmulas históricas que se traduzcan en lo que algunos denominan un desarrollo sostenible, para otros un desarrollo solidario, para otros una economía social de mercado y para nosotros, una sociedad fundada en la razón social.
No importa cómo la denominemos, se trata al final de una sociedad redistribuida, participativa y solidaria de manera estructural y alejada de los autoritarismos de derecha y de izquierda. El siglo XXI tendrá que legar a la humanidad dichas fórmulas para que a lo largo del milenio se consoliden y generen sus múltiples frutos adecuados a las diversas sociedades y culturas. Por ahora la experiencia española con Aznar a la cabeza indica que la gente quiere más democracia electoral que imposiciones y autoritarismos.

101 años de Panamá América

 
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