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Espejismo de globalización


La integración de una economía globalizada ofrece tan solo un espejismo de bienestar, inalcanzable para las mayorías, minimizando las coyunturas favorables al capital humano en la búsqueda de una competitividad que, definitivamente, favorece a los países más ricos, receptores abrumadoramente de los mayores beneficios del esfuerzo productivo global.

El dinero plástico, correo electrónico, Internet, las transferencias electrónicas de riquezas, la integración de la televisión mundial por cable, el efecto demostración que trasmite, no disminuyen la pobreza de casi 2/5 de la población panameña, ni la inequidad en la distribución del ingreso, con 1/5 de población (elites) recibiendo más de 3/5 de los ingresos distribuidos.

Personas de estratos sociales disímiles viven una perenne fantasía, cegadas por la alucinación de un mundo ficticio, factible para un mínimo de población (elites). Países enteros permanecen hechizados por el efecto espejismo de la globalización (de fascinantes promesas), pero detrás de ese mundo de ficción subyace un atemorizante tsunami social, alimentado por la inequidad socioeconómica.

Muchos ocultan su agobiante situación cosméticamente, maquillándola de fugaz prosperidad, sosteniéndola con endeudamientos irracionales, pero cuando repentinamente sobreviene una crisis (económica, financiera, bursátil) local o globalizada, millares de alucinados despiertan a la realidad, el espejismo se escapa de las manos perdiéndolo todo. Personas y países caen en bancarrota, súbitamente la pobreza se alimenta diariamente de miles de nuevos pobres de la clase media. Familias enteras, incontables con numerosos títulos universitarios (que sirven de poco) aumentan las filas de los desocupados.

Numerosos países Latinoamericanos se asientan sobre las arenas movedizas de la inestabilidad socioeconómica, con elevados porcentajes de pobreza, desigual distribución del ingreso, inequidad social, hambre, enorme dependencia hacia los polos globales de poder. Es acertado organizarnos como una sola Nación Latinoamericana, aplicar la equidad cristiana en el reparto del ingreso, redimir los despojos sociales del inicuo crecimiento económico, pavimentando así el camino para afrontar la creciente globalización, con sus crisis periódicas, cohesionada y competitivamente, ofreciendo un mejor entorno socioeconómico real y calidad de vida al relevo generacional. La coyuntura económico-financiera global es propicia para hermanarnos regionalmente, hagámoslo ya.

101 años de Panamá América

 
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