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Espejismo económico


Sabemos que hay una ciencia llamada Economía. Pero también conocemos aquel chiste cruel que sostiene que un economista es aquel sabio que siempre cuenta cómo irán las cosas del bolsillo sólo cuando las cosas han pasado. La economía como ciencia es lo más parecido a la fe. Los más prudentes hablan de indicadores económicos y se da por supuesto y sobreentendido que la mirada lúcida sobre esos indicadores nos da la pauta de cómo van las cosas. Pero a pesar de los sabios, de los premios Nobel, de los indicadores Nikkei y de los malditos indicadores, la gente acaba considerando a la economía como una virtud teologal.
El 6 de marzo, sin ir más lejos, en un diario de la localidad se nos informaba que el índice de precios al consumidor había aumentado por tercer mes consecutivo. Dos páginas más delante nos hacíamos eco de un informe del Ministerio de Economía y Finanzas del que se desprendía el siguiente titular: "La economía recupera fuerza y crece al 3%". Conclusión: crece el índice de precios, pero también crece la economía. El índice afecta a las personas, mientras que la economía afecta al dinero. Las personas afectadas y paradas por el aumento en los precios tienen nombre y apellidos. Los poseedores del dinero también. Ahora bien, pregunta de parvulario: ¿Quiénes son los unos y quiénes son los otros? O, hilando más fino, ¿cuántos son los unos y cuántos son los otros?
Salimos a la calle dispuestos a seguir la pista de los indicadores económicos. Los taxistas informan que la demanda nocturna se ha reducido, porque la gente sale menos y gasta menos. Los expertos turísticos confirman que en la ciudad de Panamá el número de habitaciones ocupadas en los hoteles de segunda categoría subió 10 por ciento en comparación con el año anterior, aunque en el caso de las habitaciones de primera la cifra decreció en un 12 por ciento. La ironía aquí es que todavía hay quienes piensan que aún hay que construir más hoteles... ¡qué incredulidad! Más indicadores: el número de indigentes y mendigos aumenta. No sólo eso: gente vinculada a movimientos sociales mantiene que está apareciendo una nueva pobreza, que es la pobreza juvenil. Ahora hay quienes dicen que éste fenómeno es producto del crecimiento de la pobreza rural. Y hablando de la ruralidad en expansión, los agricultores solicitan que se cierren las importaciones estacionales ya que no quieren que sus productos se vean desplazados por otros de menor precio y mejor calidad, pero cuando nos asomamos y observamos la realidad, son ellos mismos quienes tienen ahora "acaparado" el tema de las importaciones, lo que es un síntoma a analizar.
Pero el espejismo no es sólo aquí en Panamá. Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal norteamericana, declaró recientemente que "Estados Unidos entró al nuevo milenio con un sistema económico que ha producido la mayor prosperidad que ha visto el mundo". Sin embargo, los trabajadores norteamericanos laboran el mayor número de horas del mundo industrializado - 2,000 al año -, casi 200 horas (el equivalente a cinco semanas) al año más que en Inglaterra y 400 horas más que en Panamá (diez semanas más). Trabajan más tiempo ... pero reciben menos beneficios sociales. Las universidades públicas cuestan más de 5,500 dólares al año, 44 millones de personas carecen de cobertura y menos de un tercio de los norteamericanos dispone de algún tipo de pensión financiada por la empresa. Según Greenspan, la economía va estupendamente: son las personas las que no van bien. Reflexionando sobre esta última frase, debemos señalar que el espejismo económico ha desafiado tiempos y épocas, ya que desde hace más de 30 años, en su libro "Las venas abiertas de América Latina", Eduardo Galeano nos daba su impresión con respecto a la realidad de nuestros pueblos: si los gobernantes dicen que las cosas van bien, seguro que van mal.
En un estilo parecido, el primer ministro inglés, Tony Blair, declaró que los ciudadanos de la tercera edad representan el camino hacia una mayor prosperidad, al tiempo que propone elevar la edad de jubilación a los 70 años a fin de asegurarse de que el grueso de la clase obrera empleada en actividades de riesgo pague por unas pensiones que quizá nunca llegue a percibir. Mientras este charlatán portavoz de un nuevo laborismo recibe entusiastas vitores de los financieros de la City londinense, se disparan los beneficios de éstos y las mujeres de más edad se convierten en el grupo de más rápido crecimiento entre los pobres de las ciudades. La tercera edad parece que se refiere a las tres maneras para enriquecer a los ya ricos: pagar salarios bajos, cobrar rentas altas y reducir las pensiones.
Y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que predica la austeridad a los países pobres del mundo y luego suelta alegremente 4,500 millones de dólares para consolidar la cleptocracia en Rusia. Al parecer, los yacimientos rusos de petróleo y gas ayudan a explicar la lógica sin sentido del FMI. Y esa lógica, signo del espejismo económico de la posmodernidad, puede entenderse en razón del cada vez mayor abismo entre la ideología democrática que legitima a los países poderosos y sus gobernantes y sus prácticas profundamente autoritarias e imperialistas. Y cuando mayor es la distancia entre la ideología y realidad, más perversa es la lógica con la que pretende salvarse esa diferencia. Solamente reflexionemos sobre la conmoción que causó la designación de Horst Koehler después del rechazo de Caio Koch-Weser y sabremos la forma perversa como se cuecen las cosas dentro del FMI. Es hora que el FMI restablezca su independencia y lleve a cabo una reforma seria que pueda asistirlo en lograr una ayuda más efectiva a los países en desarrollo que requieren de un crecimiento sostenible para salir de la pobreza que los aflige.
Por lo que regresamos a los indicadores. ¿Cuál es el problema nacional más importante que resolver? Si reflexionamos pragmáticamente sobre el 13 por ciento de desempleo, allí tenemos la respuesta. No obstante, nuestros gobernantes hablan del pleno empleo como un tema en plena faena de solución, cuando la realidad es que nuestro actual nivel de temporalidad y de precariedad laboral es el más alto en los últimos tiempos. El pleno empleo es un sueño que va por horas. A las doce del mediodía, con todos los "come arounds" y contratos temporales momentáneamente vigentes, la situación es mejor que a las doce de la noche, con todos los contratos extinguidos y pendientes de sí al día siguiente van a ser firmados de nuevo. Los ciudadanos se preguntan, ¿dónde están aquellas promesas de 50 mil plazas nuevas por año? De verdad que todo parece un oasis imposible de alcanzar.
Mientras esto sucede, un importante hotel en Panamá de los que se dicen ser "Cinco Estrellas" ofrece dos noches de fin de semana a 199 balboas en habitación individual. Prescindiendo de la tristeza que significa un ciudadano solitario dispuesto a pagar esa cifra para pasar un fin de semana en compañía de su almohada, lo curioso es esa oferta increíble. Realmente la economía debe estar recuperándose. Pero los profanos en las cuestiones económicas tienen motivos para vivir en carne propia esa paradoja que hace que Panamá vaya bien a costa de que bastante panameños vayan mal.

101 años de Panamá América

 
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