default

Espías: de guerra fría a guerra discreta


El año de 1989 ha sido señalado como frontera final de la guerra fría. El arresto reciente de once espías, algunos suramericanos y tres de ellos, según han admitido, de nacionalidad rusa, ponen ahora en duda tal aseveración. Las detenciones sirvieron como telón de fondo a la reciente visita del presidente ruso, Dimitri Medvedev a Washington, y según se ha informado la situación era conocida de antemano por el presidente Barack Obama. Moscú ha dicho que los arrestos no ponen en peligro los acercamientos ruso-norteamericanos, pero con seguridad asignan otra connotación a las relaciones este-oeste. Si bien no es posible hablar de guerra fría, luego de la Cumbre de las Hamburguesas de Obama y Medvedev, podría surgir una tendencia a considerar la existencia de una “guerra discreta”, que algunos pugnan por colocar en primer plano y otros se aferran en desdeñar. Aunque podría dar guión a un buen largometraje de espionaje, el que tres de los espías hayan admitido su nacionalidad rusa, deja en claro, primero, que ese mundo sigue intacto en sus actividades, y dos, que siguen apelando a las más increíbles formas de operaciones. Los rusos mostraban otras nacionalidades, entre ellas uruguayos y peruanos. Asuma el matiz que asuma hay un hecho innegable: la vigilancia entre potencias persiste, quizás no como expresión primera de sus políticas, pero si como resabio de una desconfianza sostenida.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América