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Espiritualidad y tolerancia


Las celebraciones de fiestas religiosas, como la Semana Santa, o Semana Mayor, son una excelente oportunidad para reflexionar sobre la vital importancia que tiene la religión para los seres humanos.
De las religiones monoteístas aprendimos la creencia en el ser supremo, pero también aprendimos a creer que existe un orden en el universo. De ellas aprendimos el valor de la dignidad humana y la necesidad de trascendencia de la especie. Gracias a las religiones descubrimos el amor, mucho más allá del deseo, y encontramos paz y consuelo ante el enigma de la muerte.
Tener fe es quizás la muestra más genuina de una inmejorable salud mental, pero ella no habría sido posible si no nos hubiesen enseñado a creer en lo que no podemos ver.
La ciencia jamás reemplazará a la religión porque, sencillamente, obedece a una necesidad humana muy distinta. Sin embargo, todavía no lo hemos aprendido todo. A veces las religiones nos dividen, porque no toleramos las diferencias que existen entre diversos credos, y cometemos el error de comparar a las creencias, los cultos, las iglesias y las calificamos como si fuese posible clasificarlas, medirlas y ordenarlas.
La paz mundial sólo será conquistada definitivamente cuando aprendamos a respetar el dogma religioso de cada cultura y veamos en cada religión una expresión maravillosa de los dones espirituales, que son la esencia misma del ser humano.
Un poco de reflexión nos ayudaría mucho a redescubrirnos frente al prójimo, como parte de una familia, en el seno de la comunidad. Ojalá que el escapismo rampante, demasiadas veces campeante en la sociedad moderna, no nos niegue la oportunidad de hacer una reflexión en estas fechas.

101 años de Panamá América

 
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