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¿Está la fiebre en las sábanas?


Por supuesto que no. Nunca ha estado. Y si se sigue tirando de ellas como excusa, cuando el presente gobierno está a sólo unos cuantos días de cumplir su primer año de gestión, las connotaciones son patéticas, por decir lo menos.

Se supone que quienes le piden al pueblo que les otorgue el mandato para gobernar es porque se consideran preparados para hacerlo. Y eso fue lo que nos dijeron los entonces candidatos “del cambio”. Todo sería diametralmente opuesto al desastre del gobierno PRD. Y el arranque pareció prometedor. Despliegues de desbordante energía, con mazazos incluidos, bien sazonados con una propaganda multimillonaria (aún mayor que aquella de la que habían abusado sus predecesores); un incremento impresionante del Presupuesto para el año 2010 basado en optimistas proyecciones de los ingresos, supuestamente muy bien estudiadas y analizadas y el compromiso de “ponerlo en línea” (entiéndase disponibilidad de sus partidas) y ejecutarlo a la velocidad de la luz; promesas de obras faraónicas; la compra de los corredores para ajustarle las clavijas a los abusadores explotadores de ICA y PYCSA; atenciones de primer mundo en la Seguridad Social, y mucho, mucho más.

Con la justificación de que el nuevo estilo de gobernar, suprema expresión del dinamismo del cambio, no debía ser obstaculizado por “legislaciones y trámites tortuguistas” que retrasaran las respuestas a las demandas populares, proliferaron las adjudicaciones de obras mediante contrataciones directas, y la que debía ser la excepción se convirtió en regla.

También, como se ha divulgado con profusión, como resultado de una “sabia y muy acertadas medidas tributarias”, las arcas estatales fueron hinchadas para que la falta de recursos no impidiera la construcción del prometido paraíso del bienestar para todos.

El Presupuesto estuvo en línea desde el día uno de 2009 y la cornucopia estaba lista para empezar a derramar la plata a todos los confines del Istmo; pero después de un año de gobierno, cuando estábamos esperando que nos resumieran resultados, nos llega la contradictoria noticia de que “lo poquísimo que se ve, se debe a una baja ejecución presupuestaria, “retrasada por funcionarios técnicos nombrados por los gobiernos anteriores, perversamente dedicados a retrasar los proyectos y dañar la imagen del gobierno”.

Ricardo Martinelli comenzó su campaña por la presidencia varios años antes de las elecciones del 3 de mayo de 2009. Y desde el comienzo de su andadura se rodeó del grupo de personas que después vinieron a formar su equipo de gobierno. Todos, aunque no se les hubiera dicho el cargo específico que ocuparían, estuvieron involucrados en la elaboración del llamado “plan de gobierno” y era de suponer que, cual un “gabinete en la sombra”, de acuerdo con las aspiraciones que cada uno tenía, debieron prepararse para sus futuras responsabilidades. Pero por sus actuaciones, plagadas de contradicciones, cruces de cables y pobres excusas es evidente que la mayoría de los ministros transitan entre la improvisación y la incompetencia. Solo eso explica que después de un año de gobierno ahora culpen de su incapacidad administrativa a “enquistados dejados por los gobiernos precedentes.”

Ojalá que los anunciados cambios en el gabinete enderecen el rumbo del actual gobierno. Las reiteradas excusas, por gastadas, ya no impresionan.

101 años de Panamá América

 
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