¿Está sola la Chola?
Ganar dos elecciones seguidas es muy difícil; tres en línea, imposible. ¿Será esa la razón porque líderes de su partido han dejado sola a Balbina en la desigual batalla electoral que libra frente a Ricardo Martinelli?
Ernesto Pérez Balladares piensa -con toda lógica- que 2014 todavía puede ser el año de su regreso al poder, después que lo echaran a un lado a pesar del importante 30% de apoyo que recibió en las primarias. Juan Carlos, tras su derrota en ellas por poco margen, debe tener en su mente que si no es en las próximas ya no será nunca; además, dirá que los vicepresidentes no son los que ganan las elecciones. Martín, por su lado, si bien apoyó a Balbina en las primarias, pretende seguir mangoneando el partido para un resurgimiento en el 2014. Debe estar que arde, pues todo indica que Balbina lo ha marginado por completo. Todos los líos de sus últimos meses en el mando tampoco han ayudado a la desplatada candidata, que me aseguran no recibió un céntimo de Murcia.
Lo cierto es que han dejado sola a Balbina cuando más necesitaba del partido y de sus principales cabezas. Ella ha sido la testigo del desmoronamiento de la cacareada “unidad monolítica del PRD” y, por su irascible temperamento, la causante del alejamiento de muchos de sus dirigentes de primera línea.
Cuando Martín ganó en 2004, un conocedor me comentó que, aunque no lo unieran mayores vínculos con Noriega, gobernaría con sus seguidores. Comenzó con ministros de la peor época de la dictadura: Catín Vásquez en el MEF -reemplazado luego por Héctor Alexander- y Juan Bosco Bernal en Educación. Muchos otros se “incrustaron” en su gobierno -caso Colamarco- para sacar los provechos que no veían desde el ’89. Pérez Balladares no: a diferencia de Balbina, si bien apoyó al régimen militar, no era bien visto por Noriega, como lo prueba su defenestración como candidato presidencial en el ‘84, que prácticamente lo llevó al ostracismo político en las postrimerías del noriegato. Balbina sí le hace honores a la época dorada, porque ella sí es hija del detenido en Miami.
La división del PRD, nunca antes vista, viene de adentro, impulsada por quienes, aunque pierdan esta elección, miran hacia el futuro: el control del partido y la victoria en 2014. De antemano se han dado por perdidos el 3 de mayo. Por esa aceptación anticipada de la derrota, la membresía les pasará una factura bien alta. El único que a juicio de los entendidos quedará incólume es Ernesto Pérez Balladares, quien en más de una ocasión advirtió el rumbo equivocado que llevaba su partido, ajeno a las imposiciones desde el ’89, cuando sucumbió el régimen de las botas.
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