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Estadística del BID


EL BANCO Interamericano de Desarrollo (BID) ha dado a conocer ciertos datos estadísticos sobre las burocracias estatales de la América Latina principalmente. Las personas conscientes cuya cultura les permite disponer de conocimientos en torno a la problemática estatal, de este lado del mundo, no fueron sorprendidas por tale datos. Contrariamente, dichas estadísticas ratifican lo que todos conocemos. En Panamá, esos datos no son exagerados, sino realistas. Incluso resultarían escandalosas si no conociéramos la realidad, por lo cual no hemos podido asombrarnos. Pero sí nos recuerdan todas las situaciones semejantes.
Y vamos ha expresarlo de modo real y no en forma de escándalo. Si el BID fuera un poco más dadivoso y extendiera la investigación de sus técnicos, o de personas competentes, en cuanto a las actividades estatales y privadas más importantes entonces el espectáculo si sería devastador. Nosotros hemos afirmado que una investigación multi disciplinaria sobre los diversos aspectos de la vida nacional, actualmente, nos demostraría resultados verdaderamente catastróficos. Comenzando por la economía panameña, siguiendo con la educación, sin diferencias de ninguna índole (es decir, tanto las públicas o privadas), así como muchas otras actividades colectivas nos llevarían a un resultado, limitándonos a Panamá, que no hay, aquí ninguna sección de la vida colectiva, en que las situaciones del cualquier aspecto, resultarían algo más deficitarias. Nos atrevemos a asegurar que somos un país fracasado como balance general, porque no hay esfera de la vida del país que pueda jactarse con resultados medianamente aceptables. En lo íntimo nos duele un panorama tan desastroso, mas no podemos ocultar el sol con las dos manos. Ese dolor es tanto más profundo, cuanto más hondos son los resultados lamentables que se han agudizado en las últimas décadas de nuestra historia.
Nuestro Carnaval, el nuestro ahora y en años anteriores, siempre ha sido refugiarnos en la lectura de libros y folletos, cuya revisión nos han impedido ocupaciones impostergables en los últimos meses. Y, desde luego, que no denostamos, por celebraciones como las de estos días carnavalescos, ni con odios ni con lamentos, porque el ser humano incluso reclama y necesita desahogos personales o de grupos, que en mucho explican las situaciones panameñas de los días grandes de fiestas y celebraciones.
No creemos que sea de nuestra parte una tentativa o un propósito denigrante, considerar que nos acompaña la más clara razón, si continuamos insistiendo en la conclusión de que en términos generales, como colectividad humana nuestra sociedad, nuestro funcionamiento como Estado o como conjunto social, no es otra cosa que un total fracaso en la vida política, económica, profesional, cultural, o de cualquier índole colectiva que examinemos. Tan desolador resultado lo consignamos en esta crónica "carnestoléndica", porque puede ser que, naturalmente, no podemos competir con el carnaval y no tendremos muchos lectores, a pesar de las irrebatibles estadísticas del BID.
Todo lo anterior no significa que no creamos en las bondades de nuestro país, tenidas en décadas anteriores a las últimas, que nos han traído a una época, que ojalá sea corta pero que no debemos negar, porque esas fallas totales las estamos padeciendo desde los últimos decenios.
Al disminuir el costo dañino de la corrupción a la sociedad y al propio gobierno municipal, la transparencia tiene efectos casi inmediatos en la dinámica económica, desarrollo social e incluso calidad de vida de las personas. El gobierno local obtiene un beneficio económico inmediato, al dejar de deteriorarse o de perder recursos materiales y financieros debido a los actos de corrupción.
En ese sentido este libro aporta pues en abrir los caminos de la integridad.
(raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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