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Estado de temor hosco


“La democracia es, antes que nada y sobre todo, un ideal… Sin una tendencia idealista una democracia no nace, y si nace, se debilita rápidamente. Más que cualquier otro régimen político, la democracia va contra la corriente, contra las leyes inerciales que gobiernan los grupos humanos. Las monocracias, las autocracias, las dictaduras son fáciles, nos caen encima solas; las democracias son difíciles, tienen que ser promovidas y creídas.” Giovanni Sartori.

Durante las últimas semanas - y de manera sistemática - diversos voceros oficiales del Gobierno que preside Ricardo Martinelli Berrocal, se han dado a la ignominiosa tarea de desacreditar las pocas voces disidentes que quedan dentro de la muy frágil sociedad civil panameña.

Nadie que haya seguido de cerca las informaciones aparecidas en los diversos medios de comunicación a nivel nacional -aparte de las declaraciones ministeriales y despachos de prensa de la Presidencia de la República– puede estar tranquilo frente a los constantes embates gubernamentales para acallar cualquier voz disidente y que discrepe con los antojos que emanan del Palacio de las Garzas.

Dado que he sido puesto en autos por amigos dentro y fuera de la actual administración, sobre campañas de descrédito contra la sociedad civil -aparte de acciones que pudiesen atentar, incluso, contra la seguridad propia y de nuestros familiares- he hecho de conocimiento público esta peligrosa situación.

Estos hechos -lamentables porque van en contra de un auténtico Estado de Derecho por el que se ha venido luchando por décadas- atentan contra el fortalecimiento de la participación ciudadana en aras de edificar una democracia efectiva, participativa y dinámica en toda la República de Panamá.

Yo he mantenido el mismo discurso sobre valores a lo largo de mi vida. Es el mismo, independientemente de quien gobierne. Quienes sí lo han cambiado han sido aquellos que arengan durante las campañas políticas, no solo sobre las virtudes de la sociedad civil, sino también de los mil y un defectos que cometieron gobiernos pretéritos y que hoy –con gran dolor– los vemos recurrir a ellos de manera brusca y sin sentido, para intimidar, atemorizar, asustar, acallar toda voz que señale sus crecientes yerros, así como los vicios y defectos que afloran con frecuencia inusitada.

Reitero mi sincero llamado para que el Gobierno recapacite, abra las puertas a un verdadero diálogo con todos los sectores de la sociedad, para que las decisiones que nos afecten a todos sean tomadas por todos, sea tolerante frente a las críticas y disidencias, y cese los mecanismos de persecución e intimidación que tanto nos costaron superar e invito –por esta misma vía - a que nos mantengamos vigilantes frente a cualquier intento - hosco, agresivo, amenazador – en contra de esa aún moza democracia, libertad justicia por la cual luchamos durante muchos días aciagos y de ingrata recordación.

101 años de Panamá América

 
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