Estado Fallido
Si partimos del concepto de Estado Fallido, el cual, de acuerdo a Chomsky se refiere a un Estado que ha perdido la capacidad de proteger a sus ciudadanos, el cual, además, se demuestra crecientemente incapaz de asegurar las condiciones de su bienestar, es fácil concluir que el Estado Panameño se mueve en esa dirección. Así lo demuestra la creciente e incontrolada ola de violencia que ha llevado, de acuerdo a reportes recientes, a que nuestro país muestre una tasa de asesinatos por el crimen organizado más alta que la de México. Así también lo demuestran los recientes hechos de violencia, entre los que se destacan los desafortunados acontecimientos que llevaron a la trágica muerte del director del INAC.
La tendencia hacia el Estado Fallido no se circunscribe, sin embargo, al ámbito de la seguridad pública, ésta se expresa también en la esfera de los servicios públicos, tal como se puede ejemplificar en la existencia de un sistema de educación pública que ni siquiera es capaz de iniciar a tiempo el año escolar, gracias a la incapacidad del Estado de contar con una adecuación oportuna de los centros de enseñanza.
En el espacio de la administración pública, la percepción generalizada apunta hacia una profunda y extendida corrupción, la que, vinculada a los intereses económicos específicos, corroe los cimientos mismos de las instituciones públicas. Incluso en la esfera económica, donde en los últimos años se observó un significativo crecimiento, se sigue presentando una profunda y creciente inequidad, que se expresa en amplios bolsones de pobreza e indigencia. Existe, además, una completa falta de preparación y planes para enfrentar los efectos de la crisis internacional.
En el plano político, el agotamiento del sistema electoral no sólo se evidencia en la existencia de un verdadero apartheid, el cual no solamente excluye, violando la Constitución, la presencia de verdaderas opciones independientes, sino que asegura un predominio prácticamente dictatorial de los grandes intereses económicos sobre la vida política del país. Es un sistema corrupto, carente de sentido ético, destinado a burlar los verdaderos intereses de la población, cuya crisis se revela plenamente en las mutuas acusaciones de vinculación al crimen organizado que se intercambian las campañas de los dos principales candidatos a la presidencia.
Las actuales ofertas electorales-partidistas lejos de ofrecer una salida a las tendencias descritas, tienden a profundizarlas. Por una parte la oferta oficialista, totalmente incapaz de articular de manera coherente un proyecto nacional y popular, simplemente se ampara en la vieja idea neoliberal del "tickle down", apuntando en una trayectoria de continuismo y de aceleración de la tendencia hacia el Estado Fallido. La otra propuesta, supuestamente guiada al cambio, constituye un proyecto de gobierno, como lo muestra su propuesta de plan de gobierno, pensada desde el punto de vista de los sectores económicamente dominantes, para el beneficio prácticamente exclusivo de los mismos. Se trata de un proyecto centrado en la tendencia hacia la privatización, que busca no sólo la limitación del ámbito público, sino la desarticulación del Estado Nacional, profundizando la situación del Estado Fallido.
Frente a esta situación se hace imperante la conformación de una fuerza política nacional independiente y popular, guiada a la consolidación del Estado nacional, la efectiva democratización, la justicia social y la sostenibilidad ambiental, elementos que deberán plasmarse en una nueva Constitución.
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