Estado y sociedad civil
Se hace imperativo, dado los grandes cambios globales donde confluyen naturaleza y sociedad, forjar un rediseño de las estructuras que puedan posibilitar a los seres humanos dirimir sus inquietudes en foros abiertos, donde se logren acuerdos positivos para el avance de las sociedades.
En pleno siglo XXI, en donde los esfuerzos de la ciencia y la técnica presuponen haber dejado atrás la ignorancia del saber, donde lo cognoscitivo, en su esencia está al alcance de la tecnología, no dudamos, es un avance en el tránsito histórico de la barbarie a la sapiencia del ser humano moderno. Pero, objetivamente resalta la realidad omnipresente, la relación poder-propiedad privada no logra hacer distinción entre el Estado y la sociedad civil.
El objeto de nuestro enfoque, propugna forjar la conciencia necesaria en aras de disipar las dudas y las apreciaciones subjetivas que remarcan en un interés particular a la hora de designar y hacer valer postulados que deben ser reflejo de la madurez y el consenso de todos los miembros de la sociedad civil, los cuales no deben simular, sino más bien, hacer efectivo el mandato y sustento de todo Estado moderno; o sea, que el mismo está constituido por todos los miembros de la sociedad y como tal, dichos ellos deben tener sentido de pertenencia, además de estar equitativamente representados.
Dentro del marco de la sociedad civil no sólo deben existir múltiples asociaciones; más bien la organización de los actores sociales debe darse como resultado de un proceso endógeno, en donde la voluntad de los grupos llegue a un consenso y no a través de la imposición del Estado, ni por la rutina que hace la costumbre.
Se debe contemplar el hecho de que las organizaciones no sean excluyentes y donde no halla impedimento a la expresión de ningún interés o valor, en donde impere la cultura de la negociación.
La libertad y la igualdad son dos condiciones necesarias dentro de un proceso, el cual implica la deliberación de temas acuciantes que, atañen a lo público; entendido como tal, la participación ciudadana a través de la sociedad civil, que no debe ser dependiente, ni debe estar sometida en sus distintos segmentos a la exclusión de las decisiones políticas, económicas y culturales que ejerce el Estado, a través de los distintos gobiernos. Por ejemplo, un Estado de prebenda o dadivoso no puede propiciar jamás dentro de los polos de la estructura de poder ningún tipo de construcción ciudadana en cuanto a proyectos que permitan el desarrollo de un eficaz sistema económico, social, político y cultural que propugne por el auténtico bienestar de la sociedad en su conjunto porque tiende a coartar la iniciativa, la capacidad y voluntad de los propios miembros de la esfera social.
Un Estado que niega, conculca y desprotege a sus ciudadanos en sus derechos fundamentales, como aquel que se inspira en la teoría neoliberal que obra según los intereses creados de una determinada clase social o que entrega el país a personas e intereses foráneos, mucho menos estará en disposición de crear las bases de la participación ciudadana, por el contrario la desnaturaliza y tiende a amenazar su propia existencia. Un Estado basado en las relaciones serviles y despóticas en donde prime la apropiación privada de lo público, en donde la calidad del ciudadano se vea diezmada y condicionada al clientelismo político de la égida estatal, no refleja más que la impronta de la propia sociedad civil, fundamento contradictorio en relación con el espíritu o norma del Estado, el cual requiere de la participación social.
Lo planteado crea las pautas necesarias para el inicio de la toma de conciencia en una población que se ha visto munusválida por mucho tiempo.
Dentro de este contexto, es sabio y de justicia social crear un escenario positivo, franco y abierto para la participación ciudadana en las decisiones de carácter estatal en función de que así se cumpliría con el espíritu maximalista de la ley, que manifiesta: "El Estado somos todos".
Si ampliamos la participación de la sociedad civil dentro de la figura del Estado, estaremos contribuyendo a salvaguardar nuestra identidad nacional y fortaleciendo su estructura organizacional, a fin de corregir graves males que han dejado en gran medida secuelas de sufrimientos y actitudes de desesperanza por verse contrariados en sus legítimos derechos y aspiraciones amplios sectores a lo largo de nuestra historia.
En pleno siglo XXI, en donde los esfuerzos de la ciencia y la técnica presuponen haber dejado atrás la ignorancia del saber, donde lo cognoscitivo, en su esencia está al alcance de la tecnología, no dudamos, es un avance en el tránsito histórico de la barbarie a la sapiencia del ser humano moderno. Pero, objetivamente resalta la realidad omnipresente, la relación poder-propiedad privada no logra hacer distinción entre el Estado y la sociedad civil.
El objeto de nuestro enfoque, propugna forjar la conciencia necesaria en aras de disipar las dudas y las apreciaciones subjetivas que remarcan en un interés particular a la hora de designar y hacer valer postulados que deben ser reflejo de la madurez y el consenso de todos los miembros de la sociedad civil, los cuales no deben simular, sino más bien, hacer efectivo el mandato y sustento de todo Estado moderno; o sea, que el mismo está constituido por todos los miembros de la sociedad y como tal, dichos ellos deben tener sentido de pertenencia, además de estar equitativamente representados.
Dentro del marco de la sociedad civil no sólo deben existir múltiples asociaciones; más bien la organización de los actores sociales debe darse como resultado de un proceso endógeno, en donde la voluntad de los grupos llegue a un consenso y no a través de la imposición del Estado, ni por la rutina que hace la costumbre.
Se debe contemplar el hecho de que las organizaciones no sean excluyentes y donde no halla impedimento a la expresión de ningún interés o valor, en donde impere la cultura de la negociación.
La libertad y la igualdad son dos condiciones necesarias dentro de un proceso, el cual implica la deliberación de temas acuciantes que, atañen a lo público; entendido como tal, la participación ciudadana a través de la sociedad civil, que no debe ser dependiente, ni debe estar sometida en sus distintos segmentos a la exclusión de las decisiones políticas, económicas y culturales que ejerce el Estado, a través de los distintos gobiernos. Por ejemplo, un Estado de prebenda o dadivoso no puede propiciar jamás dentro de los polos de la estructura de poder ningún tipo de construcción ciudadana en cuanto a proyectos que permitan el desarrollo de un eficaz sistema económico, social, político y cultural que propugne por el auténtico bienestar de la sociedad en su conjunto porque tiende a coartar la iniciativa, la capacidad y voluntad de los propios miembros de la esfera social.
Un Estado que niega, conculca y desprotege a sus ciudadanos en sus derechos fundamentales, como aquel que se inspira en la teoría neoliberal que obra según los intereses creados de una determinada clase social o que entrega el país a personas e intereses foráneos, mucho menos estará en disposición de crear las bases de la participación ciudadana, por el contrario la desnaturaliza y tiende a amenazar su propia existencia. Un Estado basado en las relaciones serviles y despóticas en donde prime la apropiación privada de lo público, en donde la calidad del ciudadano se vea diezmada y condicionada al clientelismo político de la égida estatal, no refleja más que la impronta de la propia sociedad civil, fundamento contradictorio en relación con el espíritu o norma del Estado, el cual requiere de la participación social.
Lo planteado crea las pautas necesarias para el inicio de la toma de conciencia en una población que se ha visto munusválida por mucho tiempo.
Dentro de este contexto, es sabio y de justicia social crear un escenario positivo, franco y abierto para la participación ciudadana en las decisiones de carácter estatal en función de que así se cumpliría con el espíritu maximalista de la ley, que manifiesta: "El Estado somos todos".
Si ampliamos la participación de la sociedad civil dentro de la figura del Estado, estaremos contribuyendo a salvaguardar nuestra identidad nacional y fortaleciendo su estructura organizacional, a fin de corregir graves males que han dejado en gran medida secuelas de sufrimientos y actitudes de desesperanza por verse contrariados en sus legítimos derechos y aspiraciones amplios sectores a lo largo de nuestra historia.