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Estado y sofismas


HEMOS señalado, casi hasta la saciedad, que nuestro país transita por un proceso de reingeniería que tiene como finalidad fundamental o estratégica, la de producir un nuevo concepto de integración nacional y la conformación de una sociedad con instituciones democráticas verdaderamente robustecidas y que tenga, como fundamento axial, un Estado de Derecho animado por un elevado sentido de justicia social, de equidad y solidaridad humana. Esto es lo que hemos dado en llamar "cambios de paradigmas" en el acontecer nacional.
El concepto de Patria Nueva en la mencionada perspectiva representa grandes desafíos, que no imposibles de enfrentar, sobre todo en un medio ideológico cultural y político que opera y funciona con valores y métodos inadecuados para entender y comprender que los desideratums de la modernidad o del desarrollo democrático de nuestros tiempos demandan un concepto de Estado que reactualice el interés nacional y donde los abordajes de problemas y situaciones que se presentan como problemas particularizados deben ser abordados desde un enfoque de agenda de Estado.
Nuestro país, en el íter de su desenvolvimiento histórico, ha sido objeto de traumas que han retardado toda eventual posibilidad de generar saltos de calidad en lo que concierne al desarrollo nacional y, lógicamente, en el estilo de vida de todos los panameños y cuantos habitan esta tierra. Por ejemplo, la reforma educativa que en la década de los setenta impulsó el proceso político liderizado por el General Omar Torrijos, constituía una base importante para cambios profundos en la educación panameña; sin embargo, fue saboteada y todavía hoy estamos cargando con esas pesadas cadenas propias de un sistema educativo anquilosado y que no son fáciles de romper, peor aún en el marco de los esfuerzos extraordinarios que viene haciendo el Gobierno Nacional de la Patria Nueva para superar y corregir esos desfases en los correlatos de la relación sociedad, enseñanza y aprendizaje.
El programa de Patria Nueva que sirve de base al Gobierno del PresidenteTorrijos, expresa la transición hacia una profundización de la sociedad en una perspectiva material, social, moral y política; se trata de un programa que contiene lineamientos y tareas con alcance que procuran resolver problemas relacionados o que se derivan de déficit histórico de nuestra formación socio-económica al igual que contradicciones que se producen al interior central del bloque social dominante donde todavía prevalecen reductos de una conciencia que opera y que ve el mundo con enfoques propios de una cultura estatamentaria. Fenómeno éste que, sin tapujos debemos decirlo, también se da en el seno de la sociedad subalterna. Este último enfoque dificulta la velocidad del desarrollo democrático al igual que la consistencia de nuestras instituciones. En Panamá, la cultura de los subsistemas cerrados, sectarios y de poca flexibilidad, dificulta que temas importantes del país sean analizados con una conciencia de Estado y unidad nacional. En nuestro medio, como consecuencia de esta cultura, predomina la práctica de la oposición por la oposición tal y como ya lo hemos aseverado y analizado en ensayos anteriores y donde el dilema o la dicotomía que tiene que ver con cambios históricos progresistas o, sencillamente, con la perduración del status quo queda relegado a un segundo plano.
Lo anterior es lo que nos lleva a sostener que Patria Nueva, además de desafío, constituye la búsqueda real y concreta de un Panamá diferente, debidamente integrado, lo que equivale decir exclusiones sociales reducidas al mínimo.
El concepto de la Patria Nueva constituye, a partir de una base programática de realizaciones posibles, el camino que nos llevará a mejores tiempos. Donde la razón fundamental de ser del Estado y de la sociedad serán sus gentes. Esto no lo entienden y no lo entenderán nunca aquellos grupos cuyas acciones están animadas por esa perversidad que tanto daño ha hecho a los pueblos latinoamericanos de controlar el poder del Estado para convertirlo en una fuente de acumulación de riquezas en perjuicio de las grandes mayorías. Patria Nueva no es una utopía, es la nueva realidad que ya se viene construyendo. Este primer año de Gobierno del Presidente Torrijos ha sentado las bases fundamentales sobre la cual se levantará el edificio del Panamá Nuevo. En este primer año de gobierno hemos tenido que reconstruir la patria porque nos la dejaron al borde del desastre. La mentira, la manipulación y la desinformación no podrán históricamente, desmeritar el gran esfuerzo que se ha hecho en este primer año de gobierno de la Patria Nueva. La verdad es revolucionaria y como la luz del sol siempre estará brillando.
Claro, hay que reconocer, finalmente que aún queda una extensa agenda de situaciones concretas y de muy específicos problemas que agobian a nuestro pueblo y que, insoslayablemente, tenemos que resolver: desempleo, seguridad social y ciudadana, justicia, entre otros. Se requiere la participación y la contribución de todos los que amamos, realmente, a esta Patria. Despotricar y quedarnos de brazos cruzados ante los inminentes problemas nacionales no es solución que resuelva problema alguno en nuestro medio. Cuidado con los falsos predicadores del discurso de la Patria Nueva. Nosotros sí hemos creído en la posibilidad de construirla y damos votos de aplauso por el Presidente Torrijos que ha dado muestras palpables y evidentes de que ésta quede verificada al terminar su período presidencial. Los cimientos ya están echados: transparencia y rectitud en el manejo de la cosa pública.

101 años de Panamá América

 
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