Estados Unidos: elecciones cruciales
Hace más de dos siglos, Benjamin Franklin, uno de los fundadores de Estados Unidos de América, hizo referencia a una imagen del sol en el horizonte, tallada en la silla de George Washington. "No estoy seguro si ese sol es naciente o poniente, pero al verlo largo rato, estoy feliz de que éste es un nuevo amanecer", enfatizó el estadista, cuando se logró firmar la Constitución Federal de 1787 y se consolidó la Independencia de la Unión Americana.
La democracia y el sistema de gobierno de Estados Unidos han sido modelo de aplicación por parte de muchas naciones. Empero, nada es perfecto. Es necesario el equilibrio de poderes y se requiere que los dirigentes políticos sean cambiados regularmente para seguir la dinámica del Estado. Por eso, para evitar que "se eclipse el sol de la democracia" que mencionó Benjamín Franklin, hay que recurrir a la transición democrática de poderes.
La gran superpotencia norteña basa su poder político en la democracia y el proceso "transparente" de las elecciones, tanto de Presidente, congresistas y gobernadores, además de los directivos de gobiernos estatales, etcétera.
Mañana, 5 de noviembre, Estados Unidos vuelve a poner en valía su proceso electoral, algo ya cuestionable y polémico tras las complicadas elecciones del 2000, cuando hubo un empate técnico entre George W. Bush, del Partido Republicano, y Albert Gore, del Partido Demócrata. Poco después, se supo que ganó Bush por muy escaso margen.
En las llamadas "elecciones de mitad de período" (puesto que tienen lugar en la mitad del mandato presidencial de 4 años), los norteamericanos elegirán la totalidad de la Cámara de Representantes, de 435 miembros, que se renueva cada 2 años.
Por otro lado, en el Senado, se elige un tercio de los 100 miembros; es decir, 34 bancas, 20 de las cuales están en manos de los republicanos y 14 en las de los demócratas. Para nadie es un secreto que George W. Bush busca ganar fuerza tanto dentro del Senado norteamericano, como en los votos electorales en los Estados, consolidando poder con la elección de gobernadores afines al Partido Republicano. Por eso, está en juego la mayoría demócrata del Senado. Los seguidores del presidente Bush se encuentran actualmente en desventaja, por una diferencia de apenas una escaño.
Mientras, los republicanos intentan controlar Estados bajo dominio demócrata: 36 de los 50 estados eligen gobernador. Ocho de ellos son los más poblados: California, Florida, Illinois, Michigan, New York, Texas, Ohio, Pensilvania y Texas.
Un punto a favor de la causa republicana ha sido enfocar en la opinión pública estadounidense los factores internacionales como hechos claves para promocionar la campaña electoral. Tan sólo a seis meses de subir al poder en difíciles circunstancias políticas, Bush se encontró con la tragedia del 11 de septiembre de 2001. Los atentados terroristas generaron una sensación de patriotismo sin igual poco visto. Muchos norteamericanos alabaron la promulgación de la Doctrina Bush: lo de la guerra preventiva, además de la lucha contra el terrorismo internacional.
Por supuesto, para el Partido Demócrata, la concentración de los temas internacionales de la política exterior norteamericana afectó su campaña electoral. Los dirigentes demócratas aceptan, en parte, la lucha contra el terrorismo, pero no avalan lanzar una guerra preventiva contra el régimen dictatorial de Sadam Hussein.
Los demócratas sí tratan de concentrar el interés de los norteamericanos en temas locales, internos en Estados Unidos, como el desempleo, que alcanza cifras de hasta 7% (en un país de 260 millones de personas, es algo inaudito), la delincuencia y la inseguridad pública, además de la economía, la cual sufre terribles consecuencias tras la caída de grandes conglomerados empresariales, producto no sólo del 11 de septiembre, sino también de los desfalcos y la corrupción ejecutiva privada (como el caso ENRON y WorldCom).
También será crucial el voto de los ciudadanos de origen latinoamericano, puesto que muchos de ellos tienen más vocación hacia la política que los anglosajones estadounidenses y los afroamericanos. Recordemos que cerca de 36 millones de latinos viven en la Unión Americana, de los cuales casi la mitad votan.
Estimamos que Bush logrará el control del Senado, algo que le permitirá amplias maniobras para aplicar sus políticas internas y externas: por un lado, un Congreso de dos cámaras bajo control republicano facilitará la aplicación de los futuros acuerdos de libre comercio con América Latina, mientras que en el tema estratégico-militar, ya no habrá oposición a posibles ataques preventivos contra naciones "peligrosas" como Irak, Irán y Norcorea. También, Bush tendrá poder de maniobra para intervenir en otros conflictos como Colombia y Medio Oriente, sin virtual bloqueo de los demócratas.
La democracia y el sistema de gobierno de Estados Unidos han sido modelo de aplicación por parte de muchas naciones. Empero, nada es perfecto. Es necesario el equilibrio de poderes y se requiere que los dirigentes políticos sean cambiados regularmente para seguir la dinámica del Estado. Por eso, para evitar que "se eclipse el sol de la democracia" que mencionó Benjamín Franklin, hay que recurrir a la transición democrática de poderes.
La gran superpotencia norteña basa su poder político en la democracia y el proceso "transparente" de las elecciones, tanto de Presidente, congresistas y gobernadores, además de los directivos de gobiernos estatales, etcétera.
Mañana, 5 de noviembre, Estados Unidos vuelve a poner en valía su proceso electoral, algo ya cuestionable y polémico tras las complicadas elecciones del 2000, cuando hubo un empate técnico entre George W. Bush, del Partido Republicano, y Albert Gore, del Partido Demócrata. Poco después, se supo que ganó Bush por muy escaso margen.
En las llamadas "elecciones de mitad de período" (puesto que tienen lugar en la mitad del mandato presidencial de 4 años), los norteamericanos elegirán la totalidad de la Cámara de Representantes, de 435 miembros, que se renueva cada 2 años.
Por otro lado, en el Senado, se elige un tercio de los 100 miembros; es decir, 34 bancas, 20 de las cuales están en manos de los republicanos y 14 en las de los demócratas. Para nadie es un secreto que George W. Bush busca ganar fuerza tanto dentro del Senado norteamericano, como en los votos electorales en los Estados, consolidando poder con la elección de gobernadores afines al Partido Republicano. Por eso, está en juego la mayoría demócrata del Senado. Los seguidores del presidente Bush se encuentran actualmente en desventaja, por una diferencia de apenas una escaño.
Mientras, los republicanos intentan controlar Estados bajo dominio demócrata: 36 de los 50 estados eligen gobernador. Ocho de ellos son los más poblados: California, Florida, Illinois, Michigan, New York, Texas, Ohio, Pensilvania y Texas.
Un punto a favor de la causa republicana ha sido enfocar en la opinión pública estadounidense los factores internacionales como hechos claves para promocionar la campaña electoral. Tan sólo a seis meses de subir al poder en difíciles circunstancias políticas, Bush se encontró con la tragedia del 11 de septiembre de 2001. Los atentados terroristas generaron una sensación de patriotismo sin igual poco visto. Muchos norteamericanos alabaron la promulgación de la Doctrina Bush: lo de la guerra preventiva, además de la lucha contra el terrorismo internacional.
Por supuesto, para el Partido Demócrata, la concentración de los temas internacionales de la política exterior norteamericana afectó su campaña electoral. Los dirigentes demócratas aceptan, en parte, la lucha contra el terrorismo, pero no avalan lanzar una guerra preventiva contra el régimen dictatorial de Sadam Hussein.
Los demócratas sí tratan de concentrar el interés de los norteamericanos en temas locales, internos en Estados Unidos, como el desempleo, que alcanza cifras de hasta 7% (en un país de 260 millones de personas, es algo inaudito), la delincuencia y la inseguridad pública, además de la economía, la cual sufre terribles consecuencias tras la caída de grandes conglomerados empresariales, producto no sólo del 11 de septiembre, sino también de los desfalcos y la corrupción ejecutiva privada (como el caso ENRON y WorldCom).
También será crucial el voto de los ciudadanos de origen latinoamericano, puesto que muchos de ellos tienen más vocación hacia la política que los anglosajones estadounidenses y los afroamericanos. Recordemos que cerca de 36 millones de latinos viven en la Unión Americana, de los cuales casi la mitad votan.
Estimamos que Bush logrará el control del Senado, algo que le permitirá amplias maniobras para aplicar sus políticas internas y externas: por un lado, un Congreso de dos cámaras bajo control republicano facilitará la aplicación de los futuros acuerdos de libre comercio con América Latina, mientras que en el tema estratégico-militar, ya no habrá oposición a posibles ataques preventivos contra naciones "peligrosas" como Irak, Irán y Norcorea. También, Bush tendrá poder de maniobra para intervenir en otros conflictos como Colombia y Medio Oriente, sin virtual bloqueo de los demócratas.