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Estados Unidos en la cumbre de las Américas


Corresponsal de El Panamá América en Washington
La próxima cumbre de las Américas, que se celebrará en Santiago de Chile en abril próximo, debería ser un momento de definición para la nueva política hemisférica del gobierno del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton.
Sin embargo, la esperanza de que el gobierno de Clinton pudiera reencarnar la gloriosa tradición de la política interamericana de dos de sus predecesores demócratas, Franklin D. Roosevelt y John F. Kennedy, se está desvaneciendo.
Por el momento no se vislumbra ninguna iniciativa capaz de inspirar la reunión con nuevas iniciativas y de convencer a los otros 33 gobiernos de un nuevo dinamismo en la política de Washington, según los observadores aquí.
"En política exterior, Clinton carece de una visión o estrategia coherente y de largo alcance", escribe el venezolano Moisés Naim, dando voz a un consenso de prestigiosos académicos publicado en el nuevo número de la revista Foreign Policy, publicada por el Carnegie Endowment for International Peace.
Nadie esperaba el retorno a una política del Buen Vecino de los tiempos de Roosevelt o de una Alianza para el Progreso con la que Kennedy se conquistó la simpatía de los latinoamericanos.
"Es cierto que los tiempos han cambiado y como no hay guerra fría, Washington ya no considera necesario desembolsar grandes sumas para estimular el desarrollo económico y social", observó el politólogo colombiano Fernando Cepeda, actual embajador de su país ante la Organización de los Estados Americanos (OEA).
"Lo que nos preocupa es que la mentalidad de la guerra fría ha sido reciclada contra otros enemigos, como el narcotráfico, donde estamos presenciando actitudes unilaterales que no conducen al fortalecimiento de la cooperación regional, que debiera ser nuestro principal objetivo".
En las reuniones preparatorias de los vicecancilleres, como la que se realiza esta semana en Cancum, México, Estados Unidos no ha formulado ningún programa coherente desde que el Congreso rehusó darle a Clinton la autoridad que solicitaba para impulsar las negociaciones para un tratado de libre comercio continental, dicen los observadores.
"Es cierto que durante sus recientes viajes a la región Clinton trató de promover un nuevo clima de amistad y cooperación", declaró un canciller que pidió anonimato al enviado de El Panamá América. "En la práctica, sin embargo, Estados Unidos no ha logrado satisfacer las nuevas esperanzas de los países latinoamerianos".
Hace sólo algunas semanas esta preocupación era apenas un susurro. Ahora, a tres meses de la Segunda Cumbre de las Américas los diplomáticos la expresan en voz alta: la política hemisférica del presidente Clinton no da señales ni de llegar a ser prioritaria, coherente ni tampoco de gran imaginación.
"Desde que perdió la batalla para impulsar el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), es como si la política hemisférica de Clinton ha perdido el aliento", comentó otro diplomático.
El origen de estas criticas es fácil de identificar: con la excepción de la situación fronteriza con México y la lucha contra el narcotráfico, los asuntos interamericanos carecen de urgencia o prioridad en la agenda de los funcionarios clave para la política exterior de Clinton.
En el artículo sobre la política hacia Latinoamérica publicado por Foreign Policy, el profesor Jorge Domínguez, director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Harvard, reconoce que existe "un profundo desencanto en la región", a pesar de la decidida intervención de Clinton en defensa de la democracia en Guatemala y Haití y de la estabilidad monetaria de México.
La crítica también conlleva nombre y apellido: la secretaria de Estado Madeleine Albright o el Asesor para la Seguridad Nacional, Samuel R. (Sandy) Berger, que dedican la mayor parte de su tiempo al Oriente Cercano, Irak, Bosnia, China y al ensanchamiento de la OTAN, han demostrado relativamente poco interés en los asuntos hemisféricos.
Por ejemplo, este periódico se enteró que la Casa Blanca ha decidido dar prioridad a la ampliación de la OTAN (añadiendo a la República Checa, Hungría y Polonia a la alianza occidental) y la consideración de los tratados contra armas químicas entre los tratados que enviara este mes al Senado. Como consecuencia, no le será posible antes de mayo o junio enviar al Tratado Interamericano contra la Corrupción que fue aprobado en un tiempo récord el año pasado por todos los países de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
"Estados Unidos fue quien propuso esta convención como uno de los mecanismos más importantes para defender la integridad y la transparencia de las inversiones, que deben fluir hacia la región para sostener su nuevo ritmo de crecimiento", señaló un funcionario del propio gobierno.
"Por eso hubiera sido importante para nosotros llegar a la Conferencia de Santiago con la Convención ratificada por nuestro Senado, especialmente cuando tenemos tan poco que contribuir en la cuestión del comercio".
Otro punto álgido es el número de importantes embajadas que han quedado vacantes, no sólo por la pugna que continúa entre Clinton y el presidente del comité de Relaciones Exteriores del Senado, Jesse Helms, sino por lo que muchos consideran es la indecisión y falta de atención a la materia dentro de la propia Blanca.
Un ejemplo típico es el caso de la embajada de Estados Unidos en Argentina, país que Clinton declaró "aliado estratégico" cuando visitó ese país en octubre y cuyo presidente, Carlos Menem, es considerado en círculos diplomáticos como "aliado incondicional" de Washington. No obstante, la embajada en Buenos Aires ha quedado en acefalía desde hace más de un año.
En defensa de su política, altos funcionarios del departamento de Estado rechazan estas críticas y resaltan "el tono constructivo" de las reuniones preparatorias para la cumbre. Como un ejemplo de las "decisiones constructivas" esperan de la cumbre de Santiago citan a planes para "dar un nuevo dinamismo y creatividad" a la OEA, especialmente en la lucha contra el narcotráfico y la reforma judicial a nivel continental, este último siendo una iniciativa argentina.
Jeffrey Davidow, el secretario adjunto para Asuntos Interamericanos señala que Clinton continuará la lucha para lograr el apoyo legislativo necesario para cumplir con la meta de impulsar el ALCA para el año 2005.
"Además resalta a propuesta de Chile, el país anfitrión, se ha decidido que la educación será quizás el tema más importante de la próxima cumbre, junto con los del fortalecimiento de la gobernabilidad democrática, la lucha contra la pobreza, así como la integración económica".
Independientemente se supo que efectivamente, en la última reunión cumbre del Mercosur en Montevideo el mes pasado, el presidente chileno Eduardo Frei instó a sus colegas a elaborar una agenda común y evitar que esta sea recargada con materias que más bien importan a los Estados Unidos, como fue la primera en Miami.

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