¿Estamos en crecimiento o desarrollo?
¿Panamá está creciendo económicamente? Pues sí. Las cifras no mienten cuando marcan alrededor de un 10% en la tasa de crecimiento.
Las inversiones extranjeras subieron a 2.500 millones el año pasado. Las recaudaciones de impuestos pasaron los 560 millones. El desempleo disminuyó. Es decir, hay más dinero circulando en la economía privada y el gobierno dispone de más recursos.
¿Panamá se está desarrollando? Pues no al nivel que requiere. Aunque el crecimiento económico es parte del desarrollo, puede darse el primero sin el segundo, tal como ocurre en la actualidad.
El crecimiento económico significa un incremento de ingreso, inversión, tasas de interés, nivel de consumo. El desarrollo, en cambio, es una serie de cambios cuantitativos y cualitativos que tiene como objetivo mejorar el nivel de vida de la población en su conjunto a través de las transformaciones en el sistema económico, político y social.
El desarrollo está basado en la concepción de la distribución de la riqueza, en la justicia distributiva que apunta a la superación de las causas de la desigualdad.
Panamá posee una de las sociedades más desiguales de América Latina, que es el continente más desigual del mundo. El 20% más rico concentra el 63% de las riquezas, mientras que el 20% más pobre apenas tiene el 1.5%.
Tenemos 40% de pobreza, el doble de Chile y Costa Rica, países que, invirtiendo proporcionalmente casi lo mismo en materia social, poseen la mitad de la pobreza que Panamá. Así, una tercera parte de la población rural y dos tercera partes de la población indígena panameña sobrevive con sólo un balboa al día.
El crecimiento económico no ha detenido el endeudamiento externo, y el país sigue siendo uno de los más centralistas del continente, pues sólo 0.7% del gasto público llega a los municipios, al mismo tiempo que aumenta el costo de la vida.
Se implementa la Red de Oportunidades, un programa positivo pues dota de un ingreso mínimo a 30 mil familias pobres y, sobre todo, conduce a mayor compromiso de esas familias con la salud y educación de sus miembros.
Pero la política social sigue siendo el eslabón más débil de la cadena, pues una parte importante de la justicia distributiva debe centrarse en la construcción participativa y eficiente de políticas públicas sostenibles y blindadas contra la corrupción que haga accesible salud, vivienda, seguridad, educación de cantidad y calidad a las comunidades. De esa manera, lo afirmó Benedicto XVI, recientemente: "El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. La atención a las reales exigencias del ser humano, el respeto de la dignidad de cada persona, la búsqueda sincera del bien común, son principios inspiradores que hay que tener presentes cuando se proyecta el desarrollo de una nación".
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