Estamos solos
Una rebelión de monjes budistas se levanta contra la dictadura militar que gobierna Birmania desde hace décadas. Los militares viven como reyes, rodeados de opulencia, inclusive, están construyendo una nueva capital llamada Naypyidaw, "Sede de Reyes". No puede ser visitada por extranjeros y mucho menos por periodistas.
Mientras los militares viven su sueño faraónico, suben los precios de la gasolina y el diesel; el gas comprimido para autobuses cuesta cinco veces más. Los aumentos afectan a los birmanos más pobres, ocasionando que se eleve también el precio del transporte público y desata reacción en cadena que eleva los precios del arroz y el aceite de cocina, acorralando a la población en un cerco de hambre.
Los monjes han tomado participación desde que el ejército usó la fuerza para dispersar manifestaciones en Pakokku, en el centro del país. Han salido a las calles, encabezado marchas, enfrentado balas. La lucha es desigual; algunos han sido asesinados, encarcelados y sitiados en sus templos convertidos ahora en bastiones de lucha. Es un levantamiento que está sacudiendo al mundo; es una lección que demuestra que, cuando es necesario, los que dicen ser representantes de Dios en la tierra deben demostrarnos en qué radica la fe que pretenden inculcarnos y las creencias que difunden.
En Panamá todo se está encareciendo, los productos de primera necesidad son casi inalcanzables; el pobre es cada día mas pobre, pero al mismo tiempo se promocionan millonarios proyectos, reconstrucciones de estadios, edificios de lujo, cintas costeras paradisiacas y se divulga un crecimiento económico que no alcanza a las clases humildes.
Los panameños no tenemos ese respaldo que se manifiesta en Birmania y nunca veremos a un líder espiritual encabezar una protesta por justas demandas del pueblo. Solamente nos queda convertir nuestra fe en acción ciudadana, porque estamos solos.