¿Estaremos llegando al final, tal como en Filipinas?
Panamá es un país donde pareciera que la principal enfermedad fuera la amnesia. Nos olvidamos de todo, de sucesos importantes, aunque los mismos hayan ocurrido sólo unos años atrás. Es algo que hacemos inconscientemente, aunque en ocasiones es mejor concluir que muchos lo hacen conscientemente. Este olvido permanente de la historia, es propio sobre todo los gobernantes, quienes con una regularidad que raya en lo absurdo, repiten y repiten los errores de sus antecesores, particularmente cuando son arnulfistas, que se olvidan de aquellas frases del Dr. Arnulfo Arias que no se cansaba de decirle a sus correligionarios que "la historia se repite en espiral."
Estamos viviendo unos días en que las denuncias sobre corrupción de funcionarios importantes del gobierno se multiplican a diestra y siniestra. No hay día en que no salga a relucir algún escándalo nuevo; pequeño o grande, pero que envuelve a altos funcionarios del gobierno; inclusive vemos que entre los mismos funcionarios se lanzan acusaciones sobre corrupción. Lo peor del asunto es que el país pareciera una nave a la deriva, ya que en el horizonte no se ve a nadie con interés de enderezar y poner orden en la nave del Estado. Como que a nivel presidencial no existe el interés en decidirse a tomar las riendas en una casa en que cada día las cosas marchan peor.
Dos hechos recientes aumentan la preocupación que siento sobre un desenlace tipo Filipinas que se pueda dar en el país y que, como todo cambio traumático, puede afectar el normal desarrollo nacional, con la secuela económica que ello conlleva, sobre todo para los que menos tienen y más aguantan.
El primero aparece en la columna del laureado columnista Guillermo Sánchez Borbón (11 de marzo, Opinión de La Prensa), quien públicamente ha señalado su apoyo al gobierno que preside la señora Moscoso, en donde dice "Le voy a dar un consejo a Mireya: descarte, como a una corvina podrida, al siniestro personaje que le hizo algunos favores durante la campaña (y ya se los cobró con creces). De lo contrario", sigue apuntando con su filoso artículo Sánchez Borbón, "un día de estos la va meter en un lío del que no podrá desintrincarse. Y de paso, fumigue el servicio diplomático y consular, porque está lleno de ratas que afean la imagen de nuestro país y son portadoras de las pulgas que son portadoras de la fiebre bubónica y de otras fiebres que no están precisamente en las sábanas."
Las durísimas advertencias de quien no puede decirse tiene ni pizca de PRD o algo que se le parezca, terminaron de aturdirme cuando vi la página 7 de El Universal del día siguiente, 12 de marzo, al describir, como si fuera una mafia, el círculo de poder de la presidenta Moscoso, incluyéndole, al estilo del Cartel de Cali, hasta el típico testaferro, colocando en ese lugar al ciudadano colombiano que aparece como el propietario de Hanta, S.A., la sociedad dueña del famoso helicóptero que se hundió (o hundieron) en las aguas del Pacífico, regresando de la mansión de descanso de la señora Presidenta en Punta Mala, Pedasí, provincia de Los Santos. A todo lo anterior se deben agregar las reiteradas denuncias de El Panamá América sobre lo que, precisamente, se está dando en Filipinas, en torno al manejo de los asuntos marítimos del país.
Cuando en Manila empezaron los avisos de corrupción del presidente Joseph Estrada, hubo quien llegó a decir que todo el problema se debía a la popularidad del actor convertido en presidente, sobre todo con las ciudadanas del sexo opuesto. Nadie pensó que a los pocos meses el carismático y populista presidente se vería forzado a renunciar por el clamor popular de los filipinos ante la cantidad de denuncias sobre corrupción que se vertieron en su contra. Similar situación se dio recientemente en el Perú y no demora que se dé algo parecido en Indonesia, todo provocado por la desmedida ambición de los gobernantes de enriquecerse a como de lugar a costa de los recursos públicos.
Pareciera que la memoria de los panameños es muy corta. A finales de la década de los ochenta (1986) el dictador Ferdinand Marcos tuvo que huir de Filipinas ante el clamor de su pueblo organizado en una especie de cruzada civilista, de la cual posteriormente nos copiamos los panameños para lanzar nuestra última acometida en contra del régimen militar de Noriega (1989). Para los que se han olvidado, en ese entonces, en el archipiélago filipino estaba en la embajada norteamericana un funcionario de nombre John Maisto, trasladado luego a Panamá durante los últimos años de los militares. Resulta que el mismo funcionario ocupa el cargo de Asesor de Asuntos Interamericanos en el nuevo gobierno de los Estados Unidos. Será necesario volver a recordarle a los arnulfistas, como tantas veces repitió el doctor Arias Madrid, que "la historia se repite en espiral."
Estamos viviendo unos días en que las denuncias sobre corrupción de funcionarios importantes del gobierno se multiplican a diestra y siniestra. No hay día en que no salga a relucir algún escándalo nuevo; pequeño o grande, pero que envuelve a altos funcionarios del gobierno; inclusive vemos que entre los mismos funcionarios se lanzan acusaciones sobre corrupción. Lo peor del asunto es que el país pareciera una nave a la deriva, ya que en el horizonte no se ve a nadie con interés de enderezar y poner orden en la nave del Estado. Como que a nivel presidencial no existe el interés en decidirse a tomar las riendas en una casa en que cada día las cosas marchan peor.
Dos hechos recientes aumentan la preocupación que siento sobre un desenlace tipo Filipinas que se pueda dar en el país y que, como todo cambio traumático, puede afectar el normal desarrollo nacional, con la secuela económica que ello conlleva, sobre todo para los que menos tienen y más aguantan.
El primero aparece en la columna del laureado columnista Guillermo Sánchez Borbón (11 de marzo, Opinión de La Prensa), quien públicamente ha señalado su apoyo al gobierno que preside la señora Moscoso, en donde dice "Le voy a dar un consejo a Mireya: descarte, como a una corvina podrida, al siniestro personaje que le hizo algunos favores durante la campaña (y ya se los cobró con creces). De lo contrario", sigue apuntando con su filoso artículo Sánchez Borbón, "un día de estos la va meter en un lío del que no podrá desintrincarse. Y de paso, fumigue el servicio diplomático y consular, porque está lleno de ratas que afean la imagen de nuestro país y son portadoras de las pulgas que son portadoras de la fiebre bubónica y de otras fiebres que no están precisamente en las sábanas."
Las durísimas advertencias de quien no puede decirse tiene ni pizca de PRD o algo que se le parezca, terminaron de aturdirme cuando vi la página 7 de El Universal del día siguiente, 12 de marzo, al describir, como si fuera una mafia, el círculo de poder de la presidenta Moscoso, incluyéndole, al estilo del Cartel de Cali, hasta el típico testaferro, colocando en ese lugar al ciudadano colombiano que aparece como el propietario de Hanta, S.A., la sociedad dueña del famoso helicóptero que se hundió (o hundieron) en las aguas del Pacífico, regresando de la mansión de descanso de la señora Presidenta en Punta Mala, Pedasí, provincia de Los Santos. A todo lo anterior se deben agregar las reiteradas denuncias de El Panamá América sobre lo que, precisamente, se está dando en Filipinas, en torno al manejo de los asuntos marítimos del país.
Cuando en Manila empezaron los avisos de corrupción del presidente Joseph Estrada, hubo quien llegó a decir que todo el problema se debía a la popularidad del actor convertido en presidente, sobre todo con las ciudadanas del sexo opuesto. Nadie pensó que a los pocos meses el carismático y populista presidente se vería forzado a renunciar por el clamor popular de los filipinos ante la cantidad de denuncias sobre corrupción que se vertieron en su contra. Similar situación se dio recientemente en el Perú y no demora que se dé algo parecido en Indonesia, todo provocado por la desmedida ambición de los gobernantes de enriquecerse a como de lugar a costa de los recursos públicos.
Pareciera que la memoria de los panameños es muy corta. A finales de la década de los ochenta (1986) el dictador Ferdinand Marcos tuvo que huir de Filipinas ante el clamor de su pueblo organizado en una especie de cruzada civilista, de la cual posteriormente nos copiamos los panameños para lanzar nuestra última acometida en contra del régimen militar de Noriega (1989). Para los que se han olvidado, en ese entonces, en el archipiélago filipino estaba en la embajada norteamericana un funcionario de nombre John Maisto, trasladado luego a Panamá durante los últimos años de los militares. Resulta que el mismo funcionario ocupa el cargo de Asesor de Asuntos Interamericanos en el nuevo gobierno de los Estados Unidos. Será necesario volver a recordarle a los arnulfistas, como tantas veces repitió el doctor Arias Madrid, que "la historia se repite en espiral."