Este año se puede
Por estas fechas comienza la peregrinación de miles de hombres, mujeres y niños ngöbes hacia las fincas cafetaleras. Nadie sabe la cifra exacta, pero los cálculos más conservadores estiman que alrededor de 25 mil personas se desplazan desde remotas comunidades, y caminan cientos de kilómetros en un vía crucis que los conduce de finca en finca por las tierras chiricanas y allende la frontera.
Familias enteras, incluyendo niños de meses y mujeres embarazadas, permanecen entre tres y seis meses viviendo en condiciones infrahumanas para ganar una mísera paga que muchas veces sólo alcanza para paliar el hambre del día, con el riesgo de enfermarse, sufrir accidentes graves y hasta perder la vida. Las peores condiciones están en Renacimiento, en decenas de fincas dispersas en territorio montañoso y caminos casi intransitables, desde donde no es fácil divisar los campamentos que alojan a los cosechadores.
En estos antros de horror se hacinan familias enteras, en cuartos que miden entre 6 y 9 metros cuadrados, carentes de ventilación. Encima de tablones de madera duerme toda la familia y, en muchos casos, en el mismo sitio también se cocina.
La peor parte la llevan los niños pequeños que padecen de diarreas, enfermedades respiratorias y cutáneas y, por supuesto, las mujeres que en ocasiones dan a luz en las barracas o en los mismos cafetales, mientras los centros de salud de Boquete y Renacimiento se ven desbordados por la afluencia de esta población flotante, sin que se tomen las medidas adecuadas para atenderla como es debido.
Este año todo debe cambiar. En primer lugar, no debe de haber niños de edad escolar en los cafetales. Las familias que participan en los Programas de Bonos Familiares y de Transferencias Monetarias de la Red de Protección Social se han comprometido a que los niños y niñas permanezcan en la escuela durante todo el año, además de tener al día sus vacunas. El MIDES debe asegurarse que se está cumpliendo fielmente con ese componente.
Además de sancionar a quienes no proveen las condiciones mínimas de higiene para sus trabajadores, el MINSA debe asignar los recursos para no lamentar situaciones que pueden prevenirse, como son las epidemias y las numerosas muertes de infantes. El Ministerio de Trabajo no tiene excusa para no hacer cumplir la ley, pues no existe argumento legal o moral para seguir tolerando el trabajo de los niños en una actividad considerada como una de las peores formas de explotación infantil.
Este año se puede poner fin a esta realidad terrible, si las autoridades gubernamentales cumplen con su deber y la autoridad eclesiástica de esa diócesis cumple con el suyo, de anunciar a los cristianos que por esos caminos anda Jesús, pobre y abandonado.