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Este es mi Hijo, escúchenlo


En este mundo tan bullicioso, escuchamos tantas voces que nos rodean. Algunas tormentosas, otras nos alteran, son menos las calmadas. Todo el mundo habla y habla. De política, de la vida ajena, del vecino, del hermano, otras se gozan en decir obscenidades, etc., y así un día y otro son voces como marejadas, que unos oyen y algunos ignoran.
En medio de toda esa algarabía, hay una voz, una voz única, bella, calmada, reposada, sin gritos, cariñosa, melodiosa, llena de sabiduría. Una voz que cuando habla callan todas las demás, y aunque siguen hablando, en este segundo domingo de Cuaresma, en el que leemos el Evangelio de la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor, el Padre nos dice desde la nube que escuchemos a su Hijo, su escogido, Jesús, el Mesías, el enviado.
Nuestro problema radica en que vivimos absortos en todo lo mundano y pocas veces hacemos silencio para escuchar la dulce voz de Jesús que quiere guiarnos con su mensaje y ejemplo hacia nuestra meta que es encontrarnos con nuestro Padre Celestial un día.
Por eso hagamos un programa y propósito para este tiempo de penitencia y conversión reconciliándonos con nuestro prójimo, nuestra familia, vecinos, comunidad y con Dios.
Porque si decimos sólo que nos reconciliaremos con Dios, nos será un poco fácil en cierta forma porque no lo vemos, por eso reconciliémonos primero con nosotros mismos y con nuestro hermano que vemos y con quien tenemos problemas y nos cuesta perdonar, porque nos cae tan mal y apenas damos los buenos días, al verlo.
Escuchemos el programa que Jesús nos tiene, con atención y caminaremos con pasos seguros por senderos de justicia, amor y paz. Estemos atentos a la voz de Jesús, que nunca nos atormentará, ni nos fastidiará, porque es armoniosa y nos habla a través de las personas que nos quieren bien y quiere que seamos felices.
La voz de Jesús será consoladora porque aceptó todo ese sufrimiento que es motivo de nuestras reflexiones en este santo tiempo de Cuaresma. Seguiremos reflexionando.

101 años de Panamá América

 
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