default

Este pueblo nuestro


Este es un pueblo que hasta ahora parece ingobernable. Hemos pasado tantos años carentes de disci- plina que meternos en cintura no va a ser tarea fácil. Ojalá este gobierno lo consiga porque se nos están agotando las opciones liberales.

Nada demuestra mejor nuestro caracter indisciplinado que nuestro comportamiento vehicular.

Hace tiempo aprendí de mi hijo Manuel que existe un “lenguaje del tráfico” o sea un comportamiento vehicular que varía con las nacionalidades y que refleja el carácter de los pueblos (Me costó un par de colisiones para aprender el “lenguaje” de los milaneses). Inclusive el “lenguaje” varía dentro de un país. El comportamiento del napolitano es distinto al del milanés. En Suecia, demostrando ser un país disciplinado, el motociclista obedece las mismas reglas de tráfico vehicular que los autos; son incapaces de adelantarse irresponsablemente al vehículo de enfrente o circular entre las filas de autos como lo hacemos aquí y en Roma, por ejemplo. En Alemania, otro pueblo disciplinado, se respetan las reglas de tráfico aún entre los peatones, a quienes no se les ocurre cruzar una vía sin la señal verde aún sin que haya autos en circulación.

Aquí en Panamá impera el desorden, la hostilidad hacia el peatón, el “voy por fuera”, “el juega vivo”, “el que parpadea pierde”, “el no voy” en fin, el irrespeto total a las leyes y al derecho de los otros. Este vacío de disciplina, esa ausencia de respeto al buen orden y a la ley es un reflejo de nuestro comportamiento en general. Vivimos sin miedo a las consecuencias, porque generalmente no las hay. No es necesario extendernos en ilustraciones, solo bastan unos pocos ejemplos de nuestro comportamiento vehicular:

• En todo país disciplinado indicar con la luz direccional en una vía de varios carriles sirve para advertir a los autos que nos siguen nuestra intención de cambiar de carril y los conductores que te siguen respetan tu intención. Aquí no; sucede todo lo contrario. Aquí el mensaje es señal para que el auto que te sigue o el que está dos o tres puestos detrás, tome la delantera, se adelante y bloqueé tu movimiento. Típico “juega vivo”. Por eso pocos usan la flecha direccional en las carreteras, para evitar la usual obstrucción de tu maniobra, lo que es aun más peligroso.

• En todo país disciplinado la luz amarilla significa disminuir la velocidad pues el tráfico se va a detener. Aquí significa “métele el pie que viene la roja” con consecuencias a veces fatales y el consabido tranque.

• Pocos respetan la luz roja ni la presencia de policías los amedrenta.

• En todo país disciplinado el conductor de un vehículo de transporte selectivo o colectivo protege a su cliente y maneja con cuidado, se detiene en los lugares designados o seguros pues un accidente fatal tiene consecuencias serias para el conductor y el propietario de la empresa. No es necesario perder el tiempo explicando lo que sucede aquí.

Son solo unos ejemplos. Estoy seguro que Uds. conocen muchos más.

Finalmente a mi retorno a Panamá veo unas modalidades nuevas para mí. Observo que muchos autos han tomado la costumbre de cubrir sus placas con papel ahumado; se me explica, para evitar ser registradas por las nuevas cámaras de vídeo. Si eso es cierto, es un claro mensaje de que los conductores de esos autos piensan violar la ley ¿por que no los detienen? Lo he visto en taxis y carros particulares que circulan ante la complaciente mirada de los policías de tránsito.

Una observación, los cascos protectores que usan muchos motociclistas, muy similar a los cascos de protección de los bateadores de béisbol, son muy “chéveres”, pero muy peligrosos; no ofrecen la protección debida. En Europa están prohibidos. El casco correcto es el que protege el mentón, la parte más expuesta en una caída accidental. Las autoridades deben tomar nota.

Cambiar nuestra cultura y convertirnos en una sociedad respetuosa de la ley y el derecho de los otros requiere un gran esfuerzo sostenido de los gobiernos y la sociedad civil. En cierta medida requiere crear una nueva persona, empezando desde la niñez. A veces pienso que no lo lograremos con estas generaciones y que quizás habría que empezar de cero con las próximas. Ruego a Dios que el nuevo gobierno cure mi pesimismo, probándome equivocado y no suceda como lo del el Rey Sol que muriendo sentenció: “después de mí, el diluvio”.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América