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Estrategia 2004


El 29 de mayo de 1999 salió a la luz el artículo de opinión: "Estrategia de una campaña". En su párrafo final leía: "ya conocemos al Presidente del 2004". Nuestro lema de aquella campaña "Mireya es el Cambio" era sumamente poderoso. Enviaba un mensaje de esperanza a un pueblo golpeado. Además, se había ganado la postulación en elecciones primarias dentro del Partido Arnulfista, reforzando aún más su liderazgo, producto de varios años de caminar el país entero varias veces junto a personas como George Weeden, Mercedita Villalaz y muchos otros que le apoyamos sin reservas.
El resultado del 2 de mayo, pero de 1999, fue similar al de hace una semana, sólo cambiaron algunos actores. Martín asumió la misma posición hace 5 años que Mireya hace diez, aceptó su derrota y se comprometió consigo y su partido a vencer en los siguientes comicios. Pero, su "estrategia de campaña" superó cualquier expectativa; visitó a sus copartidarios, organizó su partido, enalteció su proyección de partido democrático y con humildad se dirigió a los panameños con su positivo discurso, "Sí se puede".
Importante recordar la sanción de la Ley 60 de 17 de diciembre de 2002, mediante la cual reforma el Código Electoral. Dos reformas fueron claves: eliminó las primarias obligatorias para la postulación del candidato a Presidente de la República y la de la reforma propuesta que exigía la votación secreta en cualquier mecanismo de postulación de candidatos a cargos de elección popular dentro de los partidos. Estos dos cambios fueron propuestos por el Ejecutivo.
A pesar del beneficio que le otorgaba la Ley 60, con un liderazgo incuestionable, Torrijos convocó a elecciones primarias para que su membresía, democráticamente, escogiese a los candidatos a puestos de elección popular y se postula para la candidatura presidencial, misma que gana tras una caliente disputa contra otras tres figuras.
Los estrategas de la campaña de Alemán comprendieron tardíamente que para tener posibilidad de ganarle la presidencia a Martín, quien siempre marcó primero en las encuestas, el electorado no PRD tenía que percibir que Alemán ocupaba el segundo lugar. Esto nunca lo lograron. Quemaron sus cartuchos en contra de Martín cuando en verdad su contrincante inicial era Endara y un no despreciable 6% de Martinelli.
Los ataques se convertían en boomerang, regresando con fuerza para debilitar aún más la candidatura oficialista, cuestionada desde un principio, excepto por los propios protagonistas. Estos ataques más que debilitar a Martín, lo victimizaron. La historia se repitió en espiral.
El lenguaje tampoco fue el indicado. Hablar de fuerzas civilistas y de narcodictadura a un primer votante que tenía tres años de edad en 1989, que ni siquiera recuerda cómo sonaban las balas que entraban por los techos o cómo se veían las trazadoras, ni cómo quedó El Chorrillo reducido a escombros durante la invasión, fue una equivocación. Esa época nunca regresará mientras se practique la democracia a lo interno de los partidos políticos y en los procesos electorales nacionales. Los panameños volteamos esa página de la historia que debemos recordar sólo para no repetirla, mas no utilizarla como elemento de descalificación.
Quiérase o no hubo una nueva generación que entró al ruedo político, a quien le interesa muy poco el pasado, pero que mira con preocupación y esperanza el futuro. Esa juventud rebelde y emprendedora nunca recibió ese mensaje positivo, a pesar de los esfuerzos que hacía José Miguel por llevar una campaña de propuestas.
Por su lado, Endara, bajo el paraguas de Solidaridad, proyectó mucho mejor su candidatura. Si bien el ex presidente rompió de plano con la cúpula arnulfista, fue muy cauteloso en no ofender a las bases, consciente de que esos votos silenciados por las circunstancias, se convertirían en un importante caudal, pero no lo suficiente para ganar. Recurrió con tino a los independientes que veían con recelo votar por cualquiera de los partidos tradicionales, como bien acuñó Martinelli, mas ni aún así cambiarían la historia no escrita, pero anunciada, del proceso electoral.
Y para enriquecer la elección presidencial, se postula Martinelli, quien rompiendo los moldes de proselitismo político, hizo una campaña en donde entrar en empatía con el pueblo fue su estrategia y así se dispuso a experimentar las diversas ocupaciones que desempeñan los que menos tienen: recoger basura, planchar, hacer pan, manejar bus, taxi y hasta cambiar su yate por un bongo en pos de peces. Echó la red capturando votos que le dan la subsistencia presidencial, muy por encima del Partido Popular, MOLIRENA y Liberal, siendo estos dos últimos los grandes perdedores. Si su voluntad por ser Presidente perdura allende a la pasada campaña, la próxima se perfila muy interesante.
A diferencia de hace cinco años, aún no reconocemos al Presidente del 2009, pero confío en que saldrá de la nueva visión de país que presagia cambios estructurales importantes en pro de una democracia participativa e incluyente.

101 años de Panamá América

 
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