Estrategias de una campaña II
En junio de 1999 escribí un artículo intitulado "Estrategias de una campaña". Revelé los esfuerzos que hicimos un grupo de panameños para orientar la opinión electoral hacia nuestra candidata. Corría enero de 1999 y las encuestas indicaban que el 44% votaría por Martín y que no más del 25% lo haría por la candidata de Unión por Panamá. Descubrimos que el 17% de los encuestados, cuya intención de voto se inclinaba por Martín o Alberto, votarían por Moscoso con una condición: tenían que verla y escucharla respondiendo preguntas ante las cámaras y que esa presentación tenía que ser tan solo aceptable. Se trabajó con ahínco en la preparación, y a partir del 18 de marzo de aquel año, la ciudadanía se volcó en favor de la "candidata del pueblo" luego de su aparición en el programa La Mira. Su imagen se reforzó en representaciones ante la Cámara de Comercio y CADE "99. Ricardo Samaniego abrió el programa de juventudes para que Moscoso tuviese contacto directo con la población de 18 a 30 años, contacto necesario para restarle votos jóvenes a Martín. Este escenario estratégico se complementó con una campaña sistemática de medios. El mote a Martín, "el continuismo" de las supuestas políticas equivocadas del gobierno que representó, cayó como anillo al dedo, y cargó con todo lo que representaba corrupción, nepotismo, inseguridad jurídica y ciudadana, concesiones, negociados y todo aquello negativo de lo cual se habla hoy día.
La historia se repite en espiral, decía el doctor, y quien no la recuerde sufrirá las mismas fatalidades de sus antecesores. ¿Qué diferencia la campaña de 1994 con la de 1999? Simple. Que en 1994 la nómina presidencial se decidió la noche del 21 de enero, con un margen de horas previas a la convención de postulación presidencial del Partido Arnulfista en el Parque de Santa Ana. Arnulfo Escalona Ríos y el suscrito tuvimos que influir apresuradamente en el voto de los convencionales de nuestros partidos a la nómina, mientras MOLIRENA, aún en gobierno, lanzaba candidato propio. La candidatura de Mireya para 1999, se promulgó la madrugada del 9 de mayo de 1994, cuando reconocimos el triunfo de Pérez Balladares. Fueron cinco años de campaña política, "Mireya es el Cambio" prometía el slogan.
El PRD aprendió la lección y Torrijos lleva 3 años de proselitismo intenso, pero con tendencia al desgaste, porque la ciudadanía percibe que participó directamente en los bochornosos escándalos legislativos que han sido motivo de indignación para los panameños. Candidatos a la presidencia y a la misma renovación del actual CEN de ese colectivo presagian intereses por disputarle la representación en las elecciones generales de mayo de 2004. La relación familiar no constituye óbice para aspiraciones, ya lo demostraron.
Por el otro lado Alberto espera. Sin pertenecer formalmente a ningún partido político, empata técnicamente a Martín en las encuestas de preferencias. Manifestó su inclinación por el arnulfismo, pero aún no se le ha permitido inscribirse para poder participar en la selección de los organismos de decisión del partido o en las elecciones primarias del 2003.
La ciudadanía clama, según las encuestas, por una tercera fuerza como alternativa a quienes detentan el poder y al torrijismo de tuerca y tornillo. Me pregunto si en vez de generar una tercera fuerza, que daría oportunidad al PRD de regresar al poder, ¿calaría un movimiento centrista a lo interno del arnulfismo, que capte lo mejor en conocimiento e imagen del partido, de nuestros aliados y de los panameños que no son políticos, quienes representan a la mayoría de los votantes? ¿Consolidaría esta alternativa la estabilidad laboral pública de los más humildes, imprimiéndole auge a políticas sociales exitosas pero con reformas a las económicas, incrementando la agilidad administrativa y la transparencia? ¿Repetiremos la equivocación de 1994 al no definir candidaturas ni alianzas con suficiente antelación o la de 1999 con candidatos estigmatizados por el continuismo? Estas preguntas retumban en la mente de muchísimas personas, como yo, que estamos preocupados por el devenir de nuestro Panamá, incluyendo, quizá, a los actuales dirigentes tanto de gobierno como partidistas.
Los partidos escogen convencionales, directorios, nuevos presidentes y secretarios. Incrementan adherentes buscando preferencias en nóminas y otros merman su caudal al asumir posturas rígidas y excluyentes. Mientras se eleva la temperatura política, el Tribunal Electoral advierte que los comicios del 2004 peligran y que la programación ya está desfasada por el retraso en la asignación de 3.1 millones de balboas. El otro tema que preocupa al Tribunal es el de reformas a las normas electorales, las que deberían discutirse y aprobarse lo más alejado posible del proceso electoral, más aún cuando ya cuentan con el consenso partidario.
Si existe una fecha claramente definida en nuestro calendario político es mayo de 2004, año de renovación de dos órganos de poder, Ejecutivo y Legislativo. Trabajemos para que nuestra democracia suceda sin sobresaltos ni sorpresas.
(teranjm@sinfo.net)
La historia se repite en espiral, decía el doctor, y quien no la recuerde sufrirá las mismas fatalidades de sus antecesores. ¿Qué diferencia la campaña de 1994 con la de 1999? Simple. Que en 1994 la nómina presidencial se decidió la noche del 21 de enero, con un margen de horas previas a la convención de postulación presidencial del Partido Arnulfista en el Parque de Santa Ana. Arnulfo Escalona Ríos y el suscrito tuvimos que influir apresuradamente en el voto de los convencionales de nuestros partidos a la nómina, mientras MOLIRENA, aún en gobierno, lanzaba candidato propio. La candidatura de Mireya para 1999, se promulgó la madrugada del 9 de mayo de 1994, cuando reconocimos el triunfo de Pérez Balladares. Fueron cinco años de campaña política, "Mireya es el Cambio" prometía el slogan.
El PRD aprendió la lección y Torrijos lleva 3 años de proselitismo intenso, pero con tendencia al desgaste, porque la ciudadanía percibe que participó directamente en los bochornosos escándalos legislativos que han sido motivo de indignación para los panameños. Candidatos a la presidencia y a la misma renovación del actual CEN de ese colectivo presagian intereses por disputarle la representación en las elecciones generales de mayo de 2004. La relación familiar no constituye óbice para aspiraciones, ya lo demostraron.
Por el otro lado Alberto espera. Sin pertenecer formalmente a ningún partido político, empata técnicamente a Martín en las encuestas de preferencias. Manifestó su inclinación por el arnulfismo, pero aún no se le ha permitido inscribirse para poder participar en la selección de los organismos de decisión del partido o en las elecciones primarias del 2003.
La ciudadanía clama, según las encuestas, por una tercera fuerza como alternativa a quienes detentan el poder y al torrijismo de tuerca y tornillo. Me pregunto si en vez de generar una tercera fuerza, que daría oportunidad al PRD de regresar al poder, ¿calaría un movimiento centrista a lo interno del arnulfismo, que capte lo mejor en conocimiento e imagen del partido, de nuestros aliados y de los panameños que no son políticos, quienes representan a la mayoría de los votantes? ¿Consolidaría esta alternativa la estabilidad laboral pública de los más humildes, imprimiéndole auge a políticas sociales exitosas pero con reformas a las económicas, incrementando la agilidad administrativa y la transparencia? ¿Repetiremos la equivocación de 1994 al no definir candidaturas ni alianzas con suficiente antelación o la de 1999 con candidatos estigmatizados por el continuismo? Estas preguntas retumban en la mente de muchísimas personas, como yo, que estamos preocupados por el devenir de nuestro Panamá, incluyendo, quizá, a los actuales dirigentes tanto de gobierno como partidistas.
Los partidos escogen convencionales, directorios, nuevos presidentes y secretarios. Incrementan adherentes buscando preferencias en nóminas y otros merman su caudal al asumir posturas rígidas y excluyentes. Mientras se eleva la temperatura política, el Tribunal Electoral advierte que los comicios del 2004 peligran y que la programación ya está desfasada por el retraso en la asignación de 3.1 millones de balboas. El otro tema que preocupa al Tribunal es el de reformas a las normas electorales, las que deberían discutirse y aprobarse lo más alejado posible del proceso electoral, más aún cuando ya cuentan con el consenso partidario.
Si existe una fecha claramente definida en nuestro calendario político es mayo de 2004, año de renovación de dos órganos de poder, Ejecutivo y Legislativo. Trabajemos para que nuestra democracia suceda sin sobresaltos ni sorpresas.
(teranjm@sinfo.net)