Estrategias mediáticas
Las pautas televisivas han sido para esta contienda electoral el medio más eficaz para inducir la intención de voto. Al parecer, la sociedad panameña hace suya formas de conducta construidas por los medios de comunicación, es decir, el panameño busca amoldarse cada día más a lo que ve, escucha, en la televisión, radio e Internet que lo que pueda construir en un proceso de interacción mutua con las demás personas.
La política parece cada día despersonalizarse; los candidatos, si tienen la opción de brindar un apoyo económico a candidaturas de base para promover su perfil sin necesidad de apersonarse a los electores, no dudan en asistirse de sus recursos para tal fin.
La realidad como elemento objetivo de conocimiento sucumbe ante lo virtual, lo no presencial, quizás es porque se puede jugar más con lo que desea una persona, alimentándole expectativas que tal vez la realidad no permita cumplir. Todo aquel que desea, sueña, aspira, puede ser objeto de engaño.
Lo interesante será analizar cuando se está ante un engaño televisivo. Lo más lógico es pensar que lo que se presenta no se corresponde con circunstancias reales, eso es un trazo del panorama; lo otro es qué quiere consumir el electorado televidente.
El jefe de campaña de Ricardo Martinelli ha estudiado detenidamente la cultura consumista mediática del electorado, siendo una de sus principales estrategias el impacto de los mensajes, adelantarse a los hechos; en fin, aplicar el principio de oportunidad.
La campaña de corazón ha adolecido de sentido práctico en su contra argumentación mediática; se han planteado campañas televisivas a raíz de los argumentos de la otra, no así engendrado ideas contundentes. Es más, todo el concepto de campaña del cambio ha nacido de elementos o circunstancias brindadas por los propios referentes perredistas. Es decir, han y siguen alimentando al lobo que se los quiere comer.