Estrategias, no estratagemas
La gestión moderna de los asuntos públicos no puede confiarse a las sensaciones. Cuando se trata de enfrentar el delito, las autoridades no pueden guiarse por la anécdota y la percepción que tienen algunos.
Tampoco la lucha contra el delito se realiza sobre la base de opiniones bien intencionadas. El delito, como la economía, debe ser materia de estudio y las propuestas de las autoridades para combatirlo deben estar fundamentadas en patrones de conducta comprobados.
Si las autoridades rehúsan mostrar los estudios que fundamentan sus planes, debemos suponer que tales fundamentos no existen, o que los estudios concluyen algo muy distinto de lo que se propone. Los supuestos planes de acción no serían así más que un ardid político para causar una impresión pública de que se va a hacer algo, cuando en realidad no hay conexión real entre lo que se plantea como solución y el problema que se busca remediar.
Si las autoridades de seguridad se comportan de acuerdo a las "sensaciones colectivas" y las "impresiones generalizadas" acerca de la actividad criminal, los cacos de siempre encontrarán la vía libre para seguir operando con impunidad, y hasta para ampliar sus operaciones. Si en vez de diseñar estrategias para prevenir y perseguir la actividad criminal, se ponen en juego estratagemas para atender el clamor popular y quedar bien con los que vociferan todos los días, los capos del crimen verán su poder e influencia acrecentarse.
Es verdad que el aumento en la criminalidad se manifiesta a través del incremento en el número de reportes de incidentes delictivos que registran las distintas instancias (PTJ, Policía, Fiscalías), pero lo verdaderamente importante es desentrañar las causas del fenómeno y no solo constatar sus cifras. ¿Cuándo las autoridades se organizarán estratégicamente contra el crimen organizado?
¿O es que piensan seguir corriendo detrás de los ladrones?