¿Estudiantes o maleantes?
Uno puede tener la opinión y expresar lo que quiera sobre la garita de cobros de estacionamientos en Isla Flamenco. Es más, uno puede denunciar y acudir a las autoridades para que cese de operar. Lo que no es permisible es demolerla a golpe de mazo por facinerosos quienes dijeron pertenecer a un grupo de estudiantes universitarios.
Previamente, gente disconforme con la garita, había puesto una queja por ilegalidad ante la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), que dio los terrenos en concesión a unos inversionistas. Y esa entidad resolvió en Derecho, ordenando el cese del cobro. Los empresarios interpusieron recurso de reconsideración, y la ARI confirmó su decisión. La empresa tiene ahora abierta la vía contencioso administrativa ante la Corte Suprema o puede acudir en amparo de garantías, si se le perturba mientras agota los recursos legales.
Parsimoniosas o no, nos agraden o no, esas son las reglas civilizadas de un estado de derecho, que no es lo mismo que la barbarie de los mazos. Nadie debe hacer justicia por su propia mano. Para eso están los jueces y las autoridades.
Los supuestos estudiantes, con apariencia de rufianes, fueron transportados en un flamante "diablo rojo", pagado por quién sabe quién, el cual les iba perfecto con la pinta que lucían; todos seguramente con anémico índice académico y peor intelecto. Dijeron pertenecer al grupo "Pensamiento y Acción Transformadora". ¿Qué "pensamiento" puede abrigar quien maneja un mazo y no la razón? y ¿Qué "transformación" persigue, que no sea la anarquía?
Por lo demás, fue lamentable el papel de la Policía, que presenció pasiva la demolición; y no intervino sino cuando el grupo se dirigió a las oficinas de la ARI. Hizo lo mismo cuando se saqueó frente a sus narices un supermercado en la 24 de Diciembre, tras un incendio. Igual de reprochable fue que el rector de la Universidad, Gustavo García de Paredes, presidente de la directiva de la entidad, dispusiera la liberación de los detenidos. Y lo peor fue el sentido de la impunidad; el saberse por encima de la ley y la autoridad, lo cual da un pésimo ejemplo y es abono fértil para el caos.
Previamente, gente disconforme con la garita, había puesto una queja por ilegalidad ante la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), que dio los terrenos en concesión a unos inversionistas. Y esa entidad resolvió en Derecho, ordenando el cese del cobro. Los empresarios interpusieron recurso de reconsideración, y la ARI confirmó su decisión. La empresa tiene ahora abierta la vía contencioso administrativa ante la Corte Suprema o puede acudir en amparo de garantías, si se le perturba mientras agota los recursos legales.
Parsimoniosas o no, nos agraden o no, esas son las reglas civilizadas de un estado de derecho, que no es lo mismo que la barbarie de los mazos. Nadie debe hacer justicia por su propia mano. Para eso están los jueces y las autoridades.
Los supuestos estudiantes, con apariencia de rufianes, fueron transportados en un flamante "diablo rojo", pagado por quién sabe quién, el cual les iba perfecto con la pinta que lucían; todos seguramente con anémico índice académico y peor intelecto. Dijeron pertenecer al grupo "Pensamiento y Acción Transformadora". ¿Qué "pensamiento" puede abrigar quien maneja un mazo y no la razón? y ¿Qué "transformación" persigue, que no sea la anarquía?
Por lo demás, fue lamentable el papel de la Policía, que presenció pasiva la demolición; y no intervino sino cuando el grupo se dirigió a las oficinas de la ARI. Hizo lo mismo cuando se saqueó frente a sus narices un supermercado en la 24 de Diciembre, tras un incendio. Igual de reprochable fue que el rector de la Universidad, Gustavo García de Paredes, presidente de la directiva de la entidad, dispusiera la liberación de los detenidos. Y lo peor fue el sentido de la impunidad; el saberse por encima de la ley y la autoridad, lo cual da un pésimo ejemplo y es abono fértil para el caos.