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Estulticia opositora


Para quienes la política en Panamá es una forma de vida y también un negocio, el entendimiento de ella lo reducen a un entremés, como una forma de desviarla de su esencia. Esto explica la pobre actuación del político  y la razón fundamental del pésimo papel que asume. Por el lado del oficialismo, el interés por preservar el poder constituye su misión principal sin  evaluar -con cientificidad- la gestión realizada. Para ello, arbitra mecanismos que permitan la asimilación de su “aparente eficiencia”. 

 

La forma selectiva y excluyente como se ha administrado la cosa pública, y el afianzamiento de los índices delincuenciales y violencia, corrupción galopante a la par del desempleo, pobreza, y encarecimiento de la vida, dan cuenta de que la acción de gobernar no ha sido del todo exitosa. Mostrar el “crecimiento económico” como parte de un discurso que busca convencer -pero no de resolver- es, de igual forma, parte de la táctica para acondicionar mentalidades a favor del “éxito gubernamental”. Ello explica la reserva con que gran parte de la comunidad observa al gobierno PRD.

 

No obstante, el panorama bastante sombrío de la mal llamada “oposición” encuentra un discurso incoherente, insustancial, anémico y hasta folklórico. El planteamiento de que no es necesaria la unificación de los sectores opositores para triunfar en las elecciones venideras es indicativo de la estulticia de esa mal identifica “fuerza opositora”.

 

El argumento ilusorio de que en un pasado pudo triunfar no teniendo un único candidato a la presidencia de la República, no significa necesariamente que debe o puede repetirse el fenómeno. No hay que olvidar que los contextos no son iguales. Y es claro que mientras el partido oficialista, a pesar de sus contradiciones internas, crece en adeptos, tiene a su favor la conciencia clara de que la oposición es frágil, y eso le da confianza y lo fortalece porque, además, entiende que tiene el control del poder político y lo que eso significa.

 

El asunto igual pesa negativamente para la oposición que, a lo largo de lo que transcurre la gestión gubernamental, no ha sido capaz de un planteamiento consistente y una acción vigorosa que cuestione permanentemente y que se constituya en el catón del gobierno. Es esa su más grande debilidad. Por ello, cuando aparece fugazmente, como para no perder total presencia -y también-algunos de sus personeros con discursos apurados y sin forma, dan la impresión risible de que son parte de una tira cómica. Esa oposición no ha sido capaz de presentar fórmulas de solución a los problemas nacionales. Su papel en el Legislativo, con contadas excepciones, ha sido mediocre y su ausencia ante las jornadas reivindicativas populares ha sido notoria. Desafortunadamente -y con retraso- hoy pretende presentarse consecuente justo cuando  se activan los colectivos políticos en busca de una definición interna para las próximas elecciones generales.

 

La comunidad, por su parte, atisba con seriedad el gran esfuerzo que ha de realizar la oposición política para alcanzar el gobierno. La única forma viable, y quizás posible, es con la unificación de sus  “fuerzas” y un potable candidato presidencial, que porte una propuesta convincente que penetre en  la conciencia de las masas.

 

Por el momento, no aparece con reales probabilidades una tercera fuerza que, además, no existe; y mientras la izquierda, fraccionada también, no encuentre identificación en propósitos y acción que le permita tener presencia en el ruedo electoral, la población tendrá que ser parte del juego que mantiene el gobierno para quedarse y la oposición para llegar.

101 años de Panamá América

 
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