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Etica y política


La reflexión ética que nos brindó el cardenal hondureño Rodríguez Madariaga, ante una audiencia que abarrotaba el estudio central de FE-TV, se dio en un momento oportuno del acontecer de la vida política nacional. En esencia, su intervención fue un claro llamado a la necesidad de hacer una mejor política mediante el rescate de la idea de decencia humana. Hay que felicitar a los organizadores del evento, tanto por su poder de convocatoria como por la calidad del orador que, durante poco más de una hora, supo mantener la atención de su auditorio al tiempo que desgranaba -con claridad meridiana- conocimientos, planteamientos, hechos, argumentos y razones que pocas veces en nuestro medio acostumbran a escuchar tantos de nuestros políticos en tan poco tiempo.
En momentos en que en Panamá, como ya lo he venido indicando, nos encontramos a una dirigencia política degradada, sin lealtades fijas, que idolatra lo menos humano que tiene en su interior, capaz de pensar y creer que todo es negociable, olvidando ex profeso que “ el hombre es libre precisamente porque no es un animal”, Rodríguez Madariaga nos recordó que esa libertad es para aspirar a lo mejor, para apuntar hacia el bien, para tratar de buscar y alcanzar todo lo grande, noble y hermoso que hay en la vida humana.
En mi opinión, los planteamientos del cardenal hondureño nos recordaron que vivimos en una sociedad institucionalmente desvalorizada, en una permanente inestabilidad, la que se manifiesta de diversas maneras y en forma cotidiana. Evidenció cómo hemos dejado atrás no sólo nuestro deber ciudadano de velar por nuestras garantías fundamentales; cómo no hemos podido ponernos al día en las conquistas logradas por la humanidad en materia de derechos sociales modernos; cómo hemos preferido las apariencias y la doble moral y nos hemos olvidado decir la verdad por no haber realizado los cambios políticos realmente importantes.
Fue muy preciso en recordar que los problemas políticos exigen soluciones políticas. Pero no de una política improvisada, ausente de ética y de valores, llena de apariencias, ufanada en la solución de ambiciones personales, destinada a asaltar el erario, a institucionalizar la corrupción, a no tener ante sí ciudadanos activos sino individuos adocenados.
En una sociedad como la nuestra, en la que el autoritarismo y la corrupción han caminado de la mano con sus secuelas, hasta alcanzar su máxima expresión local durante los 21 años de represión e impunidad de la dictadura militar, la “radiografía” de los valores que encierran la ética y la política, no puede dejar de ser mostrada y recordada constantemente a toda la sociedad, pero de forma muy especial a quienes constituyeron lo principal de la audiencia de Rodríguez Madariaga: los políticos locales. Ello es así porque todos asistimos al triste espectáculo, que ya dura bastante, donde el pretendido respeto a la Constitución y las leyes no pasa de ser un simple eufemismo formalista para pisotearla y restarle toda supremacía como Ley fundamental del Estado. Igualmente, la reiterada y casi ritual alusión de respeto a los principios de la democracia, cuando todos podemos constatar el peso de la influencia del oficialismo en todos los actos de los Organos del Estado.
Vuelvo a recordar a Ferdinand La Salle, cuando hace más de siglo y medio nos enseñaba que: “El pseudoconsitucionalismo no es una conquista del pueblo, sino, por el contrario, un triunfo del absolutismo, con el cual éste consigue mantener su régimen el mayor tiempo posible. El pseudoconstitucionalismo consiste en que el gobierno proclame lo que no es, consiste en hacer pasar por constitucional a un Estado que es, en realidad, un Estado absoluto, consistente en el engaño y la mentira.”
Resultó muy grato, para quienes siempre hemos creído y practicado que la búsqueda de la verdad es una pasión por la libertad y sus consecuencias, sin olvidar que la esencia de la verdad no reside en su utilidad, escuchar al distinguido orador insistir en que ser hombre es amar la verdad y la libertad. No miento y no me arrepiento, nos decía Jorge Manrique. Pero, ¿cuántos de nuestros políticos tienen a Manrique no sólo entre sus lecturas, sino también en su caja de valores? También fue instructivo el énfasis en cuanto a que la ausencia de la acción ciudadana organizada y comprometida nos lleva por derroteros cada vez más perjudiciales para la defensa de los derechos y libertades fundamentales de un Estado de Derecho social moderno, de un Estado verdaderamente constitucional y “se ve reforzarse la desconfianza respecto a las formas y prácticas de la democracia, y la inclinación por la búsqueda de algún tipo de solución definitiva de tipo autoritario”.
Rodríguez Madariaga dejó en claro muchísimas cosas, pero sobre todo, nos recordó a los presentes que los cambios son necesarios y los pueblos buscan los cambios. Ojalá y sus palabras no hayan caído en oídos sordos de alguno de los asistentes.
(mabernal@sinfo.net)

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