Etica y política
Con los auspicios de la Fundación Panameña de Etica y Civismo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Tribunal Electoral, tuvo lugar en la Universidad Santa María la Antigua, un foro bajo este sugestivo título, que tuvo como expositor principal al dos veces presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti.
El visitante es abogado, periodista, caricaturista e intelectual. Sorprendió al auditorio desde un inicio. Se suponía que abordaría la conducta ética de los políticos y los partidos, y en eso fue previsible; pero metió también al ciudadano común, al empresario, a los intelectuales y a los medios, a quienes presentó como protagonistas.
Del político, destacó su papel de predominio que marchó a la par de la hegemonía del Estado que se da desde la revolución francesa (1789) hasta la caída del Muro de Berlín (1989). A partir de entonces le sobreviene un período de decadencia que dura hasta nuestros días, caracterizado por el economicismo tecnocrático, que le atribuye ser la causa de todos los males. Hoy, sin embargo, hay una tendencia en sentido inverso. La aplicación a rajatabla de las reglas de la economía ha conducido a grandes injusticias. El político está, pues, de vuelta al escenario, con toda la responsabilidad que le corresponde.
Al adormilado ciudadano, por su parte, le agrada desertar de su responsabilidad que le corresponde en política. Para empezar, debe participar y saber votar por los mejores, abandonar el cómodo papel de mero consumidor, desertor, quejoso, pedigüeño y protestatario, para asumir el protagonismo que le es inherente como contribuyente y fuente originaria de todo el poder público. Y debe hacerlo con base a valores superiores.
Del empresario, recordó el papel estelar que desempeña como hacedor de riqueza, con el enorme poder económico y político que conlleva. Él está llamado asumir también una conducta ética de la cual son ejemplo en sentido contrario los escándalos financieros de Enron, World Comm, Merck, Xerox y otros, que son causantes de descalabros económicos y la pérdida de los ahorros de millones de inversionistas.
A los intelectuales les recordó su responsabilidad como guías éticos de su sociedad, llamados a exaltar los más caros valores y no lo contrario. Recordó al respecto el papel de los ideólogos de los años 60, que fomentaron una revolución continental y que, en cambio, propiciaron una nefasta cosecha de dictaduras.
De los medios, destacó su conflicto entre libertad e intimidad, entre verdad y sensacionalismo, entre comercialismo y objetividad, entre espectacularidad y trivialidad; y criticó lo que llamó un supermercado noticioso que, como en el cine, entremezcla sexo, violencia, novedad, sacrificando valores éticos. Se manifestó sin embargo opuesto a su regulación por ley porque "nadie sabe cómo termina".
El visitante es abogado, periodista, caricaturista e intelectual. Sorprendió al auditorio desde un inicio. Se suponía que abordaría la conducta ética de los políticos y los partidos, y en eso fue previsible; pero metió también al ciudadano común, al empresario, a los intelectuales y a los medios, a quienes presentó como protagonistas.
Del político, destacó su papel de predominio que marchó a la par de la hegemonía del Estado que se da desde la revolución francesa (1789) hasta la caída del Muro de Berlín (1989). A partir de entonces le sobreviene un período de decadencia que dura hasta nuestros días, caracterizado por el economicismo tecnocrático, que le atribuye ser la causa de todos los males. Hoy, sin embargo, hay una tendencia en sentido inverso. La aplicación a rajatabla de las reglas de la economía ha conducido a grandes injusticias. El político está, pues, de vuelta al escenario, con toda la responsabilidad que le corresponde.
Al adormilado ciudadano, por su parte, le agrada desertar de su responsabilidad que le corresponde en política. Para empezar, debe participar y saber votar por los mejores, abandonar el cómodo papel de mero consumidor, desertor, quejoso, pedigüeño y protestatario, para asumir el protagonismo que le es inherente como contribuyente y fuente originaria de todo el poder público. Y debe hacerlo con base a valores superiores.
Del empresario, recordó el papel estelar que desempeña como hacedor de riqueza, con el enorme poder económico y político que conlleva. Él está llamado asumir también una conducta ética de la cual son ejemplo en sentido contrario los escándalos financieros de Enron, World Comm, Merck, Xerox y otros, que son causantes de descalabros económicos y la pérdida de los ahorros de millones de inversionistas.
A los intelectuales les recordó su responsabilidad como guías éticos de su sociedad, llamados a exaltar los más caros valores y no lo contrario. Recordó al respecto el papel de los ideólogos de los años 60, que fomentaron una revolución continental y que, en cambio, propiciaron una nefasta cosecha de dictaduras.
De los medios, destacó su conflicto entre libertad e intimidad, entre verdad y sensacionalismo, entre comercialismo y objetividad, entre espectacularidad y trivialidad; y criticó lo que llamó un supermercado noticioso que, como en el cine, entremezcla sexo, violencia, novedad, sacrificando valores éticos. Se manifestó sin embargo opuesto a su regulación por ley porque "nadie sabe cómo termina".