Etica y Seguro Social
No podemos sustraernos al deseo vehemente de protestar o manifestar nuestro punto de vista individual o colectivo sobre la problemática del Seguro Social.
Mientras la mayoría luchamos denodadamente para salvarla, manteniendo una mente abierta y actitud positiva, hay quienes adoptan posturas dogmáticas, alejadas del más mínimo sentido de objetividad, necesario para halla la mejor solución posible para una situación muy grave.
En ese sentido, tan alejado de la ética es procurar apoyo a su postura, publicando: "El colapso de la Caja de Seguro Social es inevitable", para justificar cualquier suerte de solución; como el advertir: "Con mi jubilación no se metan", para oponerse a todo cambio. El primero procura crear pánico; mientras el segundo, fomenta un ánimo de guerra injustificado cuando se supone que ambos tienen en común el procurar evitar el colapso de la institución.
La verdad y la decisión más correcta está en el medio de ambos extremos. El problema es identificar dónde. No hacer cambio ni sacrificio alguno, no es alternativa posible; como tampoco lo sería una reforma que coloque a las mayorías en situación de desamparo. Ha de adoptarse, pues, una fórmula que contemple sacrificios llevaderos y equitativamente compartidos, que a su vez permitan rescatar a la venerable institución.
Mientras la mayoría luchamos denodadamente para salvarla, manteniendo una mente abierta y actitud positiva, hay quienes adoptan posturas dogmáticas, alejadas del más mínimo sentido de objetividad, necesario para halla la mejor solución posible para una situación muy grave.
En ese sentido, tan alejado de la ética es procurar apoyo a su postura, publicando: "El colapso de la Caja de Seguro Social es inevitable", para justificar cualquier suerte de solución; como el advertir: "Con mi jubilación no se metan", para oponerse a todo cambio. El primero procura crear pánico; mientras el segundo, fomenta un ánimo de guerra injustificado cuando se supone que ambos tienen en común el procurar evitar el colapso de la institución.
La verdad y la decisión más correcta está en el medio de ambos extremos. El problema es identificar dónde. No hacer cambio ni sacrificio alguno, no es alternativa posible; como tampoco lo sería una reforma que coloque a las mayorías en situación de desamparo. Ha de adoptarse, pues, una fórmula que contemple sacrificios llevaderos y equitativamente compartidos, que a su vez permitan rescatar a la venerable institución.