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EU, la ONU y los derechos humanos


Si en un esfuerzo de autocrítica veraz, los representantes se abocaran a examinar las razones de la separación apreciarían que hay en el expediente de Estados Unidos significativos ejemplos de infracciones a los derechos humanos. Por ejemplo, los ejercicios militares de la Marina en Vieques, galvanizaron reacciones de protesta, no sólo en Puerto Rico sino en diversos lugares del mundo debido a que la integridad física y, sobre todo, la protección sanitaria de los habitantes de Vieques corrieron grave riesgo.
En ese orden podríamos enfatizar como violación potencial a los derechos a la salud y a la vida la existencia de proyectiles no detonados en las áreas revertidas de Panamá y la contaminación legada como saldo fatídico en islas y parajes selváticos panameños usados como experimentación de armas biológicas de alcance aún no conocido. El gobierno norteamericano se ha limitado a clasificar como "caso cerrado" el delicado tema de la contaminación de las áreas revertidas.
El incidente de los vuelos de espionaje a China Continental, y peor aún el anuncio temerario de que proseguirán los operativos de inteligencia militar, muestra al país del norte sobrepasando los límites estratégicos del mundo unipolar, en el que la superioridad militar de una potencia se afirma con cierta arrogancia belicista, creando fricciones unilaterales en perjuicio de la soberanía y el derecho a la reserva territorial consagrado por el Derecho Internacional. Por su propio peso se inscribe en la postura antiderechos humanos la negativa norteamericana a ratificar el Protocolo de Kyoto, por el cual las grandes potencias industriales del Primer Mundo deben comprometerse a la reducción progresiva de las emisiones de gases atizadores del llamado "efecto invernadero".
Por último - aunque es larga la lista de violaciones - la administración Bush ha resucitado el proyecto de Ronald Reagan para tender un escudo de protección de posibles ataques de misiles nucleares sobre territorio norteamericano, tratando de garantizarse un sistema de seguridad en contra de acuerdos sobre restricciones del arsenal nuclear, en tanto podría quedar expuesto a los estragos mortales de una contienda de esa letal envergadura el resto del planeta. Cuando se enmiende la línea que, en el plano militar tiende al intervencionismo y que, en el plano ecológico, marcha al abstencionismo egoísta, la potencia del norte retornará a la comisión de derechos humanos.


101 años de Panamá América

 
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