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¡Eureka! descubrieron el agua tibia


LA MENTADA "zarina anticorrupción", sus declaraciones fueron rimbombantemente reproducidas en varios medios de comunicación, acaba de redescubrir el agua tibia. Las notarías, dicen que dijo, podrían ser una "fuente de corrupción". !Vaya sorpresa! Y la razón por la cual podrían serlo es, según dice el medio que la reprodujo, "que se ha dado una proliferación de oficinas que brindan servicios notariales y que sin ningún control generan documentos, los cuales sólo son llevados a las manos del notario para su firma".
Como si el anterior desaguisado no fuera suficiente, para mayor abundancia, dicen que agregó: "el notario público no puede cumplir con su función de certificar los documentos con toda veracidad al recibir el documento al final para su suscripción. Es importante destacar que los notarios son depositarios de la fe pública como lo estipula la ley". Fin de la cita.
Medio país sabe que las "notarías satélites" han existido por décadas. En ellas, al igual que en otros despachos, se preparan las escrituras, en el papel notarial que les suministran los propios notarios, que luego comparten con "esos agentes" los derechos que pagan sus clientes. El notario se limita a firmar las escrituras.
Según nuestra legislación vigente, el Notario Público es responsable, aunque sólo por la forma pero no del contenido, de las copias (los originales de todas y cada una de las escrituras deben quedar en la Notaría y constituyen lo que se llama "el protocolo notarial") de los documentos que salen de su despacho. El, como depositario de la fe pública, con su firma, declara "que conoció" a los participantes en el acto consignado en cada escritura; que todos lo firmaron "ante él" y que, por lo tanto, es auténtica. Si los notarios, como dice la Sra. Montenegro, y parece compartir la jefa del Ministerio Publico, según se desprende de algunas declaraciones que dio sobre el mismo tema, con frecuencia sólo son firmones de documentos, en los que no han intervenido, no conocen a las partes involucradas, y nunca los vieron firmarlo, entonces la cosa es realmente grave: "La zarina" los acusa de haber incurrido en una violación flagrante de sus deberes como depositarios de la fe pública y habría que exigirles responsabilidades, en la manera que la ley estipula.
Las notarías, eso sí lo sabe por experiencia propia la denunciante, siempre se han repartido como botín político. Algunos notarios y notarias, del Circuito Notarial de Panamá, según estimaciones conservadoras, ganan, como ingreso neto, después de cubrir todos los gastos; es decir, limpios de polvo y paja, más que los ministros y que los magistrados de la Corte y del Tribunal Electoral.
El requisito para conseguir una de esas "fabriquitas de billetes", aparte de ser abogado y cumplir los requisitos para ser magistrado de la Corte Suprema, parte formal, es, y siempre ha sido, ser visto con ojos de cariño por quien los nombra: el Presidente de la República, por iniciativa propia o por recomendación de alguien muy allegado al poder.
El método para escoger a los notarios debe cambiarse radicalmente. No puede seguir siendo un botín político que el presidente reparte entre sus allegados. Debe basarse en criterios de selección que garanticen que quienes ocupen esa posición sean conocedores a fondo de los actos jurídicos de los cuales darán fe pública. Quisiera pensar que eso es lo que busca la denuncia de "la zarina". Si así fuera, enhorabuena. Pero, después de leer "sus recientes descubrimientos", tengo más que fundados temores de que por allí no va la cosa. Todo me parece un montaje para acomodar a "más allegados" a las simpatías del Palacio.
Es sintomático y altamente sospechoso, que "los recientes descubrimientos" de la Secretaria Ejecutiva del Consejo Presidencial para la Transparencia, que en los tiempos de "la patria nueva" es sinónimo de chiste, hayan provocado la reacción sincronizada de un "seudo Colegio de Notarios", conformado por todos "los escogidos por el dedo presidencial", que reclama fueros, entre ellos el de la estabilidad en sus cargos.
La institución del Notariado, por ser depositaria de la fe pública, no es un asunto para ser tratado alegremente. Son ya demasiadas las quejas que la empañan. Si son fundadas, deben investigarse a fondo, y para eso están "la zarina" y la procuradora. El asunto no es para ser tratado superficialmente y muchos menos mediante "piruetas verbales" e "insinuaciones a medias", con el propósito de instalar en esos cargos, con pingües salarios (de 8 a 10 mil balboas, seguramente) y por períodos de diez (10) años a favoritos del régimen, designados por el Organo Ejecutivo. Esa sería otra de las desgraciadas herencias que se agregaría al rosario de "las hazañas de la patria nueva".
Si de verdad se quieren corregir las anomalías mencionadas por las señoras Montenegro y Gómez, las notarías deben ocuparse por méritos y mediante concursos serios, presididos por jurados competentes, como es el caso de España y no mediante el nocivo dedazo presidencial.

101 años de Panamá América

 
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