Eusebio A. Morales, el estadista
En estas fechas, dedicamos esta nota de grata recordación al Dr. Eusebio A. Morales, "la conciencia crítica de la República", como bien lo calificara, en su momento, el intelectual excepcional Diógenes de la Rosa.
En una breve semblanza, tratando de definir los rasgos característicos del Dr. Eusebio Morales, de ese eminente hombre público, decía el Dr. José Dolores Moscote: "La política, ejercida en función de un sereno y penetrante idealismo, era el campo en donde él (Eusebio A. Morales) había conquistado las ejecutorias que unánimemente le reconocen todos los hombres sensatos del país".
Y agregaba: "Así se explica que la labor de un hombre de sus condiciones, inteligente, estudioso, bien formado en las corrientes del pensamiento moderno y de gran capacidad asimiladora, hubiera podido llevar a cabo con brillantez escribiendo libros la haya realizado el estadista en los ministerios, el legislador en los congresos, el diplomático en las legiones, el periodista, en fin, en la prensa diaria".
Indicaba, además, el Dr. Moscote: "Quienquiera que haya seguido de cerca el desenvolvimiento de la vida política y cultural de la nación, desde que se erigió en Estado independiente, sabe que casi no hay rama en la administración pública que no le deba algo al influjo de las actividades inteligentes del doctor Morales; que no hay, ni ha habido problema de alguna importancia para el bienestar social al cual no haya aportado su contingente de luces y experiencia, ora con un manifiesto elocuente, ora con un estudio sesudo y conciso, ora con un proyecto de ley bien meditado en materia económica o de hacienda, los cuales siempre han correspondido ampliamente a premiosas necesidades del progreso nacional. Su labor periodística, en particular, es más considerable de lo que, en general, se piensa. Por esto no ha habido tampoco asuntos de los que pueden y deben ser ventilados en la plaza pública de una democracia que él no haya abordado con lúcido criterio o expuesto en las rígidas formas de una expresión literaria casi perfecta".
Pero, como es natural, todo hombre digno que tenga algún mérito, no escapa a la ira de los envidiosos y serviles, generalmente conscientes de su incapacidad orgánica. El Dr. Eusebio A. Morales, por supuesto, también tuvo sus detractores. Pero, ante la maledicencia y cobardía de los mediocres, siempre respondía con serenidad y firmeza en los términos siguientes:
"Soy enemigo de dar explicaciones de mi conducta. A mí me causan tristeza los hombres que a cada instante le están dando información al público sobre lo que hacen o no hacen con el fin de responder a cargos pueriles o graves, manifiestamente injustos o errados. Yo no explico ni me defiendo. Hay dentro de mí un testigo superior que sabe lo que hago, lo que soy y lo que merezco y mientras ese testigo esté satisfecho, la voz de los calumniadores, la baba de los envidiosos, la ira de los necios en nada alteran la serenidad de mi espíritu. Yo me considero por encima de toda esa morralla asquerosa que surge en las democracias embrionarias y que se hacen sentir mordiendo, precisamente, a todo ser humano que tiene algún mérito, y aún en la humildad de mi vida, tengo para toda esa gente la única respuesta de mi desprecio, mi silencio". ¡Qué ejemplo edificante el de Eusebio A. Morales, digno de estímulo para los políticos y candidatos presidenciales de hoy y de siempre!