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Evaluación, excelencia y desarrollo


Uno de los temas que más interés ha concitado durante los últimos años en las políticas e innovaciones educativas es, sin duda, el de la evaluación de la calidad académica.

Ese interés ha llevado a muchos países a establecer sistemas de evaluación, aplicar frecuentemente pruebas de medición de aprendizajes, participar en evaluaciones regionales e internacionales y monitorear los procesos y logros educativos.

Esa práctica ha permitido constatar científicamente, con información confiable y consistente, los niveles de aprendizaje alcanzados por los estudiantes en las principales asignaturas del centro educativo, las áreas curriculares que muestran mayores debilidades, así como los factores asociados a esos logros educativos.

Cuando este sistema funciona eficazmente, contribuye a generar información para el análisis comparativo del desempeño académico entre centros educativos, programas, regiones (provincias, estados) y también entre países. Con ello se fomenta el interés entre actores y autoridades educativas por introducir políticas y acciones que incentiven las buenas prácticas pedagógicas y administrativas que revelen éxito en los aprendizajes de sus estudiantes y el mejoramiento continuo del centro educativo.

Esta innovación también es aplicada en la educación superior. Una experiencia en este sentido, que ha madurado y sirve de referente a otros países, es el sistema de evaluación de programas de maestrías y doctorados que se ha institucionalizado en Brasil. Cada tres años los cursos de maestría y doctorado del sistema de post graduación de este país, pasan por un proceso de evaluación que realiza CAPES (Coordinación del Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior), un ente que pertenece al Ministerio de Educación de la República Federativa de Brasil.

La evaluación se realiza con una escala de 1 a 7. Los cursos evaluados con 1 y 2 reflejan bajo desempeño, por debajo de la media y son descalificados, por lo tanto no pueden volver a ofrecerse. Los que reciben 3 reflejan el mínimo aceptable y tienen la obligación de mejorar en aspectos que determine la evaluación. Un buen desempeño del curso recibe la calificación 4, que incluye entre otros aspectos, una buena muestra de producción intelectual. El 5 es la mayor nota asignada a un programa de maestría y manifiesta un alto nivel de desempeño. Las notas 6 y 7 son asignadas a los programas de doctorado que alcancen la excelencia y un desempeño comparable a los más importantes centros internacionales de estudios universitarios.

La evaluación aborda en general unos seis aspectos sustantivos: el programa (coherencia, consistencia, actualización), personal docente (formación, experiencia, participación en investigaciones), estudiantes (trabajo de graduación, publicaciones, eficiencia del programa), producción intelectual (publicaciones, especialmente libros ), inserción social (impacto regional, integración y cooperación con otros programas), y diferenciales (liderazgo en la formación, calidad, desempeño, participación de docentes con reconocimiento científico). Sin embargo, cada evaluación es más rigurosa que la anterior, pues se considera que a medida que aumenta la producción científica y la generación de conocimiento, el país debe igualmente exigirse académicamente metas más elevadas.

(Sigue en segunda entrega)

101 años de Panamá América

 
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