Evaluando la gestión del FMI
El Fondo Monetario Internacional (FMI), por boca de su director de Fondos para las Políticas de Desarrollo, Jack Boorman, acaba de manifestar su propósito de poner mayor énfasis en la lucha contra la pobreza, como parte de una especie de "mea culpa" surgido de una mesa redonda de evaluación que acaba de realizar el Fondo en Washington con participación de varias ONGs y algunos países pobres destinatarios de diversos programas de ayuda y préstamos blandos.
En particular, fue objeto de fuertes críticas el programa de Ajuste Estructural Reforzado (FAER), especie de receta condicionante de préstamos que viene aplicándose desde 1987, las cuales fueron sin embargo respondidas por el evaluador interno del programa, Hugh Brendenkamp, en el sentido de que con la aplicación del FAER se han obtenido "resultados cada vez más alentadores" en términos de crecimiento e ingreso por habitante.
La opinión anterior, no fue compartida por Kevin Watkins, consejero económico de Oxfam, una de las ONGs, quien dijo que a su juicio "los programas FAER han fracasado", a juzgar por el crecimiento insignificante en gran número de países y por el hecho de que la aplicación del programa había empujado a esas naciones a reducir sus gastos en educación y salud, entre otros rubros sociales.
Según Watkins, si bien la disciplina de estabilidad macroeconómica es necesaria, tal "debe inscribirse en una estrategia más amplia de desarrollo humano". A este respecto, Boorman, el citado director del Fondo, reconoció que diversos ajustes para mejorar el programa, son necesarios, "ya que se ha demostrado que el crecimiento por sí mismo no es suficiente".
Acudiendo también en auxilio del organismo, Brendenkamp dijo que se planea una mayor colaboración con el Banco Mundial y la sociedad civil, para desarrollar un Plan Estratégico de Reducción de Pobreza (PERP), el cual tendría como condicionante, además de otros, que los gobiernos ataquen los malos manejos y la corrupción.
De cualquier modo, el evento mostró bondades y deficiencias en el consabido programa de recetas estructurales que en muchas naciones produjeron tasas de crecimiento superiores, pero sin disminuir significativamente la pobreza ni la calidad de vida de quienes menos tienen.
Quedó en evidencia asimismo, la necesidad de que cada país adopte medidas para mitigar el impacto negativo del programa, de modo que los recortes no afecten el gasto social, al mismo tiempo que se elimine la corrupción y malos manejos que hacen que la riqueza y los recursos fluyan a los bolsillos de unos pocos.
En particular, fue objeto de fuertes críticas el programa de Ajuste Estructural Reforzado (FAER), especie de receta condicionante de préstamos que viene aplicándose desde 1987, las cuales fueron sin embargo respondidas por el evaluador interno del programa, Hugh Brendenkamp, en el sentido de que con la aplicación del FAER se han obtenido "resultados cada vez más alentadores" en términos de crecimiento e ingreso por habitante.
La opinión anterior, no fue compartida por Kevin Watkins, consejero económico de Oxfam, una de las ONGs, quien dijo que a su juicio "los programas FAER han fracasado", a juzgar por el crecimiento insignificante en gran número de países y por el hecho de que la aplicación del programa había empujado a esas naciones a reducir sus gastos en educación y salud, entre otros rubros sociales.
Según Watkins, si bien la disciplina de estabilidad macroeconómica es necesaria, tal "debe inscribirse en una estrategia más amplia de desarrollo humano". A este respecto, Boorman, el citado director del Fondo, reconoció que diversos ajustes para mejorar el programa, son necesarios, "ya que se ha demostrado que el crecimiento por sí mismo no es suficiente".
Acudiendo también en auxilio del organismo, Brendenkamp dijo que se planea una mayor colaboración con el Banco Mundial y la sociedad civil, para desarrollar un Plan Estratégico de Reducción de Pobreza (PERP), el cual tendría como condicionante, además de otros, que los gobiernos ataquen los malos manejos y la corrupción.
De cualquier modo, el evento mostró bondades y deficiencias en el consabido programa de recetas estructurales que en muchas naciones produjeron tasas de crecimiento superiores, pero sin disminuir significativamente la pobreza ni la calidad de vida de quienes menos tienen.
Quedó en evidencia asimismo, la necesidad de que cada país adopte medidas para mitigar el impacto negativo del programa, de modo que los recortes no afecten el gasto social, al mismo tiempo que se elimine la corrupción y malos manejos que hacen que la riqueza y los recursos fluyan a los bolsillos de unos pocos.