Evaluar, para mejorar la educación
"La batalla por elevar el nivel de vida de los pueblos, se luchará primero y fundamentalmente en las aulas escolares". The Economist, 1997.
Las reformas educativas representan una de las señales de los nuevos tiempos de los países de América Latina. En este escenario regional, no existe un país por pequeño y pobre que sea, que no se haya planteado la tarea de transformar la educación y mejorar la formación de sus recursos humanos.
Esta decisión parece estar estrechamente conectada al consenso que existe en los gobiernos y los sectores diversos de la sociedad, acerca del valor que tiene la educación como factor vital para el progreso económico, el desarrollo humano y el fortalecimiento de la democracia.
A medida que los países avanzan hacia el siglo XXI, la necesidad de desarrollar la capacidad de pensar, de innovar, de resolver problemas, de convivir con las otras personas y de aprender a lo largo de la vida, emergen como competencias indispensables para participar con éxito en un mundo interconectado y competitivo, que hace del conocimiento y de la capacidad de adaptación constantes, una de sus herramientas privilegiadas.
Esto parece contrastar con lo que ocurre en una buena parte de las escuelas oficiales de estos países, en las que si bien se registra un flujo constante de estudiantes que ingresan a sus aulas, es muy precario lo que aprenden y poca la preparación recibida para enfrentar con alguna posibilidad, las tareas del futuro. Aunque la cobertura de los servicios educativos es alta y no representa un problema serio para estos países, la baja eficiencia, al lado de la débil calidad siguen ocupando los lugares más críticos de la educación.
La escolarización en primaria es casi universal, pues un poco más de nueve de cada diez niños entre 7 y 12 años asiste a la escuela. Sin embargo, en promedio los alumnos permanecen en la escuela cerca de siete años, pero sólo aprueban cuatro, lo cual indica que tres grados de su escolaridad son repetidos.
Diversos estudios, conferencias y foros han reconocido que la calidad de la educación en América Latina es deficiente. Elevar los estándares de los aprendizajes en las asignaturas fundamentales del plan de estudio, y contar con sistemas modernos de información, se ha convertido en una acción que han acometido con interés muchos países del área.
Actualmente un número apreciable de países cuenta ya con sus propios sistemas de evaluación y aplican pruebas a nivel nacional, para conocer y medir científicamente los avances y logros que alcanzan los alumnos en sus aprendizajes, como medio de introducir ajustes a las políticas y proyectos educativos y asignar mejor los recursos destinados a la formación del capital humano. Colombia, Brasil y Chile se encuentran entre los países pioneros en la práctica de evaluación en América Latina. Posteriormente, Costa Rica, México y Argentina asumieron esta política, que luego compartieron otros siete países.
En los últimos años, muchas naciones empiezan a participar en pruebas a nivel internacional como parte del interés de comparar la calidad de sus sistemas educativos y escuelas con los de otros países. Un buen ejemplo de estos estudios a nivel mundial lo representa el "Third International Maths and Science Study" (TIMSS), realizado en 1997, a estudiantes de 13 años de 41 países. Esta prueba mostró resultados sorprendentes. Naciones del Este Asiático sobrepasaron a potencias mundiales como Estados Unidos y Gran Bretaña. El primero quedó en el lugar No. 17 en Ciencias y No. 28 en Matemáticas; en tanto que el segundo, en el lugar No. 25 en Matemáticas. En cambio, Singapur ocupó el primer lugar en ambas pruebas; Corea del Sur, Japón y Hong Kong, se situaron en los tres primeros puestos restantes en Matemáticas.
Países de Europa del Este, como la República Checa, Bulgaria y Eslovaquia lograron mejores resultados que sus vecinos ricos del oeste como Francia, Alemania e Inglaterra. Colombia, el único país latinoamericano del certamen, quedó en el penúltimo lugar (40) después de Sudáfrica.
Otro ejemplo de evaluación, fue la realizada entre los meses de junio y noviembre de 1997, auspiciada por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (UNESCO), en la que se aplicaron las pruebas de Lenguaje y Matemáticas a los alumnos de tercero y cuarto grado de la Educación Básica, en trece países de la región. Este estudio fue orientado por algunas preguntas claves, como: ¿Qué aprenden los alumnos?, ¿Cuál es el nivel en el que ocurren estos aprendizajes?, ¿Qué competencias han desarrollado estos estudiantes en base a esos aprendizajes?
Los resultados de este estudio mostraron algunos hechos interesantes. Por ejemplo, se pudo constatar que existen diferencias importantes entre los países tanto en los niveles de logros como en la distribución de los rendimientos, destacándose los estudiantes cubanos entre todos los que participaron. En cuanto al Lenguaje todos los países, excepto Cuba se situaron al lado de la media regional. Por su lado, Argentina, Brasil, Chile y Cuba están sobre la media regional en Tercero, en tanto que Colombia, México y Paraguay se sitúan en esa posición en esa materia en el Cuarto Grado.
En el aprendizaje de las Matemáticas en el Tercer Grado, excepto Cuba y Argentina, todos los países se ubican por debajo de la media regional; en cambio en el Cuarto Grado, Brasil, Chile y Colombia se ubican sobre esta media regional. (Panamá no participó de esta prueba).
En términos generales los mejores resultados en Matemáticas y el Lenguaje son obtenidos por estudiantes de las escuelas de las mega-ciudades, luego por los de las zonas urbanas y en último lugar aparecen los estudiantes de las escuelas rurales. Sin embargo, en Colombia las escuelas rurales muestran mejores logros en Lenguaje y Matemáticas que las escuelas urbanas y de las megaciudades.
El 30 de octubre de 1998, Día de la Evaluación, el Ministerio de Educación de Panamá aplicó una prueba de logro académico a una muestra de estudiantes de sexto, noveno y duodécimo grados, que permitió explorar conocimiento en Matemáticas, Español y Ciencias Naturales. Esta evaluación ofreció resultados importantes que aún no han sido difundidos, pero que podrían ser de gran utilidad en la definición de las acciones que están destinadas a mejorar la calidad de los aprendizajes en el aula.
En esta prueba, por ejemplo, se reconoció que los puntos relacionados con la habilidad de identificar el mensaje o la idea central de un texto, considerada una competencia esencial que debe promover la escuela, sólo es de dominio del 12% de los alumnos. Cabe preguntarse ¿a qué se debe un bajo desempeño en un área considerada indispensable en la educación moderna?, ¿a la formación del docente?, ¿a la falta de consideración dentro del programa de estudio?, ¿a la escasez de recursos para enseñarla?
Una información como la anterior podría contribuir a mejorar el conocimiento que tenemos acerca de lo que han aprendido y no han aprendido nuestros estudiantes, de acuerdo con los objetivos educativos que se establecieron. Así mismo, este estudio se convierte en un auxiliar valioso, por ejemplo, para elaborar el Proyecto Educativo de Centro (¿qué tipo de escuela nos proponemos lograr?), programar las acciones de capacitación del personal docente, adquirir y elaborar materiales didácticos, organizar la supervisión y la asesoría pedagógica, redefinir las estrategias pedagógicas y los métodos y procedimientos de evaluación de los aprendizajes, entre otras acciones.
Contar con información oportuna, precisa y confiable acerca de lo que se propone enseñar el docente y lo que efectivamente aprende el alumno, constituye una condición indispensable para alcanzar una educación relevante y de calidad, equidad y eficiencia. Las escuelas podrán seguir funcionando sin buena información, pero será difícil lograr educación de calidad si desconocemos lo que aprenden nuestros estudiantes y si no contamos con estándares mínimos de lo que debe enseñarse. Disponer de un efectivo sistema de evaluación es un gran desafío y Panamá parece empeñada en enfrentarlo.
Las reformas educativas representan una de las señales de los nuevos tiempos de los países de América Latina. En este escenario regional, no existe un país por pequeño y pobre que sea, que no se haya planteado la tarea de transformar la educación y mejorar la formación de sus recursos humanos.
Esta decisión parece estar estrechamente conectada al consenso que existe en los gobiernos y los sectores diversos de la sociedad, acerca del valor que tiene la educación como factor vital para el progreso económico, el desarrollo humano y el fortalecimiento de la democracia.
A medida que los países avanzan hacia el siglo XXI, la necesidad de desarrollar la capacidad de pensar, de innovar, de resolver problemas, de convivir con las otras personas y de aprender a lo largo de la vida, emergen como competencias indispensables para participar con éxito en un mundo interconectado y competitivo, que hace del conocimiento y de la capacidad de adaptación constantes, una de sus herramientas privilegiadas.
Esto parece contrastar con lo que ocurre en una buena parte de las escuelas oficiales de estos países, en las que si bien se registra un flujo constante de estudiantes que ingresan a sus aulas, es muy precario lo que aprenden y poca la preparación recibida para enfrentar con alguna posibilidad, las tareas del futuro. Aunque la cobertura de los servicios educativos es alta y no representa un problema serio para estos países, la baja eficiencia, al lado de la débil calidad siguen ocupando los lugares más críticos de la educación.
La escolarización en primaria es casi universal, pues un poco más de nueve de cada diez niños entre 7 y 12 años asiste a la escuela. Sin embargo, en promedio los alumnos permanecen en la escuela cerca de siete años, pero sólo aprueban cuatro, lo cual indica que tres grados de su escolaridad son repetidos.
Diversos estudios, conferencias y foros han reconocido que la calidad de la educación en América Latina es deficiente. Elevar los estándares de los aprendizajes en las asignaturas fundamentales del plan de estudio, y contar con sistemas modernos de información, se ha convertido en una acción que han acometido con interés muchos países del área.
Actualmente un número apreciable de países cuenta ya con sus propios sistemas de evaluación y aplican pruebas a nivel nacional, para conocer y medir científicamente los avances y logros que alcanzan los alumnos en sus aprendizajes, como medio de introducir ajustes a las políticas y proyectos educativos y asignar mejor los recursos destinados a la formación del capital humano. Colombia, Brasil y Chile se encuentran entre los países pioneros en la práctica de evaluación en América Latina. Posteriormente, Costa Rica, México y Argentina asumieron esta política, que luego compartieron otros siete países.
En los últimos años, muchas naciones empiezan a participar en pruebas a nivel internacional como parte del interés de comparar la calidad de sus sistemas educativos y escuelas con los de otros países. Un buen ejemplo de estos estudios a nivel mundial lo representa el "Third International Maths and Science Study" (TIMSS), realizado en 1997, a estudiantes de 13 años de 41 países. Esta prueba mostró resultados sorprendentes. Naciones del Este Asiático sobrepasaron a potencias mundiales como Estados Unidos y Gran Bretaña. El primero quedó en el lugar No. 17 en Ciencias y No. 28 en Matemáticas; en tanto que el segundo, en el lugar No. 25 en Matemáticas. En cambio, Singapur ocupó el primer lugar en ambas pruebas; Corea del Sur, Japón y Hong Kong, se situaron en los tres primeros puestos restantes en Matemáticas.
Países de Europa del Este, como la República Checa, Bulgaria y Eslovaquia lograron mejores resultados que sus vecinos ricos del oeste como Francia, Alemania e Inglaterra. Colombia, el único país latinoamericano del certamen, quedó en el penúltimo lugar (40) después de Sudáfrica.
Otro ejemplo de evaluación, fue la realizada entre los meses de junio y noviembre de 1997, auspiciada por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (UNESCO), en la que se aplicaron las pruebas de Lenguaje y Matemáticas a los alumnos de tercero y cuarto grado de la Educación Básica, en trece países de la región. Este estudio fue orientado por algunas preguntas claves, como: ¿Qué aprenden los alumnos?, ¿Cuál es el nivel en el que ocurren estos aprendizajes?, ¿Qué competencias han desarrollado estos estudiantes en base a esos aprendizajes?
Los resultados de este estudio mostraron algunos hechos interesantes. Por ejemplo, se pudo constatar que existen diferencias importantes entre los países tanto en los niveles de logros como en la distribución de los rendimientos, destacándose los estudiantes cubanos entre todos los que participaron. En cuanto al Lenguaje todos los países, excepto Cuba se situaron al lado de la media regional. Por su lado, Argentina, Brasil, Chile y Cuba están sobre la media regional en Tercero, en tanto que Colombia, México y Paraguay se sitúan en esa posición en esa materia en el Cuarto Grado.
En el aprendizaje de las Matemáticas en el Tercer Grado, excepto Cuba y Argentina, todos los países se ubican por debajo de la media regional; en cambio en el Cuarto Grado, Brasil, Chile y Colombia se ubican sobre esta media regional. (Panamá no participó de esta prueba).
En términos generales los mejores resultados en Matemáticas y el Lenguaje son obtenidos por estudiantes de las escuelas de las mega-ciudades, luego por los de las zonas urbanas y en último lugar aparecen los estudiantes de las escuelas rurales. Sin embargo, en Colombia las escuelas rurales muestran mejores logros en Lenguaje y Matemáticas que las escuelas urbanas y de las megaciudades.
El 30 de octubre de 1998, Día de la Evaluación, el Ministerio de Educación de Panamá aplicó una prueba de logro académico a una muestra de estudiantes de sexto, noveno y duodécimo grados, que permitió explorar conocimiento en Matemáticas, Español y Ciencias Naturales. Esta evaluación ofreció resultados importantes que aún no han sido difundidos, pero que podrían ser de gran utilidad en la definición de las acciones que están destinadas a mejorar la calidad de los aprendizajes en el aula.
En esta prueba, por ejemplo, se reconoció que los puntos relacionados con la habilidad de identificar el mensaje o la idea central de un texto, considerada una competencia esencial que debe promover la escuela, sólo es de dominio del 12% de los alumnos. Cabe preguntarse ¿a qué se debe un bajo desempeño en un área considerada indispensable en la educación moderna?, ¿a la formación del docente?, ¿a la falta de consideración dentro del programa de estudio?, ¿a la escasez de recursos para enseñarla?
Una información como la anterior podría contribuir a mejorar el conocimiento que tenemos acerca de lo que han aprendido y no han aprendido nuestros estudiantes, de acuerdo con los objetivos educativos que se establecieron. Así mismo, este estudio se convierte en un auxiliar valioso, por ejemplo, para elaborar el Proyecto Educativo de Centro (¿qué tipo de escuela nos proponemos lograr?), programar las acciones de capacitación del personal docente, adquirir y elaborar materiales didácticos, organizar la supervisión y la asesoría pedagógica, redefinir las estrategias pedagógicas y los métodos y procedimientos de evaluación de los aprendizajes, entre otras acciones.
Contar con información oportuna, precisa y confiable acerca de lo que se propone enseñar el docente y lo que efectivamente aprende el alumno, constituye una condición indispensable para alcanzar una educación relevante y de calidad, equidad y eficiencia. Las escuelas podrán seguir funcionando sin buena información, pero será difícil lograr educación de calidad si desconocemos lo que aprenden nuestros estudiantes y si no contamos con estándares mínimos de lo que debe enseñarse. Disponer de un efectivo sistema de evaluación es un gran desafío y Panamá parece empeñada en enfrentarlo.