Evangelio según el pueblo
Poco después de que el carpintero José fuera crucificado en Séforis, se agravó la vida miserable de la familia, y Jesús, de 13 años, se marchó de la casa con destino aun para él desconocido. El Evangelio según Jesucristo es la versión mundana de un personaje predestinado llamado Jesús, contada por el Nobel de las letras José Saramago. El mago Saramago va sacando de la chistera cosas nunca antes oídas de la vida de Jesús y su familia, con un realismo que no es realismo. El personaje de esta enigmática historia abre un insondable debate del que nadie escapa. La misión de Jesús es una semilla aún por germinar.
Cada año por este tiempo renace una criatura que más que un niño es un símbolo. Toda la Naturaleza, toda la Humanidad, espera durante el año la llegada del Niño. La criatura llega puntualmente a la hora asignada; observa todo y se regresa apesadumbrada al lugar desconocido de donde vino, y, como yo lo haría, se hace las siguientes reflexiones. "Yo vine originalmente para poner luz en las tinieblas, sembrar valores, implantar el amor, la caridad, la justicia, y por encima de todo, dejar mi más precioso regalo, la paz". "Nací en una cueva, viví en la miseria, dormía sobre una estera, comíamos lentejas, garbanzos, cebollas y una masa asada que llamaban pan. ¿De dónde sacan mis amados hijos terrenales la idea de que son gratos a mis ojos los hartazgos, el gastar lujurioso, los incesantes villancicos que endulzan el espíritu pero exprimen el bolsillo de los más pobres?". "Me marcho acongojado porque mis enseñanzas han sido echadas del corazón de mis amados hijos, y porque el odio, la guerra, la avaricia, el hambre, la injusticia, volverán a reinar mañana, cuando cese el bullicio y la artificiosa felicidad". El solo nombre de este niño con rango de Dios llena, sin embargo, de júbilo el orbe. Pájaros, mariposas, serpientes, lucen alegres; las flores se engalanan, el viento es más fresco; el regocijo se esparce por doquier y llega hasta la gente sin cielo de los barrios pobres, los campos, los montes, y hasta los malvados que hacen un infierno del cielo que hay en la tierra, guardan sus instintos. Se marcha el Niño desconsolado, no sin antes derramar una sangre blanca que Saramago llama lágrimas. Gloria a Dios en las alturas y en la tierra... lo que sigue, languidece.