Evangelio y la política criolla
E n la comunidad, unos de los temas de debate que ha cobrado vigencia en los sectores políticos ha sido la decisión de algunos miembros y pastores evangélicos de participar en el torneo electoral del 2004, decisión avalada por el departamento de asesoría legal del Tribunal Electoral que señala que "no hay impedimento alguno para que los ministros y líderes religiosos se postulen a cargos de elección popular".
Para algunas personas, los términos evangelio y política son como los elementos del agua y el aceite, difícil de mezclar. El concepto evangelio significa la comunicación de buenas noticias y la política es el arte de gobernar a los pueblos. El evangelio no devalúa la práctica de la política; a la inversa, la califica con un alto puntaje.
Desde el Vaticano II, la Iglesia católica ha hablado alto y claro sobre el tema de la participación de las cristianas y cristianos en la vida política de nuestros pueblos.
En la conferencia de Medellín, los obispos latinoamericanos dijeron: "la política es un campo de misión de la Iglesia en general y que la evangelización debe incluir la dimensión política, así como la social, la profesionales, la familiar o personal porque el pecado y el déficit de la ética habitan allí".
El sacerdote Conrado Sanjur destaca que la participación de hombres de Iglesia en la vida política nacional, no es nada nuevo.
El padre Néstor Jaén opina que la religión y la política deben dialogar, "la religión predica la justicia, la paz social, la igualdad, la fraternidad lo que debería realizar la política a través de las leyes".
A nuestro país llegó de visita un alto prelado, oriundo de Honduras, a dictar cátedra a los políticos panameños sobre ética y política, donde manifestó que "la honradez es la mejor política, que la práctica de la política no es para los corruptos, que hay que desatanizar el poder, que donde falta la verdad es sustituida por la mentira", y es con esta mentira manipulada y el uso de la mala fe que pretende llegar al poder en el 2004 un sector de políticos maquiavélicos, con acceso expedito a los medios de comunicación, con intención de confundir a la opinión pública con planteamientos que rayan en lo irreverente cuestionando las acciones del Arzobispo Metropolitano y la postura de la Conferencia Episcopal Panameña, tendiente a adecentar a la clase política reinante.
Hoy se escucha el clamor del pueblo evangélico que puso su cuota de trabajo y sacrificio en el desarrollo de la nación, que desea un mejor país para todo los ciudadanos, que su adversario es el hambre, el desempleo, la corrupción, la discriminación, la injusticia social, la delincuencia, entre otros.
Este pueblo no busca protagonismo en la política criolla, busca un espacio, a alguien con capacidad, con educación política y cultura evangélica que dignamente lo represente en los órganos de decisiones del gobierno.
El país gana, la democracia se enriquece y el pueblo en bendecido con la participación de hombre y mujeres de Dios en los puestos de elección popular durante los comicios de mayo del 2004.
Para algunas personas, los términos evangelio y política son como los elementos del agua y el aceite, difícil de mezclar. El concepto evangelio significa la comunicación de buenas noticias y la política es el arte de gobernar a los pueblos. El evangelio no devalúa la práctica de la política; a la inversa, la califica con un alto puntaje.
Desde el Vaticano II, la Iglesia católica ha hablado alto y claro sobre el tema de la participación de las cristianas y cristianos en la vida política de nuestros pueblos.
En la conferencia de Medellín, los obispos latinoamericanos dijeron: "la política es un campo de misión de la Iglesia en general y que la evangelización debe incluir la dimensión política, así como la social, la profesionales, la familiar o personal porque el pecado y el déficit de la ética habitan allí".
El sacerdote Conrado Sanjur destaca que la participación de hombres de Iglesia en la vida política nacional, no es nada nuevo.
El padre Néstor Jaén opina que la religión y la política deben dialogar, "la religión predica la justicia, la paz social, la igualdad, la fraternidad lo que debería realizar la política a través de las leyes".
A nuestro país llegó de visita un alto prelado, oriundo de Honduras, a dictar cátedra a los políticos panameños sobre ética y política, donde manifestó que "la honradez es la mejor política, que la práctica de la política no es para los corruptos, que hay que desatanizar el poder, que donde falta la verdad es sustituida por la mentira", y es con esta mentira manipulada y el uso de la mala fe que pretende llegar al poder en el 2004 un sector de políticos maquiavélicos, con acceso expedito a los medios de comunicación, con intención de confundir a la opinión pública con planteamientos que rayan en lo irreverente cuestionando las acciones del Arzobispo Metropolitano y la postura de la Conferencia Episcopal Panameña, tendiente a adecentar a la clase política reinante.
Hoy se escucha el clamor del pueblo evangélico que puso su cuota de trabajo y sacrificio en el desarrollo de la nación, que desea un mejor país para todo los ciudadanos, que su adversario es el hambre, el desempleo, la corrupción, la discriminación, la injusticia social, la delincuencia, entre otros.
Este pueblo no busca protagonismo en la política criolla, busca un espacio, a alguien con capacidad, con educación política y cultura evangélica que dignamente lo represente en los órganos de decisiones del gobierno.
El país gana, la democracia se enriquece y el pueblo en bendecido con la participación de hombre y mujeres de Dios en los puestos de elección popular durante los comicios de mayo del 2004.