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Evasión de cárceles


En varias ocasiones hemos tenido la noticia de que algunos prisioneros en nuestras cárceles logran su libertad mediante la evasión. Aunque en algunos casos ellas se han efectuado mediante limaduras de alambres o barrotes o el cavado de túneles, siempre hemos sospechado, y la realidad así lo demuestra, que no es tan fácil fugarse de una prisión si no se cuenta con la complicidad de los propios custodios.
La razón de ello, especialmente en los casos de prisioneros por narcotráfico, estriba en que los que se dedican al negocio de las drogas, disponen de cuantiosísimas sumas de dinero. Con ellas no es difícil persuadir a un simple o más empleados de un penal a los que se les puede ofrecer el equivalente a varios años de sus respectivos sueldos, para que faciliten la fuga. Pero como a grandes males se puede ofrecer grandes remedios, nos permitimos sugerir a nuestras autoridades legislar al respecto. Podría establecerse que en los casos de evasiones, independientemente del tipo de cooperación de aquellos que resulten implicados, a cada uno de ellos se les aplicara el resto de la pena que le faltaba por cumplir al evadido, más cinco años. Salvo mejor apreciación, consideramos que ya no sería tan fácil comprar conciencias. Consideramos también que en los momentos actuales podría ponerse en vigencia lo sugerido: ello es así puesto que hace ya algún tiempo que no se producen nuevas evasiones. Siempre tras ellas hay una tregua, mientras pasa la situación caliente que causó la última que se produjo. Por ello, en la hora actual existe el peligro de que se esté negociando alguna y, si no, es de esperar que no demore.

101 años de Panamá América

 
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