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Evocaciones históricas


Ante el deterioro institucional y la progresiva erosión de la moral pública hay que hacer nuevos esfuerzos para preservar nuestra identidad nacional. Hay que realzar la dignidad del país imprimiéndole vigencia al pensamiento y al ejemplo de los grandes hombres y de los grandes hechos de nuestra historia. En esta línea de pensamiento, debemos recordar que Don Justo Arosemena se formulaba estas preguntas: "¿Hasta dónde debe avanzar el poder público? ¿Qué intervención le daremos en nuestros negocios? ¿Qué apoyo a sus manifestaciones?" En la búsqueda de respuestas -aducía Don Justo- que tocamos dificultades creadas por el lenguaje, más bien que inseparables de la naturaleza de las cosas. Y a continuación agregaba: "Unos querrían que a la seguridad se sacrificase todo, aún la libertad misma. Otros proclaman la libertad como la fuente de todo bien, y como el único objeto que merezca nuestros cuidados, aún a costa de la seguridad."
Sus consideraciones sobre la libertad y la seguridad no han perdido relevancia. "La libertad, en política, -decía Don Justo- no es sino la seguridad de ejercer esas facultades contra toda restricción abusiva. La libertad y la seguridad no encierran, pues ningún antagonismo: son ideas complementarias una de otra." Y al respecto se preguntaba: "¿Cómo puede haber seguridad sin libertad? ¿Ni qué es la libertad sin la seguridad?"
El párrafo que a continuación transcribimos es muestra elocuente de su pensamiento aleccionador: "Definida la acción del gobierno, limitada a obrar sobre la conducta notoriamente perjudicial, su marcha dentro de esos límites debe ser regular, constante e infalible. Es un error pensar que la eficacia de un gobierno depende de su fuerza visible y material. Esa eficacia no proviene sino de la fijeza en sus operaciones, de la regularidad en su marcha, del aplomo en su conducta: y no hay fijeza, regularidad ni aplomo, sino cuando el gobierno se halla cimentado en la opinión, y los administradores públicos llegan a comprender toda la importancia de sus deberes. Moralidad y popularidad en los mandatarios: he aquí todo el secreto de los gobiernos realmente fuertes. Porque un gobierno es fuerte, cuando es eficaz, aunque su límite de acción sea reducido. Quitad esa aceptación a la palabra, y un gobierno fuerte no es otra cosa que el despotismo: la voluntad y el interés de unos pocos, sobrepuestos al interés y a la voluntad de todos."
Estas consideraciones llevaron a Don Justo a aseverar que si el Estado de Panamá sabe aprovechar sus ventajosas condiciones y organiza la república verdadera; si esa organización corresponde en sus efectos a las esperanzas que la ciencia promete; si nuestra marcha sólida y próspera destruye con la elocuencia de los hechos las objeciones que frecuentemente se han opuesto... tenemos libertad, precisamente porque carecemos de libertadores. Nadie es aquí superior a su vecino, por títulos que no consistan en su mérito personal. Somos hermanos, ligados por los vínculos de la filosofía nacida en Nazaret; y ni oro ni cuna, ni religión ni hazañas, son elementos de poder, que contrarresten o coarten el único elemento legítimo de poder: la voluntad del pueblo.
"Una organización semejante -sostenía Don Justo- da cabal idea del régimen que en las sociedades políticas se llama república. Muchas otras formas han usurpado esa denominación; pero no hay ni puede haber república sin igualdad; no hay ni puede haber república, en donde imperan influencias extrañas a la voluntad y al interés del pueblo, que es la comunidad misma."
"He aquí nuestra misión", proclama el autor de El Estado Federal de Panamá. Su pensamiento lo compendiaba así: "He aquí los puntos luminosos del cuadro que se nos abre para el porvenir, y cuyo primer término es la aparición del Estado de Panamá. Cumple sólo a nosotros acreditar la institución, cuyo cuidado y desarrollo se nos encarga. Para ello unamos cordial y decididamente nuestras voluntades, nuestras luces, nuestros recursos de todo linaje. Trabajemos infatigables en la obra común, en la obra istmeña... Beneficiemos hoy a unos cuantos miles de hombres, para beneficiar más tarde a muchos millones. Bien conocéis la fuerza de expansión que encierran las grandes ideas. Bien sabéis que no se hace la dicha de un solo hombre, sin iniciar la del género humano. Bella y gloriosa misión la del Estado de Panamá. ¿La llenaremos? Una sola voz me parece que sale de todos los pechos generosos que habitan este magnífico suelo tropical; una voz que me dice- "sí, la llenaremos"." (Fragmentos del Discurso del Dr. Justo Arosemena, al asumir la jefatura del Estado Federal de Panamá - Gaceta del Estado, Panamá, No.1. de 20 de julio de 1855).
En su ensayo sobre la Conservación del Idioma, factor de sostenimiento de la independencia nacional, nuestro preclaro humanista el Dr. José de la Cruz Herrera, al igual que el autor de El Estado Federal de Panamá, reafirma nuestra identidad nacional al defender con empeño el cultivo y conservación de nuestra lengua materna, en los párrafos que seguidamente reproducimos.
"Cuando después de los rencores mutuos volvimos a la amistad franca y sincera con la madre patria, instintivamente aparecieron un enjambre de literatos que, enriqueciendo la literatura hispana con sus producciones de primer orden, nos dieron el ejemplo que solícitos y agradecidos debemos seguir a todo trance.
"De tres maneras principales podemos dar cumplimiento a estos ideales: 1º Cultivando con devoción y divulgando con entusiasmo los estudios gramaticales; 2º Aplicándonos a la amena literatura; y 3º Observando en nuestras relaciones diarias, orales o escritas, la pureza de la lengua.
"Con relación al primer punto, es oportuno transcribir aquí las palabras de Amicis: "Estoy convencido de que es impropio el afirmar que haya verdadera cultura en una nación donde los estudios filológicos no se hayan desarrollado. Pero no entiendo que este desarrollo deba consistir en el prurito de leer mal y traducir peor algunas lenguas extranjeras, sino que se ha de fundar en estudios serios lingüísticos, ora de la filosofía de la lengua, ora de simple conocimiento de la misma, pero profunda y claramente poseída, literaria y gramaticalmente estudiada. En vez de fatigarse tanto y tantas horas para grabar en el cerebro miles de raíces, centenares de frases exóticas, cuánto mejor fuera que los jóvenes se consagrasen al estudio constante y cariñoso de su propia lengua".
"De todo esto tenemos ejemplo en los escritores de los siglos de oro, quienes ... demostraban la independencia absoluta de su raza y la conciencia de su valer. Hoy no suceden así las cosas, y contra ello debemos empeñar lucha encarnizada si no queremos ver desaparecer nuestra personalidad intelectual así como nuestro ser político: nuestro vocabulario anda adulterado en gran manera con mezcla de palabras exóticas, no sólo de forma grotesca para nuestros oídos castellanos, sino, lo que es aún peor, innecesarias; y nuestra sintaxis acusa también una contaminación perjudicial.
"Tanto más alarmante es lo anteriormente dicho, cuanto la servidumbre comercial e industrial nos impone pesadas cargas, si por un lado contra nuestra prosperidad económica, también en cuanto a la pronta nominación de objetos y la expresión de relaciones nuevas, donde la falta de conocimiento concienzudo de nuestro medio de expresión nos hace adulterarlo más y más, y llevarlo a muy avanzado estado de degeneración.
"El cultivo de la amena literatura como medio de conservar la pureza de la lengua, y con ella un baluarte de nuestra independencia, requiere que la literatura sea nacional, ya se entienda esta palabra en el sentido restringido de la nación política, ya en el más amplio de regiones separadas políticamente, donde un mismo idioma impera con su séquito natural de idénticos usos y costumbres. No hay para qué insistir sobre este punto, pues no es sino una aplicación de principios estudiados anteriormente, sobre la íntima unión de la naturaleza y la lengua por la manera especial de impresionar aquella nuestras facultades interiores."
Señala que ya sea por denuncias de vecinos, llamadas anónimas o denuncias personales, se llena un formulario que lleva el nombre de la persona afectada, sus datos generales y las personas que puedan dar referencia.
Un trabajador social de turno toma el caso y programa la visita domiciliaria. Cada caso tiene un informe social, evaluaciones psicológicas, si lo amerita; información de la persona afectada, de los miembros de la familia, de los vecinos y de quienes sean necesarios para establecer una evaluación social por parte del ministerio, aseguró.
Cuando la evaluación está completa, con las sugerencias y recomendaciones del ministerio, se remite al fiscal de los juzgados de Familia. "Cuando vemos que es un padre que se ha dedicado a sus hijos, los ha educado y después los hijos dicen: ´yo no puedo porque ya me casé´ y no se hacen responsables, allí en las sugerencias somos severos y solicitamos que se establezca una pensión", asegura la Dra. Sucre.
La Dra. Sucre explica que la mayoría de los que acuden a pedir ayuda, no tiene jubilación ni plan de seguridad social. Los adultos mayores jubilados denuncian algún tipo de violencia o expropiación de bienes.
También sucede que hay hijos que, al igual que sus padres, no tienen ningún tipo de ingreso. "Esto es complejo. Cada caso tiene su propia naturaleza. No te puedo decir que hay una receta de cocina, dependiendo de la evaluación, así es el plan de acción", aseguró
Como estos procesos legales muchas veces se extienden, el Ministerio de la Juventud tiene varios programas para atender a esta población. Menciona la Dra. Sucre que los hay para resolver la necesidad alimenticia, de vivienda, medicamentos u de otra índole.
Los comedores San Vicente de Paúl y Luz y Vida, garantizan el desayuno y almuerzo de los adultos mayores. Con el subsidio que les da el Ministerio de la Juventud los comedores deben referirles un 30% de los cupos.
"Si la persona no tiene a nadie, o si el nivel de pobreza no se los permite, los ingresamos al Hogar Bolívar, subsidiado por el Ministerio, y es el que nos está dando la mayor cantidad de cupos", explicó. Allí le garantizan alojamiento, atención médica, comida, así como programas socio recreativos y deportivos, que incluyen natación, fisioterapia acuática, terapia ocupacional, juegos de cartas y de mesa. Esta es una labor coordinada entre el ministerio, el Instituto Nacional de Deporte (INDE) y el Hogar Bolívar.
Hay casos de señores que se les ha ingresado por bajo peso y a los meses se les ve muy recuperados porque tienen la atención, pero hay otros en los que el estado de abandono y maltrato es tan extremo, que se les interna en un hospital y una vez recuperados se les ingresa en el Hogar Bolívar.
Uno de esos casos es el de la señora Marta, a quien dejaban 36 horas sin comer. Aquí al ministerio han llegado personas acompañando a un abuelito y lo abandonan. Los dejan sentados con la excusa de que van al baño y se esfuman. Ha ocurrido que a las cuatro de la tarde han encontrado abuelos en las sillas de espera y ellos no saben quiénes son, ni siquiera dónde están, afirma la Dra. Sucre.
"A esa hora tenemos que llamar a las monjitas. Son cosas muy duras. Tienes que poner ese abuelo en los hogares", exclamó. En los pasillos de la institución ha visto caminar con dificultad a abuelitos en busca de ayuda. Cuenta el caso de un señor que salió de su hogar porque ya no soportaba el trato. Su hija se burlaba de él y le decía "que quién le iba hacer caso a un viejo loco".
El señor, con una pierna amputada, contaba que no le daban comida. Con insistencia decía que ya no podía regresar a esa casa. El trabajador social fue con él a su casa y el señor firmó una nota, recogió sus pertenencias y hoy está en un hogar, recuperado y feliz.
Una llamada telefónica alertó sobre la situación de maltrato de una señora. Las descripciones de lo que le hacían a la abuelita requirió de la intervención de un corregidor. Este era un caso que no podía esperar, afirma Sucre.
Se buscó una orden del corregidor para abrir la casa porque la señora estaba encerrada y hubo que allanar la vivienda. Cuando la sacaron, sin conocer al funcionario, dijo: "Yo me voy con usted". Las pertenencias cabían en una pequeña bolsa; no tenía zapatos. La evaluación médica reveló que padecía tuberculosis e insuficiencia cardiaca. Era Marta, una mujer alta, pero su peso promediaba las 90 libras, inferior a su talla, comenta la Dra. Sucre.
Estuvo hospitalizada y ahora está en el Hogar Bolívar. "¡Gracias a Dios! que se le pudo ayudar porque difícilmente, en esas condiciones, hubiera soportado más tiempo", exclamó. Cuando llegó el funcionario la señora dijo: "usted es un ángel que Dios me lo mandó de tanto yo rezar".
La doctora hace un alto en medio del relato. Frente a su escritorio, tiene unos archivadores. En uno de ellos está la imagen de Cristo Jesús. Su mirada cada vez que recordaba estas historias se dirigía hacia ese rincón. En señal de que las acciones de muchos hijos son inconcebibles, coloca sus manos sobre su frente, seguidas de un gesto desaprobador viendo al Cristo.
"Por eso lo tengo allí. Yo lo miro y le digo: ¿por qué pasan estas cosas?, no lo entiendo". Como la acción produciría una reacción, al día siguiente el hijo de la señora llegó a su despacho y le preguntó que ¿quién le iba a pagar su cerradura? "Nunca me preguntó por su madre, sino quién le iba a pagar su cerradura", afirmó desconcertada.
La acusaron de haberles violado sus derechos cuando ellos son los que han violado la integridad de la señora. "Ustedes son unos delincuentes", les respondió la doctora esa mañana en su despacho. La esposa del señor le dio las gracias a ella y al ministerio porque le habían quitado una carga, iba a tener bienestar porque la señora era un estorbo.
Los vecinos denunciaron la situación porque un día la señora se escapó y el hijo la fue a buscar en su auto. La llevó amarrada en plena lluvia, él en el auto y la señora amarrada. Según los vecinos, la bañaban desnuda, amarrada en el patio. Ahora está feliz y recuperada... Le afecta escuchar el nombre de su hijo.
La situación del adulto mayor "es difícil, es compleja", no sólo por la pobreza, sino por la falta de valores familiares, del respeto a los padres y a los abuelos. Se necesita una campaña de valores. Es un problema complejo, recalcó la fuente.
"Creo que es la crisis de valores que está viviendo la sociedad", porque hay hijos que pueden y no ayudan a sus padres; en cambio hay hogares pobres que son modelo y vienen aquí a solicitar algún tipo de ayuda que ellos no pueden suplir, afirmó.
Entre esas peticiones están leche, silla de ruedas, medicamentos, camas, pañales desechables, entre otros. También se reciben denuncias de maltrato de parte de uno de los hermanos que acusa al otro de maltratar a sus padres. En esta situación se investiga y se comprueba la denuncia.
La mayoría de las veces, el denunciante no quiere hacerse cargo de sus padres. La doctora Sucre considera que el presupuesto asignado es muy pobre para los problemas que se atienden, y aunque tratan de divulgar más los servicios que prestan para beneficio de los adultos mayores, se tropiezan con la carencia de fondos para ello.

101 años de Panamá América

 
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