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Exabrupto


El daño no se le ha hecho aún a Panamá. El daño se lo ha hecho el señor embajador Robert Portman a su propio país.
La carta que él redactó, dirigida a su propia persona y que la envió a tres ministros panameños para que la firmaran, le dará la vuelta al mundo.
Es difícil que en la historia de las relaciones internacionales se registre un caso tan cínico y repugnante. Ella motivó la renuncia de nuestro ministro de Desarrollo Agropecuario, quien era uno de los que tendrían que firmarla, y quizás no sea el único en renunciar entre los miembros del Gabinete.
En la mencionada carta, en el fondo se le proponía a Panamá aceptar el riesgo de enfermedades o de muerte de sus propios ciudadanos y que nuestro país cavara su propia sepultura, tanto moral como físicamente.
Nos imaginamos que en los propios Estados Unidos de América la prensa censurará acremente lo acontecido. Creemos también que en las próximas elecciones norteamericanas le bastará al partido demócrata para ganarlas, hacer referencia al ataque a Irak durante el gobierno del partido republicano y al denigrante documento que el señor Portman tuvo la osadía de enviar a tres ministros panameños, para que la firmaran y se la devolvieran.

101 años de Panamá América

 
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