Exabruptos en el Canal de Panamá
Una exhortación a la serenidad y a la mesura se plantea como una condición indispensable para ventilar la divergencia entre los pilotos del Canal y la administración. No resulta pertinente invocar el Tratado de Neutralidad para que dentro de su marco legal se dilucide un problema estrictamente laboral y técnico como las condiciones de trabajo de los pilotos. Pero tampoco se justifica que las autoridades los acuse públicamente de antipatriotas, lo que trae malos recuerdos y que tendrá al mundo como caja de resonancia.
Es cierto que el trabajo de los pilotos y prácticos concierne específicamente al cautelamiento de la seguridad en el transporte de las naves que cruzan el Canal. Por consiguiente, no debieran aplicarse condiciones laborales que pongan en riesgo la seguridad naviera, ya se trate de idoneidad, número de pilotos en servicio y reserva para casos de emergencia, y horario de trabajo y de descanso. Cualquier modificación del régimen laboral, ya sea por razones de ahorros injustificados de costos o por motivos políticos, conlleva riesgos que innegablemente perjudicarían la imagen internacional, de garantía y eficiencia. Por lo pronto las denuncias de los pilotos en el extranjero revelan que han considerado necesario el apoyo internacional dado que la administración canalera no es permeable a sus demandas. Sin embargo, los desacuerdos debieron ventilarse en la esfera local, precisamente para evitar notas de incertidumbre en vísperas de asumir el control pleno del manejo de la vía acuática.
La administración canalera debe esforzarse en evitar que los reclamos de los pilotos continúen repercutiendo en el exterior, en circunstancias especialmente estratégicas para Panamá. Un asunto tan sensible no se resuelve empleando una desacreditada retórica política que divida a los panameños entre patriotas y antipatriotas, ni despidiendo a los reclamantes, como se hizo con los controladores del aeropuerto de Tocumen, ni insistiendo en la defensa de privilegios laborales absurda. Un problema de esta magnitud sólo se resolverá, poniendo por delante los principios de responsabilidad administrativa, eficiencia y garantía técnica. En el umbral de la panameñización del Canal debemos tener presente que el mundo nos está observando atentamente y que, por lo tanto, cada palabra que expresemos, cada decisión que adoptemos, debe ser sopesada reflexiva y responsablemente.
Es cierto que el trabajo de los pilotos y prácticos concierne específicamente al cautelamiento de la seguridad en el transporte de las naves que cruzan el Canal. Por consiguiente, no debieran aplicarse condiciones laborales que pongan en riesgo la seguridad naviera, ya se trate de idoneidad, número de pilotos en servicio y reserva para casos de emergencia, y horario de trabajo y de descanso. Cualquier modificación del régimen laboral, ya sea por razones de ahorros injustificados de costos o por motivos políticos, conlleva riesgos que innegablemente perjudicarían la imagen internacional, de garantía y eficiencia. Por lo pronto las denuncias de los pilotos en el extranjero revelan que han considerado necesario el apoyo internacional dado que la administración canalera no es permeable a sus demandas. Sin embargo, los desacuerdos debieron ventilarse en la esfera local, precisamente para evitar notas de incertidumbre en vísperas de asumir el control pleno del manejo de la vía acuática.
La administración canalera debe esforzarse en evitar que los reclamos de los pilotos continúen repercutiendo en el exterior, en circunstancias especialmente estratégicas para Panamá. Un asunto tan sensible no se resuelve empleando una desacreditada retórica política que divida a los panameños entre patriotas y antipatriotas, ni despidiendo a los reclamantes, como se hizo con los controladores del aeropuerto de Tocumen, ni insistiendo en la defensa de privilegios laborales absurda. Un problema de esta magnitud sólo se resolverá, poniendo por delante los principios de responsabilidad administrativa, eficiencia y garantía técnica. En el umbral de la panameñización del Canal debemos tener presente que el mundo nos está observando atentamente y que, por lo tanto, cada palabra que expresemos, cada decisión que adoptemos, debe ser sopesada reflexiva y responsablemente.